Desarrollo como proyecto civilizatorio y la construcción del rizoma social

Cuando se habla de desarrollo, comúnmente se parte de la premisa de que se trata de un proceso lineal, por lo general unidireccional, acumulativo e irreversible vinculado al crecimiento económico. Desde oriente se mira a occidente, en tanto que occidente se ha impuesto a partir de la modernidad burguesa, como el único y principal referente en los procesos de desarrollo, basados en procesos asimétricos de un sistema que nos subordina a la lógica de la acumulación de capital. El desarrollo desde dicho enfoque se impuso como el único proyecto civilizatorio negando así una multiplicidad de propuestas.

En el actual marco de la crisis sistémica, hemos observado el modo en que ni el Estado, ni el capital (y las fuerzas del mercado para equilibrar las inequidades económicas), han resultado suficientes para resolver las injusticias que se viven en el mundo. Los debates en torno a la diversidad de procesos civilizatorios que han sido negados bajo la mirada integracionista del fallido proyecto neoliberal de los últimos años, son testimonio de diversas voces que sugieren alternativas para el bien común, para el bien y el buen vivir, propuestas de decrecimiento, y otras más que resulta fundamental reconocer y dialogar.

En México, nos encontramos en un momento coyuntural que tiene el potencial que establecer diálogos polifónicos en torno al rumbo que se desea explorar para lograr que el país se construya desde la pluralidad, la equidad, la seguridad humana, la justicia social y el interés compartido. Sin embargo, cualquier proyecto político, económico, social, cultural y ambiental no nace de la nada, se requiere, ahora más que nunca, recuperar la mirada del filósofo italiano Antonio Gramsci cuando señala que es necesario estar alertas y partir del “Pesimismo de la inteligencia, y el optimismo de la voluntad” para construir las rupturas y transformaciones necesarias que favorezcan un andar hacia condiciones más equitativas y de justicia social. Igualmente, Gramsci nos alerta que “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; en este interregno aparece una gran variedad de síntomas morbosos.” Es decir, debemos mantenernos vigilantes, de que los actores sociales emergentes, no recurran a viejas prácticas políticas.


Nos resulta fundamental mirar la diversidad, reconocernos desde lo disímbolo. Establecer herramientas y mecanismos políticos y sociales de participación colectiva para la construcción de proyectos políticamente viables. Me permito recuperar la metáfora de Deleuze y Guattari sobre el rizoma aplicándolo a la construcción de lo social. El rizoma parte de la multiplicidad, no restituye la unidad. No tiene un tronco principal desde donde emanen los tallos, sino que cada una de sus ramas es la principal, sin escalafones en las ramificaciones, los tallos pueden conectarse con cualquier otro, y cada una de esas conexiones resultan importantes para el resto. Reconocer a la sociedad democrática como un rizoma nos permite substantivarla, nombrarla, y de nombrarla hacerla posible, desde una consciencia vigilante, informada y políticamente activa.