De vetos, rencillas y demás manipulaciones

Aparentemente, el toreo es un remanso donde cada torero pone lo mejor de su tauromaquia y cosecha lo que siembra a la vista de todo mundo. Ciertamente, sería Maravilloso sería que se mantuvieran incólumes, dentro y fuera de las plazas, los valores éticos que encierra esta particular manifestación del arte –cantada por los poetas y expuesta por creadores empeñados en preservar en el pincel, el bronce, las cámaras o la literatura lo que es efímero por naturaleza–. Pero como ocurre con todo lo humano, y más tratándose de un juego cuya vitalidad y riesgo implica y complica ambiciones y poderes encontrados, el riesgo de corrupción está a la vuelta de cualquier esquina. Y la tentación por torcer destinos a conveniencia encuentra cauces oscuramente expeditos.

Obstaculización sistemática

Esta columna ha clamado siempre contra la injusticia de puertas cerradas para los mexicanos en España a cambio del entreguismo de nuestros empresarios a diestros hispanos de los alcances y pelajes más diversos. Situación agudizada en la presente temporada, donde todo un Joselito Adame apenas lleva cuatro corridas toreadas en Europa y tiene que refugiarse en cosos nacionales ante el ninguneo sistemático de quienes organizan las ferias españolas de agosto, el mes con más toros del calendario. Como si San Sebastián, Málaga, Bilbao, Almería no supieran de legítimos triunfos suyos en el pasado reciente.

¿Y su hermano Luis David, a quien tantas bienandanzas auguraban no pocos críticos hispanos a raíz de su triunfal campaña novilleril de 2016 –“es otro Roca Rey”, decían–, y no se diga con motivo de sus éxitos en San Isidro último? Pues unas cuantas corridas de poca monta y adiós, gracias. Y cuando una empresa independiente, la de Azpeitia, lo incluyó hace poco en uno de sus carteles (el del domingo 29 de julio, aniversario 84 de la revelación de la pareja Garza–El Soldado en Madrid y la faena de Fermín a “Clavelito” en Barcelona), se mostró valiente pero poco puesto ante una corrida brava, no fácil, de Ana Romero. Lo cual tiene una lógica irrefutable: me comentaba cierta vez Paco Camino, durante una de sus intensas campañas en México al lado de Manolo Martínez, que su buena racha de entonces era producto de la confianza, del sitio adquirido, y que éste empieza a manifestarse a partir, más o menos, de la décima corrida al hilo que se torea. Me sorprendió que un maestro tan cabal mencionara la sutil diferencia entre torear esporádicamente y hacerlo con la continuidad debida, pero el tiempo me ha llevado a darle la razón. Y es precisamente esa discontinuidad el principal enemigo de toreros como Luis David, con atributos para escalar hasta lo más alto, excepto la confianza que da verle la cara al toro un día sí y otro también. Así, por más que luche y se arrime, si sus logros no se valoran (en nueve festejos ha cortado once orejas), el balance tiene que ser de altibajos… y cornadas (las sufrió en Olivenza e Istres, Francia).


Irregularidades sistémicas

Pero las sórdidas maniobras de los que mueven impunemente el tinglado han rebasado este año todos los diques de la impudicia, sin respeto a nacionalidades ni categorías. Así tenemos, de la parte alta del escalafón, los casos de Alejandro Talavante, Diego Ventura y hasta El Juli, proclamados triunfadores máximos de Madrid pero ausentes de varias ferias señeras por extraños manejos de poder, que incluyen rencillas personales con empresarios pero no excluyen vetos más o menos encubiertos por parte de determinados colegas de profesión y hasta algún ganadero. Y si eso lo resienten figuras consolidadas, qué decir del hecho incomprensible de que permanezcan en el paro un torero tan excelente como Saúl Jiménez Fortes (con apenas cinco corridas toreadas) o un artista de la talla de Diego Urdiales (con una sola), o que revelaciones como los veteranos Octavio Chacón y Emilio de Justo encuentren pobre recompensa a sus esfuerzos, nunca encartelados al lado de los mandones –que los rehúyen como a la peste–, mientras se les franquean las puertas a protegidos de méritos por lo menos dudosos, como Ginés Marín –al que apadrina El Juli–, Cayetano –buen cuate de Ponce– o Alberto López Simón, al que el sistema apoyó durante años sin que sepa bien a bien por qué extrataurinas razones. Y eso sin contar con el confinamiento en carteles segundones de toreros tan peligrosos para los de arriba como José Garrido o Pepe Moral, por no hablar de extranjeros capaces pero sin contratos, como el veterano Luis Bolívar, que está en plena sazón, o los jóvenes Joaquín Galdós, Jesús Enrique Colombo y Sebastián Ritter, de hechuras más que prometedoras pero sistemáticamente postergados.

