El cólera y el tratamiento del agua

Recientemente la Secretaría de Salud dio la voz de alerta por el brote de cólera con la consecuente infección en decenas de personas. El cólera fue descubierto y descrito por el médico italiano Filippo Pacini en el año 1854. La infección generalmente es benigna o asintomática, pero, a veces, puede ser grave. Aproximadamente una de cada 20 personas infectadas puede tener la enfermedad en estado grave, caracterizada por diarrea acuosa profusa, vómitos y entumecimiento de las piernas. La pérdida rápida de líquidos corporales lleva a la deshidratación y a la postración. Sin tratamiento adecuado, puede ocurrir la muerte en cuestión de algunas horas.

El cólera es producido por la bacteria Vibrio cholerae. Los tipos infecciosos son los serotipos O1 y O139. Una persona puede adquirir cólera bebiendo líquido o comiendo alimentos contaminados con la bacteria del cólera. La fuente de contaminación son generalmente las heces de una persona infectada. La enfermedad puede diseminarse rápidamente en áreas con tratamientos inadecuados de agua potable y aguas residuales.

En el proceso de romper la secuencia de portador–heces–agua–víctima responsable de la difusión de enfermedades transmisibles por el agua, se combinan dos sistemas críticos. El primero es la recogida de las aguas, su tratamiento y sistema de distribución, el cual provee de agua potable segura. La segunda es la recogida de las aguas residuales y su sistema de tratamiento que separa los contaminantes antes de verterlas de nuevo al río, lago, estuario o costa. Con un incremento de población y una progresiva escasez de agua, los vertidos de los sistemas de aguas residuales se están relacionando cada vez más  estrechamente con las fuentes de agua destinadas al sistema de agua potable1. La finalidad de estos dos sistemas es la de eliminar los patógenos antes y después del uso del agua.


En México2, a escala nacional se establecen dos mecanismos para garantizar que la calidad del agua que llega a la población sea óptima, es decir, que no represente ningún riesgo para la salud. El primero de éstos es la potabilización, la cual se realiza a través de las distintas plantas potabilizadoras distribuidas a lo largo del país. El agua denominada como subterránea “no requiere”3 potabilización, es por ello que encontramos que solamente un porcentaje mínimo del agua suministrada es potabilizada. Para 2002, del total del agua suministrada sólo se potabilizó 25.99 porciento ya que de los 315 metros cúbicos por segundo suministrados, según estimaciones de la Comisión Nacional del Agua (CNA), 206 metros cúbicos provienen de aguas subterráneas. De esta manera, del total del agua que necesita potabilización, que equivale a 109 metros cúbicos, sólo se potabilizó 75 por ciento. 25 por ciento del agua que no recibe ningún tipo de tratamiento es desinfectada con cloro. El principal suministro de agua en Puebla proviene de sistemas subterráneos. Si a esto añadimos que la calidad del agua es deficiente, no es difícil comprender por qué en Puebla hace necesario comprar agua purificada para el consumo humano.

La NOM–179–SSA1–1998, Vigilancia y Evaluación del Control de Calidad del Agua para Uso y Consumo Humano, Distribuida por Sistemas de Abastecimiento Público4, establece los criterios para garantizar la salud pública. El control sobre la calidad del agua intenta garantizar que el consumidor no ingiera compuestos inorgánicos como el cadmio, el plomo, el mercurio, nitritos, nitratos, entre otros los cuales pueden causar enfermedades graves a la población. Entre otros controles se encuentran el de los contaminantes microbianos, los cuales se miden por niveles de coliformes. La radioactividad en el suministro de agua potable es otra categoría de contaminantes que está regulada por este grupo de normas oficiales.

Las aguas subterráneas contienen muchas menos partículas y patógenos que las aguas superficiales, es por esto que generalmente sólo son tratadas por un simple proceso de desinfección. Aunque el cloro libre es sumamente efectivo contra las bacterias, su eficacia es menor cuando se trata con oocitos de protozoos, especialmente los Giardia lambia y Cristosporidium, y con los virus. La desinfección debería ser sólo una parte del proceso de potabilización que debe incluir un tratamiento más completo incluyendo la floculación o coagulación, sedimentación y la filtración a fin de cumplir con los estándares microbiológicos que marcan las normas oficiales. La floculación es un proceso mediante el cual, con la adición de sustancias se aglutinan las partículas coloidales presentes en el agua, facilitando de esta forma su decantación y posterior filtrado, además, sirve para controlar el pH del agua.

Actualmente, los estándares de control químico se han ampliado en la mayoría de los países desarrollados y se supervisan los compuestos orgánicos sintéticos, los cuales son utilizados en la fabricación de una amplia variedad de productos agrícolas e industriales. Esto incluye principalmente los insecticidas y los herbicidas. También, existe un fuerte control sobre los compuestos orgánicos volátiles, los cuales son sustancias químicas sintéticas que se vaporizan a temperatura ambiente. Éstos incluyen agentes desengrasantes, disolventes para pinturas, pegamentos, tintes y algunos pesticidas.

Los estándares de control internacional sobre el agua también se han ampliado, esta ampliación incluye los subproductos desinfectantes, los cuales son los compuestos que se forman cuando un desinfectante reacciona con sustancias presentes en el agua y forman un producto tóxico. Por ejemplo, el método de desinfección más utilizado es la desinfección con cloro libre porque resulta barato, fiable y fácil de usar. Cuando el cloro libre se combina con sustancias orgánicas naturales, como vegetación en descomposición, se forman subproductos cancerígenos como el cloroformo (CHCL3), el trihalometano (THM) y ácidos haloacéticos (AHA). Esto ha creado un dilema, puesto que el hecho de añadir un desinfectante como el cloro es claramente beneficioso para la inactivación de microbios patógenos que causan la mayoría de las enfermedades transmisibles por el agua pero sus subproductos puede provocar cáncer5.

El presumir que la mera desinfección de las aguas subterráneas es suficiente para garantizar que la calidad del agua que llega a la población sea óptima, es desconocer los niveles de contaminación en que están incurriendo los acuíferos y manantiales. Además, es ignorar el riesgo de cáncer que generan los subproductos de la desinfección. El agua es un recurso necesario para la preservación de la vida, ésta no debe ser la vía de transmisión para enfermedades como el cáncer y mucho menos bacterianas.

 

1Gilbert M. Master, Wendell P. Ela, Introducción a la Ingeniería Medioambiental, 2008, tercera ed. Pearson, Prentice Hall, Madrid.

2Constantino Toto R., Agua, Seguridad nacional y Riesgo para el diseño de las políticas públicas, 2006, co–editado por el Senado de la República, Universidad Autónoma Metropolitana y IILSEN, México p 128203.

3Comillas añadidas por el autor del artículo.

4NOM–127–SSA1–1994– NOM–012–SSA1–1993– NOM–013–SSA1–1993– NOM–014–SSA1–1993–.

5Ibid (Gilbert) p 313.

 

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