De manera lúdica, niños se acercan al patrimonio cultural y al sitio arqueológico de Cholula

Martín Cruz dijo que, con apoyo de seis estudiantes de servicio social de las áreas de Arquitectura y Artes, se trata de sembrar semillas de interés e imaginación, para que abran su mente hacia otras disciplinas que tienen que ver con el entorno ■ Foto Abraham Paredes

Durante tres semanas, niños y adolescentes de los diversos barrios de San Pedro Cholula y San Andrés Cholula conviven en torno a la gran pirámide. Lo hacen como parte del curso de verano gratuito con el que aprenden, de manera lúdica, sobre la arqueología, la antropología social y la restauración, áreas científicas que giran en torno al patrimonio cultural material e inmaterial.

Hasta el 10 de agosto, unos 36 niños se reúnen a la sombra del gran árbol que se ubica dentro de la zona arqueológica de Cholula. Ahí, desde temprana hora, conviven y realizan diversas actividades: una excavación arqueológica simulada, la manufactura en miniatura de los diversos utensilios utilizados en tiempos prehispánicos que han tenido continuidad en la cultura, y la restauración de objetos que, como si fueran antiguos, presentan fisuras que hay que atender.

Martín Cruz, encargado de la zona arqueológica adscrita al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica que el curso de verano Aventura arqueológica tiene antecedentes en otros programas similares pasados los cuales, si bien se sabe son limitados pues no se puede atender a todo el universo de escolares que existen en dichos municipios, se realizan con el propósito de que un grupo de ellos reconozca el patrimonio arqueológico que los circunda.


“El tema es la zona arqueológica. Son niños locales que viven a la sombra de la pirámide pero que no lo entienden mucho porque es un sitio complicado de comprender. Sabemos que para poder conservar el patrimonio hay que entenderlo por lo que es nuestra pequeña aportación”, dijo acompañado por Belén Neri Torres, del área de Difusión Cultural, y Josefina Rodríguez Chávez, del departamento de Comunicación educativa.

Durante una entrevista expuso que, organizado por el Centro INAH Puebla, el curso busca difundir información y en su caso aclarar las dudas y errores constantes que existen alrededor de la pirámide y la sociedad que la habitó. Ejemplo de ello, son los supuestos de que en los túneles que existen dentro del cerro se “hacían extrañas ceremonias” o que “los cholultecas taparon la pirámide para que los españoles no la vieran”.

“Es una lástima que un patrimonio tan importante no sea tan entendido como debe de ser, pues la gente crea su propia información y sus propios mitos, y seguimos con esta desgracia de confusiones”, consideró Cruz.

Por tanto, expuso que, si con cursos como este se logra que esas confusiones queden aclaradas, entonces se puede considerar que “se ha avanzado un poco”.

El antropólogo de formación señaló que, a partir de la interdisciplinariedad, o cruce de disciplinas, los niños transitan diferentes áreas del conocimiento como lo es la conservación, la difusión y la visión social, y que incluso, para sensibilizarlos aún más, tendrán acceso a ciertos espacios del sitio que usualmente no están abiertos al visitante usual.

En ese sentido, Belén Neri señaló que el curso está enfocado a sensibilizar a los niños y adolescentes, divididos en los grupos de los “chapulines” y los bebedores”, para que sepan que además del Santuario, Cholula es poseedora de un sitio importante. “Hay que rescatar su patrimonio, valorarlo y conservarlo”, dijo.

Expuso que en el programa las acciones implican un acercamiento hacia las áreas científicas arriba citadas, a través de conocimientos clave. Como ejemplo es la restauración, tema en el cual reflexionarán sobre la pintura al temple, para conocer las formas y resoluciones técnicas que tuvieron los pueblos mesoamericanos en la construcción de sus propias pinturas, con colores que sobreviven en la actualidad. Otro más fue la reproducción de un cajón arqueológico lleno de arena y relleno con piezas que los niños, tras excavaron para luego interpretar; así, de un aparente anafre y tres antiguos carbones, pudieron inferir que era una cocina o un espacio con actividad doméstica.

Estos ejercicios y manualidades, completó Josefina Rodríguez, deja ver la rapidez, interés y destreza con las cuales los niños trabajan.

Dijo que, con apoyo de seis estudiantes de servicio social de las áreas de Arquitectura y Artes, se trata de sembrar semillas de interés e imaginación, para que abran su mente hacia otras disciplinas que tienen que ver con el entorno.

Destaca que, entre el ejercicio arqueológico de la primera semana, y la reflexión de restauración que habrá para el cierre, esta segunda semana fue dedicada a un aspecto humano y antropológico como lo es la gastronomía, tema abordado por la investigadora del INAH Cecilia Vázquez Ahumada.

La antropóloga señaló que la idea es provocar una reflexión sobre el quehacer del antropólogo  –apoyada en un cuento de Patrick Johansson sobre una flor que pierde su raíz–, seguida de una conversación en torno al maíz y a la llamada triada gastronómica mesoamericana, para visibilizar cómo existe una continuidad histórica reflejada en sus productos y en sus tecnologías.

“Hay un auge sobre el tema, hay una reivindicación de la cocina como elemento identitario, pero también como elemento político… Estamos en este centro que fue transformado, pero que estaba sembrado de flores y había milpa; se transformó pero seguramente la comunidad sigue con la memoria, con la reivindicación del espacio para producir cosas útiles, de alimentación, de su ritual y de adorno… Está en nosotros porque somos hombres del maíz”, sostiene Cecilia Vázquez.

Como coincidieron Rosendo y Carlos, dos de los niños asistentes, el curso “ha estado muy padre…” pues han aprendido y han descubierto nuevas cosas, además de que les ha resultado sorpresivo: “Cuando encontramos en la tierra restos de cosas de la antigüedad como jarros o esqueletos, nos gustó”.

Para Leonardo, del barrio de San Miguelito, del curso le ha gustado “la pirámide y el cerrito”, además de que han estado “todos unidos trabajando todos en equipo”, además de que han pintado, sobre un plato de yeso, a un bebedor tomando pulque, el mismo que aparece en el mural de Los Bebedores que resguarda este sitio arqueológico.