¿El debate sobre el nuevo aeropuerto es lo más importante?

El debate de los candidatos presidenciales pasa a centrarse en el nuevo aeropuerto, en vez de discutir los problemas económicos relevantes que el país enfrenta. La economía nacional enfrenta desde los años ochenta, baja tasa de crecimiento y cada vez se crece menos. Se acentúan los problemas de desempleo, subempleo, los bajos salarios y la creciente desigualdad del ingreso. A ello se suma la desindustrialización, la pérdida de la autosuficiencia alimentaria, los altos coeficientes de importación, las presiones sobre el déficit de comercio exterior y los altos niveles de endeudamiento externo e interno. Le acompaña la creciente reducción del tamaño y participación del Estado en la economía, así como la pérdida de manejo soberano de la política económica para satisfacer las demandas nacionales. Ello ha acentuado la privatización y extranjerización, de la economía y su dependencia a la entrada de capitales, evidenciando la fragilidad en la cual nos encontramos. Nada de esto está en el debate nacional ni se presentan propuestas por parte de los candidatos presidenciales de cómo encarar y cómo superar dichos problemas.

El debate se centra en el combate a la corrupción, presente tanto en la reforma petrolera como en el nuevo aeropuerto de la CDMX, en donde el PRI–gobierno defiende dichas políticas porque se han favorecido a través de los contratos ahí presentes. Si bien hay que evidenciar dicha corrupción y erradicarla, ello no resolvería los problemas que enfrenta la economía nacional, que nos han llevado a que la economía no nos pertenezca y nos ponen en la antesala de una crisis de proporciones.

Los problemas son derivados del modelo económico predominante. Es decir, de las políticas de libre comercio, de libre movilidad de capitales y de las políticas macroeconómicas de estabilidad (disciplina fiscal, alta tasa de interés y tratar de estabilizar el tipo de cambio a toda costa) y que al parecer todos los candidatos defienden para ser bien vistos por las corredurías internacionales y el gran capital, para ser opción de gobierno.

Estados Unidos impondrá las reglas del juego a su favor en el comercio entre ellos y nosotros, lo que significará menor crecimiento de nuestras exportaciones e incremento de importaciones, y acentuará las presiones sobre el sector externo y frenará más el crecimiento económico del país. Ningún candidato se ha pronunciado por políticas para hacer frente a lo que viene.


Asimismo, están los fuertes rezagos productivos, industrial y agrícola y la baja productividad. Los candidatos no presentan propuestas de política fiscal, industrial, agrícola, crediticia y comercial, encaminadas a encarar los problemas productivos, de bajo crecimiento. Tampoco plantean políticas de empleo y de distribución del ingreso, porque saben que no hay capacidad productiva para satisfacer la mayor demanda que ello generaría, ya que se traduciría en inflación y en mayor importación y déficit de comercio exterior, que desembocaría en devaluación y crisis. No presentan propuestas de política para encarar el desempleo, como para incrementar salarios y superar los rezagos productivos, debido a que saben que ello implicaría erradicar las políticas predominantes de libre comercio, como la austeridad fiscal y al desregulación financiera predominantes.

La pobreza y la desigualdad del ingreso no se erradican con políticas sociales tendientes a que “cada niño que nazca no esté en la pobreza extrema”, ni con otorgar un “ingreso básico universal”, ni otorgando “becas a los ninis”, sino generando empleo bien remunerado para todo aquel que lo busque.

La principal reforma estructural debe ser la de alcanzar el pleno empleo y la distribución del ingreso. Toda la política económica, es decir la monetaria, la fiscal, la crediticia, la comercial, la industrial y agrícola, deben encaminarse a ello. El único que puede generar empleo sin fines de lucro es el gobierno. El sector privado solo genera empleo, si éste le reditúa más de los que gasta en su contratación. El gobierno debe incrementar el gasto en la generación de empleo productivo y la política económica debe asegurar condiciones de crecimiento y rentabilidad en el sector industrial y agrícola para fomentar la inversión y la generación de empleo en tales sectores. Ello requiere, además, regular y subordinar al sector bancario–financiero a favor del sector productivo y de la generación de empleo. Mientras siga desregulado el sector bancario y financiero, éste seguirá ganando lo que quiera y seguirá siendo disfuncional al crecimiento económico. Se requiere asimismo regular al sector externo para evitar prácticas especulativas y frenar el gran crecimiento de importaciones y la desindustrialización, el desempleo, los bajos salarios y el bajo crecimiento. Considero que estos temas, y otros que frenan el crecimiento y el empleo, deben estar en el debate nacional.