Eso sí, aunque no meto la mano en el fuego por ninguno, llama la atención la liberalidad con que se manejan Miguel Ángel Perera y Sebastián Castella, que sin ser menos que nadie van a lo suyo sin fijarse mucho en con quién han de alternar ni darle mayor vuelo con la publicrónica.

Los casos especiales

Nunca han faltado, y hoy podría hablarse de los de Roca Rey –que en correspondencia a su entrega y poder taquillero va líder del escalafón (lo raro es que sea peruano)–, Paco Ureña –cosido a cornadas y tolerado por los ases, aunque no al grado de alternar con él–, Juan José Padilla –cuya conmovedora trayectoria, cercano ya su adiós, recibe el afecto de público y taurinos por igual– o Morante de la Puebla –que torea dónde y cuándo quiere–. José Tomás, en cambio, podrá ser un caso único en la historia y su solitaria aparición, en Algeciras, el suceso de la temporada, pero hace ya rato se le pasó la mano en su obsesión minimalista: debería prodigarse más, siguiendo tal vez el ejemplo de Morante. O el suyo propio entre 2007 y 2009.

En otro tiempo

Cuando en 1945 Fermín Espinosa “Armillita” volvió a torear en España, nueve años después del boicot que enderezaron en su contra sus “compañeros” hispanos encabezados por Marcial Lalanda, declaró en una entrevista que lo que más le llamaba la atención a su regreso no era solamente la reducida catadura del ganado, en comparación con el de los primeros años 30, sino los manejos administrativos de la fiesta, organizada no ya por las empresas locales de antes de la guerra sino por consorcios empresariales que empezaban a acaparar el mando y armaban sus ferias bajo la premisa de equilibrar gastos y obtener la máxima rentabilidad. Esto había acabado, para asombro de Fermín, con la torera seguridad de que a las corridas del año siguiente se llamara a los triunfadores del anterior. De modo que quien se acreditaba con hechos ante los toros y ante el público de una ciudad determinada, podía contar con el contrato de la feria venidera.

En tiempos globalizadores, ese desfase es más cierto que nunca. Y mucho más extremo.

Huamantla taurina y cultural

Afortunadamente, para sortear las oleadas del neoliberalismo rampante aún existen espacios de solaz, disfrutables en buena amistad y compañía. Y podemos darnos tiempo para reflexionar juntos acerca de las duras realidades que enfrenta la fiesta con argumentos como los que acaba de sacar a colación Jorge Raúl Nacif en su columna del sábado, en respuesta a la tendencia a negar acceso a menores de edad a las plazas de toros que se está desatando en México, a imitación servil de lo que ocurre en otros países.

Temas como éste aborda Ofensa y defensa de la tauromaquia, el libro escrito por el columnista con datos y reflexiones alusivas, que será presentado este jueves 9, en punto de las 19 horas, en el Museo Taurino aledaño al centenario coso de Huamantla; me acompañarán en el grato compromiso un matador de la vieja guardia, Raúl Ponce de León, legendario custodio del arte, y una figura tlaxcalteca muy actual, Uriel Moreno “El Zapata”, alternantes exigentes donde los haya, entre otras cosas porque la ética basada en los valores auténticos de la tauromaquia ha sido para ambos su guía fundamental.

Carteles

En cuanto a los festejos de feria, la noche del martes 14 será la Corrida de las Luces: ganado de Xajay para Joselito Adame, El Payo y Angelino D’Arriaga, precedidos por el rejoneador Santiago Zendejas; y el sábado 18 irán Jerónimo, Nacho Garibay, Arturo Saldívar y a caballo Luis Pimentel, con toros de La Soledad y huamantlada matutina.

Mientras tanto, en Teziutlán, donde ayer abrió feria el mano a mano Jerónimo–Joselito Adame con cuatreños de Piedras Negras, el cartel del domingo 12 incluye a Federico Pizarro, El Payo y Héctor Gabriel, más el trapío habitual en las reses de Tenexac, y el broche será el 19 con otra corrida cachetona, de De Haro, para José Luis Angelino, Fabián Barba y José Mauricio, y por delante el rejoneador huamantleco Luis Pimentel con los Forcados de Puebla.

Para que nadie se quede sin ver toros con casta y toreros con valor y arte.