Desempleo, migración y crisis en el campo, detrás del asalto al tren en Cañada Morelos

Robos al ferrocarril se hacen constantes en el oriente del estado.

El robo al tren es una práctica común en esta zona, justo donde se bifurcan los caminos hacia Orizaba, hacia Ciudad Serdán y hacia Tehuacán  -  Fotos Javier Puga Martínez
El robo al tren es una práctica común en esta zona, justo donde se bifurcan los caminos hacia Orizaba, hacia Ciudad Serdán y hacia Tehuacán – Fotos Javier Puga Martínez

 

Para los habitantes de Cañada Morelos, municipio enclavado en el extremo oriente del estado de Puebla, el descarrilamien-to de dos locomotoras y varios vagones de un convoy de Fe-rrosur la madrugada del miércoles tiene una explicación en el desempleo y la marginación que abundan en la región.

No hay duda de quienes po-drían estar detrás del asalto al tren: cada año a este lugar re-gresan de Estados Unidos cientos de jóvenes y adultos repatriados o deportados, algunos in-cluso con más de 15 o 20 años de haber estado en ese país, pero se encuentran con un mu-nicipio desolado, con un cam-po improductivo y sin ninguna posibilidad de encontrar una fuente de empleo.


“Los migrantes están acostumbrados a los dólares, a mu-chos dólares, pero aquí ni trabajo hay. Algunos de ellos, ma-leados, buscan el dinero fácil. Aquí todos lo sabemos”, coinciden algunas de las autoridades locales que accedieron a dialogar con La Jornada de Oriente durante este fin de semana.

El robo al tren es una práctica común en esta zona, justo donde se bifurcan los caminos hacia Orizaba, hacia Ciudad Serdán y hacia Tehuacán; aquí, en Cañada Morelos, es obligado el cambio de vías y los convoy es de Ferrosur se detienen el tiempo suficiente para poder ex-traer bultos de fertilizantes, de semillas como maíz y trigo, ce-mento o electrodomésticos que de distribuyen en los mercados y tianguis de toda la zona sur y centro del estado de Puebla.

Unas semanas antes del descarrilamiento, el Ejército Me-xicano y la Policía Estatal estuvieron resguardando la zona y protegiendo al ferrocarril. Los delincuentes no se pudieron acercar, pues eran recibidos a balazos. Decidieron entonces robar en las casas de comunidades y rancherías aledañas a las vías, pero las viviendas son tan pobres que fue poco lo que pudieron extraer de ellas.

La semana pasada el Ejér-cito y la Policía no aparecieron, pero sí una oportunidad para ir nuevamente sobre el ferrocarril; piedras, rocas y fierros fueron suficientes para provocar el da-ño necesario: se descarrilaron las locomotoras y los primeros tres vagones.

Más de 120 toneladas salieron disparadas por los alrededores minutos después de las 2 de la mañana del miércoles. Los vecinos afirman que escucharon un estruendo impresionante acompañado del rechinido de fierros de las vías y los va-gones que se hicieron pedazos. Ninguno de ellos se acercó, y dicen que hicieron bien, porque poco rato después llegaron los soldados y los policías a resguardar la zona y el cargamento. Algunas camionetas se fueron a toda velocidad y hubo una persecución pero no capturaron a nadie.

“Ahora el pueblo y nosotros somos bien famosos. En las noticias de la televisión, en el radio y en los periódicos dicen que en San Lucas asaltan trenes, que los descarrilamos. No tienen ninguna prueba porque somos gente de trabajo, gente de bien y sin más nos acusan. Pedimos que haya vigilancia, una base de la Policía, pero la seguridad hace mucho tiempo que se fue”, comentó Rafael Veláz-quez, inspector de San Lucas.

Para otros pobladores, Fe-rrosur también tiene su parte de responsabilidad, pues no presenta denuncias contra los atracadores y éstos salen libres y sin problemas, “pero eso ya es bronca de la empresa”.

