¿Decisión?

En días recientes hubo dos noticias aparentemente inconexas, pero que, si se miran con detenimiento, se encuentran totalmente imbricadas: primero, según reporta esta casa editorial, México ocupa el primer lugar de los países miembros de la OCDE, en embarazos adolescentes. Segundo, en Monterrey, miembros de la organización Familias Fuertes y Unidas, se manifestaron fuera de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos en donde tiraron una pila de muñecos de bebé ensangrentados y mutilados, informó la revista Proceso. Según reportó el semanario, “Juan Manuel Alvarado, exdirigente estatal del Partido Encuentro Social (PES), exigió que Velasco Becerra (titular de la Comisión en ese estado) retire el recurso con el que busca que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) invalide la reforma al artículo 1 de la Constitución nuevoleonesa, que protege la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”. Siguiendo con La Jornada, se reporta que con “una tasa de 77 embarazos por cada mil jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, registrada en 2018, México es el país miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) con más adolescentes embarazadas, lo cual constituye, entre otras cosas, un importante problema de salud pública”. Justo se preguntarán ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?; los más agudos y agudas estarán ya aventurando conclusiones. Los dos casos denotan falta de información y una deliberada voluntad de no proporcionarla; además, son evidencia de sociedades sumamente conservadoras y terriblemente afectadas por la ignorancia soez en que nos ha hundido el sistema las últimas décadas.

En efecto, desde que iniciaron las campañas de planificación familiar en los años 70, producto de un cambio en la política de salud reproductiva, no había visto tanta información sobre planificación familiar y prevención de embarazos no deseados; sin embargo, como una cruel contradicción, encuentro que las diversas sociedades que integran nuestro territorio son lamentablemente más conservadoras. Se habla de planificación en la escuela, en la televisión, en el internet; es fácil acceder a anticonceptivos desde el Sector Salud y desde numerosas Organizaciones de la Sociedad Civil. Y, no obstante, de acuerdo “a cifras de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes –continúa La Jornada–, en México ocurren al año 340 mil nacimientos en mujeres menores de 19 años; y 15 por ciento de los hombres y 33 por ciento de las mujeres no utilizaron métodos anticonceptivos en su primera relación sexual”. ¿Qué sucede? Como afirma Mario Tapia, académico de la UNAM entrevistado por este diario, el problema es que “La educación sexual no es exclusiva de la escuela y los centros de salud, debe empezar en el entorno familiar. ‘La familia debe proteger a sus miembros, transmitir la cultura del conocimiento y, sobre todo, la socialización. Es ahí donde estamos fallando’, insistió el académico, cuyo trabajo se enfoca al estudio médico integral de la familia y epidemiología clínica”. Es decir, las familias mexicanas han decidido legar el trabajo de orientación sobre estos temas a todas las demás instituciones: la escuela, el sector Salud, y lo que es peor, las Iglesias, ahí radica el problema. Que un grupo de personas avalado por las iglesias se manifieste de manera tan burda en Monterrey es un síntoma del problema, no una solución. “El aborto es por libertinaje –declara Alvarado en entrevista con Proceso. Si no hay políticas públicas, los y las jóvenes precisan una noche de contacto sexual, ellas quedan embarazadas y la solución inmediata que presentan es el aborto, pero no por requerimiento médico, ni por violación, ni porque esté en riesgo su vida, fue por momentos de libertinaje que caen en la irresponsabilidad. Eso es lo que no queremos en Nuevo León, que se establezca el aborto por libertinaje”. ¿Libertinaje?, ¡vaya tontera!

Estas dos notas nos hacen ver que el problema de fondo es la falta de prevención; pero no solo eso, sino una falta de integración de la familia en las decisiones que toman sus hijos. Y sí, hablo de decisión pues los jóvenes deciden, por las razones que sean, tener relaciones sexuales sin protección y más adelante, deciden interrumpir el embarazo. Muy probablemente no sepan que existe una pastilla llamada de “el día siguiente”, y lo que es más grave, es muy seguro que no sepan lo más mínimo de su propia salud reproductiva, que no tengan idea de sus ciclos menstruales, que ni siquiera hayan visitado a un médico –lo mismo hombres que mujeres– para recibir orientación. Es seguro que en casa no se ha hablado del asunto. ¿Y en la escuela se habla de estos temas? ¿Y cómo se aborda? Es claro que maestros y maestras pertenecen a la misma sociedad y tienen una historia de vida que va más allá de las aulas. Por tanto, ellos también tienen creencias y prejuicios. No hace mucho un maestro de primaria al que le daba un curso de maestría dijo estar preocupado por un alumno que él pensaba sería homosexual pues se sentaba para orinar. El chico vivía con su madre, sus hermanas y la abuela, no había padre. ¿Cómo debía orinar entonces? ¿Eso es un signo de homosexualidad? Prejuicios, nada más que prejuicios. ¿Es esa la persona adecuada para orientar a la niñez? A los de Monterrey les tiene que quedar claro que los jóvenes tienen sexo y muchos de ellos abortan al no tener otra opción; el asunto es cómo es que lo hacen y en qué condiciones. Ignorancia y prejuicio son dos elementos terribles a la hora de decidir.