Digno Lobos; ridículo del Puebla

La noche inicial del Apertura 2017 pareció dedicada a la atención de quienes repiten disciplinadamente la salmodia de que “el Tri de Osorio no representa la verdadera calidad del futbol mexicano”. ¡Vaya par de platos de fría bazofia futbolística los que nos asestaron Morelia–Monterrey (0–0) y Tijuana–Cruz Azul (02)! Si lo del José María Morelos y Pavón fue una cáscara de pretemporada, lo del estadio Caliente (lindo contraste entre los nombres de un recinto y otro), malísimo también, sólo sirvió para elevar a las alturas a un trotamundos procedente del Alavés, que antes había jugado para el Granada, el Almería, el Tenerife, el Real Jaén y el Melilla, entre otros “importantes” clubes españoles. Ayudó a las dos anotaciones de dicho édgar Méndez una chambonada de kínder del arquero tijuanense Lajud –que antes lesionó gravemente al chileno Jaime Rodríguez–, y un pasecito a boca de gol del inefable Cauteruccio, otro bulto arrimado al fogón de la máquina celeste por la voracidad de Carlos Hurtado y la complicidad de sus directivos.

Franja al garete. Ya encarrerados con el jubiloso arranque del “primer torneo de las Américas”, qué tal la exhibición del Puebla en el Volcán. Antes de una hora de partido Tigres ya había puesto el 5–0 final y pudo dedicar el resto del encuentro a pasearse, muy quitados de la pena ellos mientras el Puebla se empeñaba en jugar para atrás, pues cuando la defensiva local se descuidó y tanto Esparza como Navarro quedaron solos ante Nahuel Guzmán, su pánico se tradujo en dos risibles calcetinazos sin destino.

Tampoco cabe elogiar de más a Tigres, goleador casi a su pesar –tres tantos del debutante ecuatoriano Ever Valencia–, pues la paliza llegó gracias a una defensa de mantequilla, que todo continuamente dejó a Villaseñor inerme y solo ante la artillería felina. Además de mandar a la guerra a un DT improvisado como Rafael García, la franja sigue siendo líder invicto en eso de cambiar su plantel casi por completo cada seis meses. Ésas son rotaciones y no las de Osorio. Aunque es algo tan generalizado que se prefiere callarlo.


Fibra, Lobos. El debut en primera del licántropo –que literalmente significa “hombre lobo”, mítica figura de la novela gótica–, mostró a un equipo dispuesto a buscar con gula el arco contrario, que encontró pronto –sendos servicios al área de Advíncula, aprovechados el primero por Luis y el segundo por Julián Quiñones, minutos 12 y 30); Santos, con un cuadro mucho más armado, empató dos veces (Osvaldo Martínez y Furch), y fue un digno padrino de iniciación en Primera de los lobezno, en partido que tuvo un agradable y muy movido primer tiempo en CU. Pues, a diferencia del Puebla, Lobos sí apostó al triunfo desde el minuto uno.

No olvidemos que la “competencia” de Primera División está diseñada para perjudicar al recién llegado con el truco del porcentaje, la gran arma de los del pacto de gavilleros. Significa esto que Lobos, equipo inevitablemente armado al vapor, no tendrá un año fácil en su lucha por la permanencia; aunque, tal como están las cosas, a lo mejor el Puebla acude en su auxilio, de la misma manera que en el ejercicio anterior fue el desaparecido hermano chiapaneco el clavo ardiente del que se prendió la franja para salvar el pellejo.

Copa de Oro. La Concacaf es la única federación adscrita a la FIFA que realiza su torneo de selecciones cada dos años, pues todas las demás lo programan cuatrienal, como la propia Copa del Mundo, aunque sin coincidir con ésta. La clave de esa desusada frecuencia hay que buscarla en los intereses estadounidenses, ávidos de dinero por sobre todas las cosas, y a cuyos dictados se pliegan no solamente los gobiernos “nacionales” de la zona sino, como es natural, las federaciones futbolísticas de Centro América y el Caribe, incluida la Femexfut. Y la clave está, aunque Mr. Trump no lo crea, en los taquillazos que producen los bad hombres y las ugli mujeres de procedencia latinoamericana, mexicanos en su mayoría. Son ellos los que llenan los estadios de americano habilitados para el evento; y lo hacen en su entusiasmo por convivir en libertad con sus iguales, aclamando a sus equipos nacionales; aunque éstos padezcan el desgobierno de sus respectivas federaciones.

