Desapariciones

FOTO: esimagen/ Tania Olmedo

Aumentan las desapariciones en México, al decir de organismos que se especializan en ese tipo de ominosos delitos. Pero ahora empiezan a esfumarse políticos, partidos y hasta algunos funcionarios que han lucrado con el presupuesto durante muchos años. En este último caso, ese desvanecimiento es más lento, pero será muy rápido a partir de la toma de posesión de Andrés Manuel, en diciembre, ello porque ya no contarán con los privilegios que fueron en aumento a partir de los sexenios panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón. Entonces crecieron los bonos, los mal llamados ahorros y los pagos innumerables.

Un muerto viviente es el PRI. No sólo porque llegó a su punto más bajo en todos sentidos, también debido a que sus presuntos salvadores no alcanzan a indicar con precisión las lacras que padece, sino hacen malabarismos verbales para evitar decir a qué se debió su derrota: un Enrique Peña Nieto que permitió la corrupción, solapó a los amigos, evitó el castigo a quienes violaron la ley, derrochó el presupuesto de mil maneras (incluida la publicidad oficial) y nunca puso orden en una casa donde hasta la hija de La Gaviota (Angélica Rivero) hizo lo que le vino en gana.

Prueba de la vacuidad oratoria es la despedida de René Juárez Cisneros, quien únicamente estuvo 75 días en la presidencia que correspondía a Manlio Fabio, defenestrado de mala forma, dejando el cargo en la inexperta Claudia Ruiz Massieu. Ella no podrá con el paquete a pesar que la ayude su tío, Carlos Salinas. Y es que no tiene equipo, dinero ni ideas para reactivar a un zombi que ya no espanta ni a los niños más temerosos.


En su despedida René Juárez no trató el asunto de la corrupción, de la violencia que incluso Peña Nieto acepta que no fue combatida correctamente y aumentó en su administración, mucho menos de la impunidad existente entre los tricolores (¿por qué no han detenido a César Duarte?). Eso sí, lanzó mucha retórica acerca de los fallos desde 1968 hasta nuestros días (¿dónde andaba el guerrerense en aquellas trágicas jornadas?) y a la falta de relación de la base con la cúpula, algo que fue el signo priista desde antes que llevara esas siglas pero ya tenía el ADN característico: los de arriba decidían para que los de abajo aceptaran migajas. (La Jornada, 17 de julio)

Por su parte, el siempre listo para la declarar, Francisco Labastida, culpa al trío fallido de esta campaña; Enrique Ochoa Reza, Aurelio Nuño y José Antonio Meade. A este último lo llena de elogios, aunque señala que no era político y desliza que fue impuesto y no supo qué hacer. Señala que uno de los asuntos que le hizo daño al PRI y a la presidencia de la República fue “el chisme” de la Casa Blanca. Chisme un hecho que fue corroborado puntualmente por el equipo de Carmen Aristegui. Algo que muestra el poco valor civil de un candidato que perdió ante Fox por sus malas formas y su falta de talante para la contienda electoral (El Universal, 17 de julio).

Pancho el sinaloense dice que otro error fue Ayotzinapa, aunque no precisa que es un caso abierto ante la inepcia gubernamental, sino lo plantea como algo coyuntural. Se olvida que la CNDH, de Raúl González Pérez, lo señala como parte de otras tragedias: Tanhuato, Apatzingán, Nochixtlán y Tlatlaya (Proceso, número 2176). Yo agregaría Atenco.

Con esos y otros priistas “reformadores” todo fallará, máxime que ya no habrá subsidio presidencial y se acabará el dinero a raudales que salía de las Cámaras de Diputados y de Senadores, cuyos operadores durante largos años fueron: Emilio Gamboa Patrón y Manlio Fabio Beltrones. Ambos compraban a sus adversarios, a quienes además les prometían posiciones en diferentes gobiernos y relaciones con empresarios que necesitaban votos en el poder legislativo.

Otro cadáver que gime hondamente, es el famoso Panal, al cual Luis Castro Bregón lo llevó hasta el fondo del barranco, no obstante que el mencionado presumía sus conocimientos teóricos, pero al traicionar a la maestra Elba Esther cavó su tumba junto con su compadre y todavía líder del SNTE, Juan Díaz de la Torre. El supuesto líder magisterial incluso no logró su asiento legislativo ni siquiera como plurinominal. Ahora el señor Castro anda como la zarzamora, llorando por los rincones.

Y al acabarse los dineros extras, ya que viene la austeridad republicana, tenemos a personajes como el presidente de la Cámara de Diputados, Edgar Romo (PRI), que llama a que los recortes se hagan con “responsabilidad y sirvan al país”. No dice que los de la actual legislatura se retirarán con un millón de pesos en la bolsa, por aguinaldos y ahorros. Una muestra de desfachatez y ruindad.

Otro cínico es el señor Dante Delgado. El Movimiento Ciudadano logró siete senadores y 28 diputados. Con esa ridícula cifra, que los llevará a la extinción ya que Enrique Alfaro se deslindó del partido, asegura Dante que será una oposición ante el próximo gobierno. Lo cual mueve a burlas por todos lados.

Otro que ya se va de la Ciudad de México donde ocurren tragedias y asesinatos diarios, es José Ramón Amieva, pero nos deja un policía de mala fama y un funcionario que hizo del negocio su sello personal, Raymundo Collins. El todavía jefe de gobierno demanda que Collins evite “los moches” y apoye a los elementos honrados de la policía. Es tanto como exigirle a un sicario que se comporte adecuada y correctamente.

Varios de los que estuvieron en los primeros planos no regresarán porque no entendieron- y siguen sin hacerlo- el cambio que llegó. Sólo la autocrítica a fondo preservará a unos cuantos.

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