Eduardo Rivera le heredó a Claudia Rivera una disidencia sindical

Frente Ciudadano exige a la alcalde electa, Claudia Rivera Vivanco, que un activista sea el responsable del área ambiental.

Si algo le va a heredar Eduardo Rivera Pérez a la nueva edil de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, es que por una fallida estrategia electoral del ex candidato panista a la alcaldía de la capital provocó un movimiento de disidencia sindical que de alguna manera le ha dado un poco de vida al grupo político del ex dirigente gremial, Israel Pacheco, quien se encuentra en prisión desde 2014 y purga una sentencia de siete años de cárcel.

Rivera Vivanco cuando asuma el cargo de presidente municipal tendrá que lidiar con un sindicato oficial y al mismo tiempo con una disidencia gremial, que busca recuperar el poder que tuvo el otrora dirigente Israel Pacheco y que se siente con la capacidad de exigir una negociación laboral con el ayuntamiento.

La historia de la formación de esa disidencia es la siguiente:


En la pasada campaña electoral, Eduardo Rivera por candidez o torpeza creyó que efectivamente había una estrategia de Rafael Moreno Valle Rosas para hacerlo ganar en la capital. Al final, el ex gobernador lo dejó solo y únicamente le interesó sacar un resultado –nada creíble– a favor de su esposa, Martha Érika Alonso, en la contienda por la gubernatura.

Por el espejismo en que vivía Eduardo Rivera, siempre supuso que como parte de la estrategia morenovallista estaba preparada una declinación a su favor de Gonzalo Juárez Méndez, el candidato de Compromiso por Puebla a alcalde de la capital y líder del sindicato del ayuntamiento de la misma.

De manera sorpresiva, un día Gonzalo Juárez tuvo comunicación con Eduardo Rivera, en la cual el segundo le pedía que el 25 de junio, durante el debate de los candidatos a la alcaldía de Puebla, anunciara su declinación a favor de la coalición encabezada por el PAN.

O en todo caso –exigió el panista–, un día antes del encuentro de aspirantes, citara a la prensa en el hotel Royalty de los portales, le levantara la mano a Eduardo Rivera y anunciaran de manera conjunta una serie de beneficios económicos para los trabajadores del gobierno municipal que se harían realidad como resultado del triunfo electoral del PAN.

Juárez Méndez le respondió que el no tenía previsto declinar por nadie y que no había ningún acuerdo sobre el tema.

Rivera enfureció y le reclamó, palabras más, palabras menos: “Son órdenes superiores. Ya está acordado”.

El dirigente sindical le replicó: él no sabía de esas órdenes, no había acuerdo alguno y no se había postulado como candidato a alcalde para dejar la contienda casi al final de la campaña.

Un iracundo Eduardo Rivera le advirtió: si no colaboraba con la coalición “Por Puebla al Frente”, no lo dejarían seguir como dirigente gremial de los trabajadores del ayuntamiento de Puebla.

Le habría dicho que alentarían a la disidencia sindical para buscar su remoción.

A lo largo de un cansado día anterior al debate, Gonzalo Juárez recibió todo tipo de llamados telefónicos y mensajes personales pidiéndole que aceptara declinar a favor de Rivera Pérez. A todos dio las mismas respuestas.

El día del debate, todos los candidatos llegaron al evento con la idea de que el representante laboral de los trabajadores municipales se iba a bajar de la contienda electoral.

Para Rivera fue un golpe mortal que eso no ocurriera. Al revés, Gonzalo Juárez fue el candidato que tuvo el mejor desempeño en el debate. No atacó a nadie. Se dedicó a hablar de sus propuestas e ignorar las agresiones que previo al evento sufrió de la gente de Eduardo Rivera.

Uno de los operadores de Rivera, cuando se topó con el líder sindical, de manera burlona le dijo: “Que no sabe que a un debate hay que ir de traje”.

Y es que el líder gremial llegó en mangas de camisa, sin corbata, lo que al final le dio un aire relajado durante el encuentro de los candidatos.

Eduardo Rivera desde entonces percibió que no había la estrategia electoral ofrecida por Rafael Moreno Valle Rosas. Que lo había olvidado, tal como olvida a todos los que no son parte de su reducido y elitista círculo de confianza.

Sin embargo, creyó que todavía podía provocar la declinación del secretario general del sindicato del ayuntamiento.

El panista anhelaba lograr que los trabajadores del gobierno de la ciudad se movilizaran el día de los comicios para generar olas de votos a favor del PAN.

Para presionar a Gonzalo Juárez, el panista buscó a Aurora Pacheco, la hermana del defenestrado dirigente sindical del ayuntamiento Israel Pacheco, quien está en la cárcel por un amañado proceso penal. Por eso se le considera un “preso político” del morenovallismo.

Rivera le habría ofrecido que si ganaba, la haría dirigente del sindicato de trabajadores municipales. La mujer creyó en el ofrecimiento y armó un movimiento disidente a la organización que encabeza Juárez Méndez.

Al final la hermana de Israel Pacheco no logró movilizar más que a un pequeño puñado de trabajadores a favor del PAN.

Eduardo Rivera acabó derrotado y olvidado por el morenovallismo. Ya desapareció de la escena política.

Y ahí se quedó la disidencia sindical que creó por sus yerros.