¿Cómo definir la utopía para la emancipación?

La modernidad construyó un mundo, una única forma de ser y estar en la vida, que, a partir de proyecciones fantasmagóricas de deseos, ha esparcido por casi todos los rincones geográficos y virtuales del mundo, legitimando historias de destrucción y despojo para sustentarse. Sin embargo, la actual crisis civilizatoria enmarcada en esa promesa incumplida de las proyecciones de deseos y supuesto posible bienestar para todas y todos y ante la aparente imposibilidad de construir mundos desde la subalternidad, en tanto mundos negados, anulando formas de vida que no responden ni se subsumen (en su totalidad) a la acumulación de capital, se nos reclama urgente la necesidad de buscar, pensar y crear alternativas políticamente viables para la emancipación.

No hay recetas ni fórmulas para delinear un camino por seguir, pero resulta pertinente citar el Manifiesto Comunista de Marx y Engels: “¡Que las clases directoras tiemblen ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar. ¡Proletarios de todos los países, unios!” Aquí, Marx y Engels convocan a convertir en realidad la posibilidad de ganar un mundo. Y sus palabras aún resuenan en el colectivo que clama por justicia social. Sin embargo, lo que actualmente prevalece está lejos de ser una revolución proletaria, muchos proletarios han sido subsumidos al sistema no sólo físicamente a través de la explotación sino ideológicamente a través de las formas de violencia simbólica. Pocos piensan en una revolución actualmente. Y creo fielmente que la violencia del sistema no debe replicarse para la emancipación.

De pronto el panorama actual es más cercano a un bosquejo del discurso de Freud en Mourning and melanchoia (1917), que refleja mejor el efecto apocalíptico ante la falacia de la promesa cosmopolita de la modernidad de que un mundo puede ser justo y para todos y que está por venir. Cuando pareciera que no hay utopía perseguible, ni proyecto colectivo para la emancipación que sea políticamente viable, cuando la mayoría de la población actualmente no puede acceder a las condiciones de vida material para cubrir las necesidades básicas, en un contexto de dislocación y desplazamientos donde las personas corren el riesgo de perder referentes de arraigo y redes de apoyo.


En un mundo enmarcado por ataques terroristas, balaceras, desastres socio ambientales, amenazas de guerra, feminicidios, despojos y muchas otras formas de violencia, pareciera ciertamente que poco nos queda por hacer. Sin embargo, hoy redacto estas reflexiones como afirmación ante la necesidad de que, en colectivo, organizados y por nuestras comunidades nos comprometamos a definir los perfiles para una nueva utopía para la emancipación. Nos corresponde no caer en una actitud derrotista, ni tampoco subsumirnos a la histeria del optimismo poco fundamentado, sino que nos toca, como invitara Gramsci, poner inteligencia y voluntad en la construcción posible de fundamentar un nuevo modo de vida que permita reproducir y cuidar la vida en condiciones de equidad.