Dulce acidito, una obra que reflexiona sobre el círculo de violencia en el noviazgo

Dulce Acidito ■ Foto La Jornada de Oriente

El círculo de violencia durante el noviazgo visto desde los dos lados de la moneda. Una violencia que es permitida y normalizada, pero que nunca es justificada porque ésta no es algo natural en el género humano. Una viñeta contada por Dulce y Martinico, los protagonistas de Dulce acidito, una obra teatral pensada para adolescentes, quienes pueden darse cuenta de un privilegio: aquel que les da el escoger la forma en que se desarrollarán, en que se involucrarán con los otros, en que amarán.

Dulce acidito, una puesta en escena protagonizada por Julia Arnaud y Yanet Miranda, hizo una parada en Puebla. Luego de una serie de presentaciones en escuelas de educación secundaria de la Ciudad de México tuvo una función en el auditorio de la Preparatoria urbana Enrique Cabrera Barroso de la UAP.

En el marco del tercer informe de actividades del director José Jaime Rogerio Sánchez y con la presencia del rector de la UAP, José Alfonso Esparza Ortiz, las actrices acudieron tras la invitación hecha por Mirta Figueroa Fernández, directora del Centro Universitario de Participación Social.


Dulce acidito, explicaron Arnaud y Miranda, es una obra escrita y dirigida por ellas, de manera colectiva, basada en experiencias propias y apoyada en un lenguaje coloquial y en situaciones cotidianas con las que se busca que la pieza sea cercana al espectador joven. La obra inclina un poco la balanza hacia lo que pasa una mujer, ya que la realidad demuestra que son ellas quienes pueden padecer, en mayor grado y frecuencia, algún tipo de violencia.

“Nació de un interés, de una ansia por cambiar la realidad a través de un teatro social. Ese ánimo nació gracias a que fui alfabetizadora en la Ciudad de México, de la mano de Jorge Pedrajo, quien me trajo a Puebla y al CUPS de la UAP para ir a las comunidades”, contó Julia Arnaud.

La egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM añadió que Dulce acidito guarda coincidencias con su labor de alfabetizadora, realizada 15 años atrás, por ese vínculo que establece con los otros, en este caso grupos de jóvenes y adolescentes que se identifican con lo que cuenta la obra.

La base del montaje, señaló Yanet Miranda, es el círculo de violencia que se repite, valga el pleonasmo, una y otra vez en las relaciones afectivas, particularmente en los noviazgos jóvenes en donde “no hay herramientas para saber cómo actuar emocionalmente”. Los hombres, por ejemplo, no saben cómo expresar sus sentimientos, aflicciones y frustraciones, pues eso les hace sentirse unas “niñas”, adjetivo que se usa en un sentido peyorativo; mientras que las mujeres tienen que aguantar, someterse –a la manera de la más trillada historia de telenovela– y sufrir ante la violencia que permea en su relación personal.

Dicho círculo de violencia, explicó la actriz formada en la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes, se gesta en la llamada “luna de miel”, es decir, en la etapa inicial de la relación en la que todo aparenta estar en su lugar; continua con el período de “acumulación” en el cual, él o ella, van guardando tensiones tales como agresiones, sentimientos de rencor, control de la vida personal y privada, además de aislamientos, imposiciones, chantajes y manipulaciones provocadas por el otro que se realizan y se permiten de manera velada e interiorizada, hasta que se llega al momento de la “explosión”, es decir, el punto en donde la relación estalla y, tras una pausa, se vuelve a repetir.

En todo esto, como explicaron Julia Arnaud y Yanet Miranda, la pareja puede llegar a experimentar momentos de violencia que especialistas han identificado en cinco categorías: verbal, como lo es el insulto a veces directo y otras disfrazado; sicológica, que incluye el silencio de quien lo padece; económica, que lleva a la privación; sexual, representada en el abuso y el sometimiento; y física, que lleva a los golpes, las cachetadas, los empujones y hasta el feminicidio.

Frente a todo esto, sostuvieron las actrices, la obra Dulce acidito propone una salida a la violencia representada en el noviazgo de Dulce y Martinico: “que hay muchas formas de ser morro, y que hay que buscar una que te haga feliz”, como dice el personaje masculino, impulsado a tomar otro camino que no sea el ejercer la violencia.