El aprendizaje se adquiere por la experiencia

A menos que ocurra una enfermedad o una mutación genética antes o durante el embarazo el ser humano nace con la estructura cerebral capaz de desarrollar su potencial cognitivo, así como de comprender el habla y de mantener un reconocimiento visual invariante. La arquitectura cerebral obedece a fuertes restricciones genéticas, donde ciertos circuitos han evolucionado para tolerar un margen de variabilidad. Por lo que las estructuras de nuestro cerebro están fuertemente constreñidas y sólo un pequeño elemento de plasticidad permite adaptarnos a las representaciones culturales que nos rodean.

El aprendizaje dependerá de ese grado de plasticidad cerebral que permitirá guardar la variabilidad en la memoria. La memoria se produce cuando ocurre un cambio en la función de la sinapsis (unión entre dos neuronas), fortaleciéndola o debilitando las conexiones preexistentes. La consolidación de ésta se lleva a cabo  a través de las alteraciones funcionales producto de los cambios anatómicos. Este tipo de memoria, llamada memoria a largo plazo, persistirá mientras los cambios anatómicos se mantengan. Tanto en la memoria a corto plazo como en la memoria a largo plazo, el número de alteraciones en las conexiones sinápticas pueden ser lo suficientemente grandes como para reconfigurar un circuito neural. Podríamos decir, pues, que la memoria a corto plazo ocurre cuando se dan cambios en las sinapsis del circuito neural relevante, y la memoria a largo plazo se produce como consecuencia de los cambios estructúrales que perpetúa los cambios funcionales, lo que hace que la información retenida en las sinapsis neuronales se consolide. Por consiguiente, al producir cambios estructurales profundos, el aprendizaje puede hacer que una sinapsis que está activa se inactive o una sinapsis que se encuentra inactiva se active. El aprendizaje, pues, deriva del fortalecimiento de las sinapsis1.

Por ejemplo, el aprendizaje de una habilidad requiere esfuerzo voluntario en un primer momento, pero la práctica conduciría progresivamente hacia su automatización por medio del desarrollo de patrones de movimientos cada vez más complejos que se realizan inconscientemente y sin esfuerzo. En este sentido, cualquiera que haya adquirido la habilidad de escribir a máquina podrá recordar que al principio necesitaba poner atención para poder poner los dedos correctamente en las teclas de la máquina, pero con la práctica la actividad se hizo fácil y sin esfuerzo.


La atención, el ensayo, la repetición y la práctica son operaciones que trabajan sinérgicamente en la formación o en el fortalecimiento de sinapsis que conforman las redes de memoria de la corteza cerebral. La consolidación de la memoria consiste esencialmente en la modulación sináptica que se encuentra bajo la asistencia de estas operaciones cognitivas. Dentro del campo cognitivo se conoce este proceso como codificación de la memoria. Esto deja en evidencia cómo el aprendizaje y la memoria son procesos correlacionados. Desde el punto de vista procedimental, no se consigue separar el aprendizaje de la memoria, ni resulta posible realizar dicha distinción dentro del circuito neuronal.

El aprendizaje procedimental se obtiene mediante la repetición sistemática de una actividad compleja hasta que se adquiere la capacidad de ejecutar la tarea de forma automática. Este aprendizaje se le identifica con “saber hacer o cómo hacer”. A la memoria que participa en el recuerdo de las habilidades motoras y ejecutivas necesarias para realizar una tarea se le conoce como memoria procedimental y suele funcionar a nivel inconsciente. Podemos comprender más fácil el aprendizaje al relacionarlo con el conocimiento. Por lo que comúnmente se entiende que el aprendizaje es ante todo un proceso de adquisición de originado por la experiencia. Pero, para que sea aprendizaje, el cambio que produce la adquisición de conocimiento debe ser más o menos permanente; si no hay permanencia, no hay aprendizaje y la permanencia implica memoria.

Aprender significa producir una referencia básica a través de los patrones neuronales construidos e incorporados a lo largo de las diversas etapas comprendidas en la vida2. Al igual que en el aprendizaje, la diferencia entre conocimiento y memoria es uno muy sutil. El doctor Fuster explica que, fenomenológicamente, conocimiento es la memoria de hechos y la relación entre estos hechos, los cuales al igual que la memoria se adquieren a través de la experiencia. Una distinción entre la memoria autobiográfica y el conocimiento reside simplemente en la presencia o ausencia de una limitación temporal, el contenido de la memoria tiene esta limitación mientras que el conocimiento no. La memoria nueva tiene fecha y se somete a un proceso de consolidación antes de ser almacenada permanentemente o convertirse en conocimiento. El conocimiento establecido es sin tiempo, aunque su adquisición y contenido pueda ser fechado. El conocimiento, para ser utilizado posteriormente, se ha de almacenar en el sistema cognitivo, donde sus cinco funciones (percepción, memoria, atención, inteligencia y lenguaje) comparten el mismo sustrato celular así como sus conexiones neuronales.

La plasticidad cerebral es permanente durante toda la vida; además, evidencia que tanto la reorganización estructural del cerebro como los cambios funcionales en la actividad cerebral debido al aprendizaje es una característica de la flexibilidad del cerebro para adaptarse a los cambios ambientales. Actualmente se reconoce que las experiencias nuevas, de estímulos debido a cambios ambientales, y el aprendizaje de habilidades son moduladoras de las funciones cerebrales. Por lo que, no hay duda de que la estructura cerebral puede ser modificada por factores ambientales, como lo es el entrenamiento3.

 

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1Eric R. Kandel, In Search of Memory, (2006), New York, W.W. Norton & Company

2 Martel G, Millard A, Jaffard R, Guillou JL. (2006), Stimulation of hipocampal adenylyl cyclase activity dissociates memory consolidation processes for response and place learning. Learn Mem; 13: 342–8.

3 Draganski B, Gaser C, Busch V, Schuierer G, Bogdahn U, May A (2004) Neuroplasticity: changes in grey matter induced by training. Nature 427:311–312