DISCULPA SIN JUSTICIA

En una ceremonia que se celebrará este mediodía en la sede de la Secretaría de Gobernación, el Estado mexicano admitirá públicamente que vejó a la periodista Lydia Cacho Ribeiro y le pedirá una disculpa.

El acto reviste de la mayor importancia, pues aunque es evidente que no habrá jamás el resarcimiento del daño causado a la informadora, existirá el reconocimiento del aparato oficial de la deliberada intención de escarmentarla por haber denunciado una sofisticada red de trata sexual infantil en la que participaban, o participan, encumbrados hombres de la política y los negocios en nuestro país.

El tesón y la dignidad exhibida por la autora de Los Demonios del Edén, el Poder que Protege la Pornografía Infantil es merecedor del más alto encomio, pero hay que resaltar que Cacho a lo largo de estos 13 años –fue detenida a mediados de diciembre de 2005- no solo ha luchado porque se haga justicia en su caso sino porque se castigue a las personas que someten a esclavitud sexual a mujeres y niñas y se eliminen para siempre los entramados criminales que permiten sus actividades en cualquier parte del mundo.


No obstante, el proceso de justicia para la también defensora de derechos humanos y las víctimas de explotación quedará trunco si los responsables del encarcelamiento de la primera y de la esclavitud de las segundas, no son ingresados a donde deben pasar el resto de sus días: la cárcel.

Es así que, aunque lo que hoy sucederá apuntalará la brega contra los abusadores infantiles, por desgracia es de esperarse que la impunidad siga abrigando por completo sus actividades criminales.