Desastres, naturaleza y sociedad

El mundo se inunda, se derrumba y desmorona debido a las diversas formas de violencia con que la humanidad impacta el medio ambiente. La tierra nos reclama y los desastres se expresan avasallantes. Como siempre, las principales víctimas con los pobres que se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad. Los desastres han tenido múltiples explicaciones a través de la historia. En la antigüedad, se creía que se debía a una fuerza física extraordinaria con efectos negativos como un “acto de los dioses”. Ya sea un huracán, un temblor, una erupción volcánica, o cualquier otra expresión, se pensaba que la explicación de los mismos era de dominio supernatural. Posteriormente desde un punto de vista secular lo supernatural fue remplazado por lo natural. Y sea como sea prevalece en el imaginario que es una fuerza externa, más allá del control humano.

Los desastres son sociales, resultado de la contaminación, deterioro y explotación que el sistema impone sobre la naturaleza. Son evidencia de las fallas provocadas por la acumulación de capital, que se expande en los territorios desplazando y despojando, hasta generar condiciones de vulnerabilidad y riesgo socio ambiental. Es inaceptable atribuir los desastres a los dioses o a la naturaleza. Nos corresponde asumir nuestra responsabilidad con relación a los mismos y criticar el modo de producción y de consumo y la forma en que impacta en territorios y comunidades.

Más allá de intentar paliar los efectos del desastre, debemos explorar los mecanismos que han creado las condiciones de riesgo. Hablemos de desastres sociales y tecnológicos que involucran agentes químicos, nucleares, etcétera. Reconozcamos los desastres como condiciones sociales que se expresan como un ejemplo de la deficiencia, debilidad y vulnerabilidad del sistema. Y hagamos así lo que debe hacerse: prevenir y resolver esas condiciones de vulnerabilidad. El hecho de que las viviendas sean construidas en zonas vulnerables responde a una mala planeación, a una ineficiente toma de decisiones principalmente de las autoridades que, subordinadas al capital, permiten asentamientos irregulares para los más empobrecidos, mientras dotan de los mejores territorios a las empresas y los grandes capitales.


Reconocer los desastres como hechos sociales, posibilita visibilizar la estrechez y los límites del actual modo de producción y que la prevención de los mismos únicamente será posible si se modifica la técnica que los ha creado. Reconozcamos el complejo entramado de técnicas que emplea el capitalismo para expandirse y la valencia que lo sustenta. Reconozcamos las condiciones sociales que generan los desastres y al hacer esto, visibilizaremos que se trata de aspectos propios y no ajenos a la actividad humana.

Develar los desastres como sociales y no como una fuerza que impacta sobre nuestro sistema, significa reconocer que es el sistema actual el que impacta sobre la naturaleza. Se trata entonces de reconocer al enemigo, que somos nosotros mismos subordinados a la lógica voraz del capital. Finalmente, reconocer los desastres como fenómenos sociales nos obliga a revisar las políticas, planes y programas del llamado desarrollo que ha llevado a nuestras sociedades a estos niveles de vulnerabilidad.