El discurso trillado del gobierno contra sus adversarios

En una entrevista el secretario de Hacienda dijo que “siempre hay tentación de voltear a ver a quien ofrece caminos y soluciones fáciles” para salir adelante. Alertó que “es un riesgo real en México la tentación de querer volver a modelos del pasado en busca de salidas fáciles… siempre hay tentación de voltear a ver a quien ofrece caminos y soluciones fáciles”. (El Financiero, 19 de octubre) El mismo discurso lo ha dicho también en repetidas ocasiones Enrique Peña Neto. Descalifican todo aquello que cuestiona las políticas de libre comercio y libre mercado que ellos han instrumentado por décadas, prometiendo crecimiento económico, sin que ello se cumpla, sino que tales políticas nos han llevado a aumentar el número de pobres, y a acentuar la extranjerización y a recrudecer la desigualdad del ingreso y de la riqueza.

El secretario de Hacienda afirmó que en las elecciones de 2018 “estará en juego todo lo que hemos logrado en libertades, apertura, modernidad y transparencia”. Habrá que aclarar que la libertad existe para el gran capital que puede invertir donde sea, y que se ha venido apropiando de los sectores estratégicos que eran de la Nación. Para ello ha servido la apertura impulsada por el Estado, que ha desindustrializado y descapitalizado la producción de granos básicos, lo que ha incrementado las presiones sobre el sector externo, dada nuestra falta de competitividad, llevando a la economía a depender de la entrada de capitales y a colocarla en un contexto de alta fragilidad.

El funcionario mencionado, insistió en que “con las reformas estructurales y la conducción responsable de las finanzas públicas, México sí está al alcance de lograr ser un país desarrollado y de superar la pobreza, en un periodo de tres sexenios”. El problema es que ese discurso viene desde Salinas de Gortari, y por más reformas estructurales que han llevado a la autonomía del banco central, a la disciplina fiscal, a los tratados de libre comercio, a la venta de la banca, de Teléfonos de México, y posteriormente con las reformas energéticas, laboral, financiera, etc., la economía mantiene un pobre crecimiento de 2.4 por ciento promedio anual y en el sexenio actual de 2.1 por ciento promedio anual, y el número de pobres sigue creciendo, y se recrudece la desigualdad del ingreso, y crecen los niveles de endeudamiento externo e interno, y la economía no muestra condiciones de pago.


Antonio Meade habló también “sobre los riesgos de volver a modelos del pasado, los de la restauración populista, que ya fracasaron”, y agregó que “siempre hay una tentación de regresar y de voltear a ver a quien ofrece caminos y soluciones fáciles, simplificando lo que de por sí es complejo”. Hay que aclarar que lo que ha fracasado es la política de libre mercado, de menos Estado y de crecimiento hacia fuera impulsada desde los años 80 en nuestro país, política que a pesar de no llevarnos al crecimiento, ni a la generación de empleo bien remunerado, ellos insisten en ella para favorecer a las empresas transnacionales, y a aquellos que se han apropiado de los sectores estratégicos de la economía, donde funcionarios y exfuncionarios públicos también participan. Los gobiernos desde los años ochenta han ofrecido caminos y soluciones fáciles, al desregular la economía y dejar a las libres fuerzas del mercado, comandado por las grandes empresas nacionales y transnacionales, la conducción de la economía nacional. Ello ha actuado a favor de tales empresas, y en detrimento de las grandes mayorías del país. Los gobiernos han relegado el objetivo de empleo y de distribución del ingreso, debido a que para conseguir tales objetivos hay que incrementar el gasto público y los salarios, lo que implica encarar al gran capital que está por que el gobierno gaste menos para achicar su tamaño y participación en la actividad económica, y prefieren la salida fácil de no confrontar al gran capital.   Asimismo, al gobierno se le dificulta incrementar salarios a fin de no afectar al sector privado, por lo que opta por la salida fácil de mantener bajos salarios y no lidiar con los empresarios, aprovechando los altos niveles de desempleo, como la debilidad de los sindicatos y del movimiento obrero.

La economía requiere de bajas tasas de interés, de incremento del gasto público, de regular al sector externo, como al sector financiero a favor del sector industrial y agrícola y de la creación de empleos, y esas no son tareas fáciles, que el gobierno no instrumenta, ni pasa por la mente de aquellos que nos quieren gobernar, lo que hará más difícil salir de los problemas que la economía y las grandes mayorías del país enfrentan.