De informante a mensajero

Se necesita valor para

levantarse y hablar, pero también para sentarse y escuchar.

Winston Churchill


 

El título sugiere la reseña de un filme pero nada que ver. En todo caso podría tratarse de una pieza teatral, que sí lo es en buena medida. Pero en realidad se trata del penoso papel que ahora le toca jugar al presidente de República el 1 de septiembre de cada año.

Todo por culpa de Vicente Fox quien, con su tozudez y torpeza, llevó al extremo su confrontación con el Congreso, que culminó con la imposición de Felipe Calderón y trajo como consecuencia que se impidiera su acceso a San Lázaro y tuvo que entregar su Informe en la puerta. “Entregas y te vas” se convirtió en un sabroso son, que luego se hizo extensivo a sus sucesores. Con esa ruptura llegó a su fin una larga tradición mexicana destinada a rendir pleitesía al gran tlatoani, conocida en los anales de la picaresca política, como “el día del presidente”.

Abolida la parafernalia de tan fastuoso acontecimiento, donde el “ciudadano presidente de la República”, desde “la más alta tribuna de la nación”, le hablaba a la nación e informaba al “honorable Congreso de la Unión” sobre “el estado que guarda la administración pública federal”, se sustituyó por una burocrática entrega del “Informe” en el Palacio legislativo, seguida por un “mensaje del primer mandatario” emitido desde algún lugar estratégicamente seleccionado y transmitido, obviamente, en cadena nacional.

Por más pompa y circunstancia con que, cada vez más, se empeñan por engalanar al “mensaje”, siempre termina siendo una insufrible sarta de autoelogios y autocomplacencia, en medio de la descripción de un país de fantasía que solo existe en la mente del mensajero y sus empleados.

En eso, como en tantas otras cosas, el “mensaje” del presidente Enrique Peña Nieto, con motivo de su “primer informe de gobierno”, no tuvo mayor diferencia con los de sus antecesores.

Esta vez la sede fue una carpa, dicho sin sarcasmo alguno, resguardada entre Los Pinos (la sede original era el Campo Marte pero al final a alguien se le prendió el foco, uf por un pelo) y al escondite acudió la carga de los 600 dragones, en realidad 600 convidados de piedra, muy elegantes, sonrientes y aplaudidores, aunque algunos perdieron el estilo y se echaron una pestañita mientras el mensajero tiraba su rollo con enjundia.

Como ya se ha hecho costumbre, al no haber gran cosa que informar, el tiempo se llenó con retórica e imágenes que, cambiando fechas y voz, bien podría ubicarse en cualquier momento del desesperante y desesperanzador nuevo siglo. Las mismas frases grandilocuentes, las mismas promesas incumplidas e incumplibles, el anuncio del gran México cada vez más lejano e imposible y así hasta el infinito y más allá.

Son tan escasos y dudosos los resultados logrados por el gobierno peñanietista, que urgió a sus huestes del Pacto para que a trote y moche aprobaran su flamante reforma educativa, que presentó como el gran logro en lo que va de su gestión. Poco le importó que las calles de la capital estén tomadas por miles de maestros inconformes y millones de chilangos se ahoguen entre los embotellamientos y los aguaceros.

Y como Peña está empeñado en trascender como el gran hacedor de las “reformas estructurales” sin las que el país no podrá existir –según los neoliberales– se soltó el pelo y volvió a prometer que con la anunciada reforma energética y la apertura de Pemex al capital privado, la luz y el gas bajarán de precio y se crearán “cientos de miles de nuevos empleos con mejores salarios”. Pero sigue sin explicar cómo es que tal milagro ocurrirá. Y si no lo hizo en su gran foro, pues como dijo don Teofilito, ni lo hará.

Pero hoy por hoy, como lo fue ayer y será mañana, la economía es el centro de gravedad del país, del mundo mejor dicho. Y ahí fue donde la puerca torció el rabo, porque no hubo manera de ocultar que el país sigue atorado y no hay discurso que lo pueda mover. Las cuentas alegres, que prometían un crecimiento económico por arriba del tres por ciento, simplemente fallaron y no rebasará el uno por ciento.

No podría ser de otra manera porque, a pesar de que en la primera parte de su mensaje EPN se esforzó por deslindarse de sus antecesores panistas, en los hechos sigue por el mismo camino. Su apuesta por el crecimiento económico está basada en la inversión extranjera y sujeta al movimiento de los capitales golondrinos, es decir, depende del exterior.

Nada de desarrollar el mercado interno, que supondría una cuantiosa inversión pública y un cambio profundo, ese sí estructural, en la política fiscal y recaudatoria. Por el contrario, se insiste en no cobrar impuestos a las grandes empresas y capitales y en concesionar los recursos naturales y los bienes de la nación sin que los concesionarios paguen, al menos, lo que se paga en los países del primer mundo.

Y sin dinero no baila el perro. Así que la economía popular se sigue sustentando en las remesas familiares, la economía informal, el contrabando y el narcotráfico. Esa es la neta; lo demás son mensajes demagógicos.

 

Cheiser: Durante su reciente visita a Puebla, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, destacó que los poblanos que han emigrado a Nueva York por falta de oportunidades, “se han vuelto poderosísimos”. Pues será en Nueva York, porque en estas camoteras tierras no hay más poder que el del gobernador Rafa Moreno Valle. Por eso sueña con la grande.