De desarrollos y dependencias

En homenaje a Theotonio Dos Santos.

En este espacio hemos dialogado sobre las múltiples formas de violencia a las que nos somete el modo de producción capitalista, poco novedoso por cierto, pues desde el inicio de la modernidad burguesa se produce y reproduce cual serpiente mordiendo su cola, imponiéndose, así, en todas las geografías sin que parezca terminar. No importa cuánto aceptemos las crisis del desarrollo y aunque reconozcamos también la crisis de las teorías del desarrollo, no logramos del todo explicar el modo en que logra imponerse y garantizar su permanencia.

En la década de 1960, Theotonio do Santos junto con André Gunder Frank, Vânia Bambirra y Ruy Mauro Marini, entre otros, detallaron la relación de conflicto entre el llamado Desarrollo y el Subdesarrollo, para que exista uno, es necesario la existencia del otro. Es así como surgió la Teoría de la Dependencia. La mirada crítica ante las formas violentas e inequitativas de la acumulación de capital, sustentada en privilegiar a unos desde la subordinación de otros. El subdesarrollo no es la antesala obligada para transitar al desarrollo, sino la consecuencia necesaria para la existencia de este.


Desde la crítica de la economía política, Marx y Engels, enfatizaron que “la economía política no trata de cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases; si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y aparecen como cosas”. Así, las relaciones sociales de opresión quedan ocultas. El discurso de bienestar impuesto tras la segunda guerra mundial, fue cuestionado por los teóricos dependentistas, si bien con limitaciones es importante por lo que esa crítica representa en la construcción del pensar a Nuestra América.

Theotonio escribe “Si la teoría del desarrollo y del subdesarrollo era el resultado de la superación del dominio colonial y del surgimiento de burguesías locales deseosas de encontrar su camino de participación en la expansión del capitalismo mundial, la teoría de la dependencia, surgida durante la segunda mitad de la década de 1960, representó un esfuerzo crítico para comprender las limitaciones de un desarrollo iniciado en un periodo histórico en que la economía mundial estaba ya constituida bajo la hegemonía de enormes grupos económicos y poderosas fuerzas imperialistas, aun cuando una parte de ellas estaba en crisis y abría oportunidad para el proceso de descolonización.”

Así, la carrera ya estaba arreglada y perdida para algunos, pero no debemos perder la esperanza, nos toca reconocer una realidad no inmutable, dada–dándose, incluso, ahora, estamos incidiendo en ella. Es adecuado convocar a la reflexión desde la crítica, sumarnos a develar lo que, a simple vista, parece presentarse como desarrollo y bienestar, cuando si ponemos un poco de atención a las múltiples historias que surgen desde la subalternidad, y que han sido negadas, nos damos cuenta hoy como entonces, que no hay una historia única, sino que muchas voces han sido relegadas a hundirse en el llamado subdesarrollo. Es tiempo de buscar las fisuras y generar las rupturas necesarias que permitan construir un buen vivir.