Donación sanguínea

En mayo de 2005, durante la 58ª Asamblea Mundial de la Salud, los ministros de salud de todo el mundo, hicieron pública una declaración unánime de compromiso y apoyo a la donación voluntaria de sangre. En la Resolución WHA58.13 se llegó al acuerdo de que el día 14 de junio de cada año se celebrase el “Día Mundial del Donante de Sangre”.

Aun cuando ya existen desde hace muchos años organizaciones internacionales dedicadas al grave problema de la escasez de donadores (como la Sociedad Internacional de Transfusión de Sangre, fundada en 1935 y la Federación Internacional de Organizaciones de Donantes de Sangre que se constituyó legalmente en Luxemburgo el 4 de diciembre de 1955), es verdaderamente alarmante que, sobre todo en los países pobres, existe una insuficiente cantidad de sangre para salvar vidas de individuos que pueden pertenecer a cualquier edad y condición. Si tomamos en cuenta que la mayor parte de la población mundial habita precisamente en estos países, no es difícil imaginar la gravedad del asunto.

Desde esta óptica, se percibe que cada segundo se necesitan transfusiones, con una frecuencia imposible de medir y un impacto difícil de cuantificar. Existen cuatro tipos distintos de sangre que por conveniencia se denominaron A, B, y Cero, aunque ya está aceptado denominarlo con la letra “O”, y finalmente el AB. En México, 65 por ciento de la población tiene sangre tipo “0”, 25 por ciento es “A”, 8.5 por ciento “B” y tan solo 1.5 por ciento le corresponde el grupo “AB”.


Independientemente del tipo de sangre que se tenga, ésta contiene un factor aglutinante conocido como Rh. 85 por ciento de la población mundial es Rh positivo y 15 por ciento restante negativo. Cuando se transfunde un tipo distinto de sangre en un individuo, se genera un problema de salud denominado “Incompatibilidad AB0” en el que el sistema de defensa reacciona identificando a la sangre como un producto extraño y paradójicamente, la destruye. Esto condiciona que cada persona deba recibir un tipo especial de producto sanguíneo, de acuerdo a su grupo y factor Rh. Sin embargo, como es sabido por todos, aquellos individuos con el grupo sanguíneo 0 se llaman “donadores universales”, pues pueden entregar su sangre a cualquier otro tipo; sin embargo, ellos solamente pueden recibir sangre de su mismo grupo (es decir, “0” positivo o negativo).

En nuestro medio, existen muchas dudas y mitos sobre la donación, por lo que la frecuencia con la que se requiere sangre siempre es por debajo de la demanda. De ahí que se debe entender que todos los hombres y mujeres sanos que pesen más de 50 kilos y tengan entre 18 y 60 años de edad, pueden hacerlo. La idea de que el donar adelgace o provoque obesidad es absurda. Por otro lado, la cantidad de sangre recolectada –435 mililitros– representa apenas 10 por ciento del total, siendo “repuesta” por el mismo organismo en un lapso no mayor a 24 horas.

La frecuencia con la que se puede donar sin afectar a la salud es hasta cuatro veces por año, con intervalos mínimos de tres meses entre una extracción y la otra. Finalmente, se calcula que ocho de cada treinta personas son rechazadas después de un breve examen estrictamente confidencial en el que se hacen preguntas médicas generales tanto de hábitos como de costumbres y una serie de mediciones para estimar clínicamente el buen estado de salud de un potencial donador.

La obligación de orientar al público sobre estos simples conceptos es necesaria y hasta indispensable pues no se sabe cuándo individualmente podríamos requerir de una transfusión. Urge pues, una mayor difusión y una mayor conciencia de esta sencilla pero valiosa acción. Indudablemente, la sangre es uno de los recursos naturales más valiosos, inestimables y sobre todo indispensables de nuestro género humano. El donarla puede llegar a ser uno de los más nobles actos humanitarios hacia los cuales podríamos aspirar.

Fuentes: Sociedad Internacional de Transfusión de Sangre: http://www.isbt–web.org.

Federación Internacional de Organizaciones de Donantes de Sangre: http://www.fiods.org.