El acervo del Museo Bello, ejemplo del coleccionismo de una época, señala experta

¿Qué factores determinaron que José Luis y Mariano Bello coleccionaran ciertos objetos, lo mismo piezas y réplicas de arte que elementos de la cultura tecnológica y artesanal de su época?, ¿qué es lo que refleja la colección del Museo Bello?  y ¿cuáles son sus posibilidades de estudio?, son algunas de las preguntas que estableció la historiadora Thalía Montes Recinas para abordar el acervo y la historia de este recinto en el marco de su 70 aniversario.

Con la conferencia “Puebla: la labor de registro, conservación y difusión de sus bienes históricos y artísticos, 1914–1944”, la encargada del área de Curaduría de Tecnología y Armas del Museo Nacional de Historia cerró el ciclo de ponencias que organizó la directora del recinto Ana Martha Castillo.

Durante la charla, Montes Recinas estableció que para entender y tratar de responder a las cuestiones anteriores es necesario mirar, desde la misma lógica y visión, la forma de coleccionismo bajo la cual se guiaron los Bello, ya que ésta responde a un cierto momento tecnológico y estético.


“Las piezas nos dicen más, nos hablan de un momento histórico que también refería al desarrollo económico de la época, de lo que pasaba en el mercado y de los gustos, en donde no existía tanta separación de disciplinas como se concibe hoy”, dijo la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Como ejemplo refirió que el interés de la familia estaba en poseer lo mismo objetos industriales o populares –como herrería forjada, relojes o talavera– con otros de alto valor estético, develando con ello que no solo se trataba de poseer piezas bellas y únicas sino garantizar, a través de la colección, la permanencia de los oficios entre las nuevas generaciones.

Señaló que abordar el acervo de más de 3 mil piezas del Museo José Luis Bello y González significa “abrir la Caja de Pandora” en materia de investigación sobre coleccionismo, debido a que su acervo fue producto de un largo proceso que contrasta con otros que “resultan de la nada, sin antecedentes”.

Thalía Montes dijo además que el Museo Bello refiere a una época en particular, a un momento en que comenzaba a tomar importancia el concepto de patrimonio artístico. Ello, continuó, porque entre los años de 1914 y 1944 el gobierno federal realizó el Registro de bienes inmuebles para consignar a los bienes nacionales, en la idea de construir así la llamada “identidad nacional”.

Explicó que si bien uno de los registros más conocidos es el que hiciera Guillermo Kahlo en 1907, el proceso inició entre 1915 y 1916 ante un panorama de guerra, inestabilidad y “fuga” de patrimonio artístico por las fronteras del país.

En ese contexto, prosiguió la experta, el gobierno enlistó a mil 500 hombres en todo el país –lo mismo diputados y políticos que campesinos y tenderos– para que registraran a los Monumentos artísticos, entendiendo a éstos como edificios coloniales, a los cuales se les quería apartar de su uso religioso.

Montes Recinas abundó que, en el caso de Puebla, destacó la presencia del propio director de Monumentos artísticos, Jorge Enciso, además de José R. Benítez, este último un destacado ingeniero que incluso llegó a ser –en 1926– el director del Museo del Estado de Puebla –ahora el Museo Casa de Alfeñique.

“Al momento de la creación del INAH, en 1939, se enlistaron un total de 447 inmuebles, resultado del trabajo de 16 años. De Puebla, los monumentos artísticos registrados aparecen de la línea 381 al número 415”, dijo.

Entre Guadalajara y Puebla

La historiadora Thalía Montes Recinas señaló que la colección del Museo Bello se puede comparar con otras que existen en el país, como la que se resguarda en el Museo de Guadalajara, creada por los mismos Jorge Enciso y José R. Benítez, en particular por sus objetos de talavera.

“Las colecciones eran compartidas y eso nos habla de la forma del coleccionismo privado que hubo en la época, en donde los acervos se conocían y también sus poseedores, que contrasta con lo que sucede hoy, ya que nos causa escozor el saber que los bienes de todos pudieran pertenecer a particulares”.

Como ejemplo puso la colección Alcázar, una de las más importantes que fue repartida entre varios museos –entre ellos el Museo Nacional del Virreinato–, y que conserva el mismo estilo que la que se puede observar en el Museo Bello.