Dejé París por Puebla

Sí, dejé París por Puebla. ¿Y cómo fue? Les cuento. Había terminado mis estudios y todavía me encontraba residiendo en la Ciudad Universitaria –la Cité–, al frente de uno de los parques más hermosos de París, el Montsouris. Allí estaba una soleada tarde al comienzo del otoño, pensando: la estación coincide con mi edad. Y esto, dicho cuando los árboles se cubren de sensacionales tonos cobrizos, era, más que el reconocimiento de mi carga de años, un autoelogio. Y me confortaba.

Bueno, la tesis obtenida era felizmente una frustración menos. Yo, flamante doctor, y esa tarde el parque Montsouris ofrecía en la calma del aire y en la convivencia de sus distintos habitantes, una renovada lección de paz. La gente daba de comer migas de pan a pajaritos, patos, palomas y peces, y había para todos, no se peleaban entre sí por el alimento… volví mis ojos a la mesa del café donde estaba sentado, bebí un sorbo, abrí el diario que acababa de comprar, esta vez había preferido Libé en lugar de Le monde, sí, el nuevo periódico.

El alma puede descansar sin que por eso abandone el cuerpo –me dije sonriendo. Toda prisa quedaba atrás, se acercó la vendedora de flores, compré por el mero placer de conversar unas palabras con ella, satisfecho de mi buen francés, no faltará a quien regalar esta flor. La paz y lo nuevo, por entonces se habían inaugurado la pirámide de cristal del Louvre, el gran arco de La Défense, la Opéra de la Bastille, ahora tengo tiempo para visitar todo eso.


La paz, ninguna preocupación… fue precisamente cuando me dio el ataque, me puse a gritar como un loco furioso, pateé la mesa, intenté tomarme a golpes con el mesero, me sujetaron. Todo no pasó de ahí, rápidamente mis amigos me fletaron en un vuelo a México.

¿Y la revolución en qué quedó, no que en París tomaste las armas del conocimiento?

Te diré, cuando alcancé a rehacer mi espíritu, pregunté por la revolución pero nadie supo darme razón.

Y aquí estoy en la ciudad de Puebla, Puebla de Zaragoza, Puebla de los Ángeles, esperando un día, asistir a mis funerales.