Estado Unidos, finalista. Como se sabía, los ticos tienen jugadores que saben dar muy buen trato a la pelota, pero ignoran cómo traducir en goles su excelente técnica. Detalle mortal ante un Estados Unidos que no se anda con sutilezas y que con Bruce Arena al timón recuperó la autoestima. Además, su federación aprovechó de maravilla la extraña y francamente pachanguera cláusula que permite a los participantes en la Copa de Oro reforzar sus planteles en mitad de la competencia –a Osorio, sus mismos directivos le negaron esa posibilidad–, y con la llegada de sus europeos –Howard, Dempsey, Altidore, Nagbe y Bradley–, el cuadro de las barras y las estrellas encontró la contundencia que le estaba haciendo falta. Precisamente fueron Jozy Altidore (72’) y Clint Dempsey (82’) quienes lograron quebrar la resistencia tica en la fase decisiva de su partido del sábado, para conseguir con ello el pase a la final. El título se los disputará el vencedor de la segunda semifinal, jugada anoche entre México y Jamaica.

Y puesto que los jamaiquinos no han mostrado nada durante el torneo, es de esperar que haya sido el Tri B quien les dispute el título a los norteamericanos. Dicho esto con todas las reservas del caso, porque…

Futbol en pequeñas dosis. Durante un ratito, unos 20 minutos del segundo tiempo, pareció que México B se encontraba con su mejor versión y que, de seguir así, acabaría arrollando en cuartos de final a Honduras, cuyo balompié atraviesa horas espesas. Se plantaron a medio campo Dueñas y Molina, jugaban bien abiertos Elías y Gallardo –una vez recuperada por ambos su posición natural–, Orbelín ordenaba el aparato ofensivo sin prisa pero sin pausa y se movía Pizarro por todo el frente de ataque; los centrales ocupaban su zona con autoridad, los laterales apoyaban con criterio, y Corona era un espectador más porque los hondureños ni querían ni podían ir al frente. Pero tanta belleza duró poco, bastó que Molina tuviera que salir lesionado (66’) para que el encanto se rompiera (hay que decir que los de enfrente salieron a repartir leña a tiro por viaje, sin que el silbante guatemalteco acertara a meterlos en cintura). Lo demás, para México, fue puro resistir. Y hasta sufriendo de más al final.

Y es que, ante el súbito extravío azteca, Honduras se envalentonó, fue adelantando líneas poco a poco, y si el empate no llegó fue porque Chuy Corona evitó que Alex López le clavara un endiablado gol olímpico, y porque Mejía cruzó de más un remate fácil en plena euforia catracha. Y porque, en definitiva, los hondureños juegan como equipo de barrio y estaban casi de regalo en cuartos de final. Menos mal que Rodolfo Pizarro había anotado aquel gol de vestidor (3’), cerrando a segundo poste tras el desborde por izquierda de Orbelín y el servicio cruzado de Dueñas. Que si no…

Modesta aportación. Como era de esperar, el ¡eeeeeh put…! ha resonado con ganas en los partidos del Tri, lanzado al aire con pueril regocijo por la paisanada presente. Allí quisiéramos ver a los señores de la FIFA y sus hipócritas amenazas de sanción. Y ni hablar de la fiscalización de la Concacaf, que se supone tendría que respaldar los decretos procedentes de Zúrich en nombre de la corrección política, ajena por lo demás a las atrocidades reales –homofobia incluida– que pululan en el ancho mundo del futbol. Lo cual incluye, por supuesto, los turbios manejos de doña FIFA y socios, jamás aclarados.

Y sin embargo, algo podría hacerse que complazca por igual a tirios y troyanos, muchedumbres y correctores oficiales de estilo. ¿Por qué no, paisanos remisos pero traviesillos, cambiar la exclamación “homofóbica” –insisto: que se sepa, ningún portero ni vecino se ha dado por ofendido en su virilidad o lastimado en su homosexualidad por el grito de marras–, por otra “grosería” muy mexicana, que no pueda ser acusada de vejatoria del orgullo LGBT. Qué tal si el grito consabido se cambiara por un ¡pennnn… dej…!, que alegraría igual a las masas, y al mismo tiempo dejaría sin argumentos a los celosos guardianes de la corrección verbal en los estadios de futbol. Que es uno de los contrasentidos más absurdos que podían habérseles ocurrido a los ridículos censores.

El Tour de Bloome. Estaba cantado y sucedió tal cual. El británico Chris Bloome (Sky), ganó por cuarta vez el Tour de Francia y está a una victoria de igualar a los históricos Anquetill, Eddy Mercx y Miguel Induráin, únicos que han ganado cinco veces el Tour desde 1903, cuando nació la célebre prueba (las siete del gringo Lance Armstrong fueron borradas de los récords al demostrase que se dopaba). El colombiano Rigoberto Urbán (Cannondale), segundo detrás del vencedor, se quedó a 55 segundos de dar por primera vez la victoria total a un país latinoamericano.