Los trabajos para levantar la maquinaria continuaron durante todo este fin de semana. Fe-rrosur contrató varios camiones pesados para trasladar gran parte del trigo regado, pero so-bretodo para recuperar sus lo-comotoras valuadas en 1.5 mi-llones de dólares cada una. Los vagones serán vendidos como chatarra.

La última vez que hubo judiciales

Entre los pobladores no se ol-vida que fue el 21 de noviembre de 2008 cuando se vio por última vez a los seis agentes de la Policía Judicial del estado de Puebla patrullar por esta zona.

Luis Hernández, un campesino de 45 años, detiene sus la-bores en el campo un momento y recuerda que en ese año los agentes judiciales estaban cerca de capturar a una importante banda de delincuentes que operaba desde Ciudad Serdán, Palmarito, Palmar de Bravo y Tehuacán, pero antes de encontrarse acorralados fueron a la base de operaciones de éstos en Cañada Morelos, dispararon con “cuernos de chivo” (rifles AK-47) y tiraron una granada al interior del inmueble.

Un agente murió “y los demás ni siquiera regresaron por sus cosas ni por el muertito. Desde entonces jamás volvió a haber una base de la Policía por aquí. Y los asaltos siguen”, relató el campesino.

Las crónicas periodísticas de ese año relataron que los agresores presuntamente pertenecían a la organización de Los Ze-tas. El gobierno del estado de Puebla nunca estableció el vínculo como tampoco la agresión y nadie fue capturado por este hecho.

El campesino Luis Hernán-dez terminó de contar esta anécdota y continuó quitando la yerba de su milpa, que mide menos de medio metro y co-mienza a marchitarse por la falta de agua.

Sin lluvia, sin créditos, pero con mototractores

A los problemas de desempleo e inseguridad en Cañada More-los también se suman la grave sequía que está padeciendo la región y que está causando pér-didas a los productores de maíz y otros cultivos de temporal.

“La última vez que llovió fuerte fue hace más de un mes”, recordó Evaristo Gómez en medio de un rumbo hacia la comunidad de Buena Vista. “A algunos sí les benefició, porque les aprovechó bien el agua pero desde entonces no ha vuel-to a llover como debería. Mu-chos ya perdieron sus siembras”.

A quienes les va mejor es a quienes tienen invernaderos de jitomate, pero son unos cuantos productores quienes tienen la inversión suficiente de 150 mil o 240 mil pesos para poder instalar uno.

“Aquí podría haber empleo con el jitomate, que es muy ge-neroso porque aunque el precio esté bajo la inversión se recupera y permite sobrevivir, pero hemos pedido apoyos al go-bierno del estado y a Sagarpa para que podamos invertir en invernaderos y nos dicen que sí y ponen el crédito, pero nos dicen con quién debemos ir, a qué empresa le debemos comprar y cuesta más caro que si uno lo hace, pura burocracia”, agregó Raúl Velázquez.

“Pero eso sí, vienen los del gobierno estatal a decirnos que con sus mototractores se va a reactivar el campo. ¡Los mototractores qué! ¡Ni sirven! No queremos esas cosas, queremos inversión, crédito a la pa-labra, sin intereses. Se pueden generar empleos, un invernade-ro grande puede emplear hasta 25 personas, uno chico hasta 12 trabajadores. Hay forma de salir adelante pero se necesita inversión, no mototractores que se atoran”, remató Velázquez.

Municipio pobre

Con 18 mil 954 habitantes, se-gún el Conteo de Población 2010 del Instituto Nacional de Geo-grafía y Estadística, Cañada Mo-relos está considerado entre los municipios con un alto grado de marginación por la Secretaría de Desarrollo Social federal.

No está incluido en la Cru-zada contra el Hambre de la Federación, pero sí dentro de los que requieren atención prio-ritaria pues al menos dos de cada 10 de sus habitantes presentan algún tipo de carencia, principalmente alimentaria.