Daño al Centro Histórico causado por el hotel Cartesiano busca camuflajearse

Daño al Centro Histórico causado por el hotel Cartesiano busca camuflajearse.

Camuflar. Esa es la acción que propietarios y autoridades municipales utilizarán para “minimizar” los daños al paisaje urbano y al patrimonio cultural de Puebla que dejó el hotel Cartesiano con la edificación de un balcón a ocho metros de altura que se planta en la esquina de la calle 3 Oriente y bulevar 5 de Mayo, y termina en un “rasgo moderno” (sic) expresado en el uso de este mirador de vidrio, al cual se accede por una escalera y una fuente iluminada dispuesta en su entrada principal.

Su impacto visual y edificado se tratará de disimular con la colocación de “macetones y plantas” que, con el tiempo, cubrirán con su verdor el remate de vidrio que intenta imitar las decoraciones propias de la talavera de Puebla, imponiéndose visualmente sobre la calle por su altura y su digresión con la naturaleza arquitectónica, material y visual de la traza.

Desde hace un par de meses este hotel dedicado al denominado “gran turismo” ha cambiado la fisonomía de la calle del Puente de Ovando con la edificación de esta suerte de lobby, el lugar de entrada y recepción para los visitantes que pueden pagar de cuatro mil 500 hasta 12 mil pesos por noche en sus habitaciones estándar, de lujo y presidenciales.


Así, la casa ubicada con el número 610 de la calle 2 Oriente que hasta antes del siglo XIX era conocida simplemente como la calle de Ovando por vivir ahí Agustín Ovando y Ledesma, español que constituyó una de las familias más importantes de la Puebla de los Ángeles, ha perdido totalmente sus características arquitectónicas pese a que forma parte del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos –con el número 21140010159– del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El hotel Cartesiano, inaugurado en noviembre de 2017 por autoridades municipales y estatales, no solo rompió con la visualidad de la esquina que forman la calle 3 Oriente y el bulevar 5 de Mayo con la colocación de esa suerte de balcón que impacta y obstruye visualmente con otras edificaciones del primer cuadro de la ciudad de Puebla, incluida las torres de la Catedral.

Su edificación también irrumpe sobre el propio bulevar: ahí, tras la remoción que habrá de la serie de tablones improvisados de madera, podrá verse la apropiación del espacio público que hizo el hotel sobre la esquina de la avenida Juan de Palafox y Mendoza, al colocar una reja que delimita su predio.

Asimismo, si el ciudadano o el paseante levanta la vista, podrá notar acentos que también impactan el contexto cultural: palmeras, muros de madera con pesadas través de metal, rejas que simulan “movimientos orgánicos” y por la noche, iluminaciones multicolores en dicho balcón.

No obstante, el hotel Cartesiano –según concibe en su propio sitio de internet– considera que “restauró para dar un toque de elegancia y modernidad” la llamada Casa de los Patios, una de las dos casonas –al lado de la casona de Los Arcos– con las que cuenta dicho negocio propiedad del socio y fundador Sergio De la Vega.

“Cartesiano –explica la firma– está ubicado en un moderno edificio de 40 habitaciones y dos hermosas mansiones coloniales que han sido restauradas con su rico legado en mente”.

En total dicho inmueble cuenta con 78 habitaciones, de las cuales aquellas ubicadas en la restaurada Casona de Los Arcos, una casa colonial del siglo XVIII, dan a un patio íntimo. “Para acceder a las 31 habitaciones de la Casa de los dos Patios, es necesario pasar junto a nuestra biblioteca…. Esta casa fue una vez una fábrica de azulejos”.

El “edificio moderno” del hotel, en cambio, “domina el patio interior… (y está) inspirado en los patios árabes medievales de España y los ‘hermosos conventos’ (sic) donde las monjas de Puebla desarrollaron una gastronomía única”.

 

El INAH tendría que asumir la responsabilidad como institución: delegado

Sobre los permisos de construcción realizados por el hotel Cartesiano sobre el inmueble identificado con el número 21140010159 en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos del INAH, el delegado en Puebla, Víctor Hugo Valencia Valera, fue claro: que éstos no fueron otorgados por él sino durante la anterior dirección encabezada por José Francisco Ortiz Pedraza.

Este último estuvo al frente del Centro INAH en Puebla durante cuatro años (2013–2017), hasta junio del año anterior, cuando Víctor Hugo Valencia fue destituido de la dirección del Centro INAH Morelos para ocupar la de este estado.

De inicio, el titular del INAH en Puebla dijo no “ubicar” el hotel sobre el cual le cuestionó esta reportera. Tras unos minutos, señaló que esa fue una obra que se encontró ratificada. “No la ubico. Déjame checar. Pero si es la que pienso, esa fue una obra que me encontré ratificada. Tienes razón en lo que dices, pero no me tocó a mí estar ahí, aprobarla”, expuso durante una entrevista breve.

Insistió que la construcción y las intervenciones que hizo el hotel Cartesiano eran obras que “venían de atrás”, es decir, que habían sido revisadas por la anterior dirección.

Incluso, señaló que era conveniente también cuestionar al ayuntamiento de Puebla, y que en particular “sería una buena pregunta para la Gerencia del Centro Histórico” que dirige Sergio Arturo de la Luz Vergara Berdejo.

No obstante, el antropólogo Víctor Hugo Valencia afirmó que si el INAH había autorizado la obra, tendría que asumir las consecuencias como institución y no de manera personal. “Yo en lo personal estaría en por retirar el permiso. Habría que asumir la responsabilidad, aunque las personas no somos las instituciones”, confió.

Camuflar para “minimizar la perspectiva”, dice Sergio Vergara

También cuestionado sobre la forma en que la arquitectura del hotel Cartesiano rompe con el paisaje urbano de Puebla, el gerente del Centro Histórico, Sergio Arturo de la Luz Vergara Berdejo, dijo que el proyecto fue revisado tanto por esta instancia del ayuntamiento como por el Centro INAH de Puebla.

Incluso, dijo que fue la Gerencia la que “le bajó un nivel a la esquina” del hotel, ya que revisaron la “composición” del predio que incluía edificaciones que abarcaban los siglos XVII, XVIII y XIX. “Se llegó al acuerdo que los restos y las estructuras antiguas se consolidaran y se integraran”, dijo durante una entrevista por separado.

Para el funcionario municipal, el “único concepto” que para la Gerencia causaba algún tipo de cuestionamiento hacia el hotel Cartesiano era el vestíbulo de la esquina. Por tanto, afirmó que fue esta oficina la que planteó la propuesta del camuflaje: “Planteamos que se ponga un macetón para que se pongan plantas y se rompa la dinámica del vidrio y se minimice de la parte de la perspectiva hacia el centro”.

Agregó que “en dos meses que crezca la enredadera se minimizará la perspectiva y se quitará ese elemento de modernidad del vidrio”.

El arquitecto de profesión acotó que la altura del balcón “cumple con la aprobación del INAH” ya que en el Centro Histórico se permiten hasta 12 metros de altura y en el interior hasta 14 metros. “Los propietarios del hotel están un poco de acuerdo, al principio estaban renuentes pero se harán las modificaciones camuflajeando (sic). Lo que nos interesa es que la gente invierta en el Centro Histórico, que haya un respeto a la historicidad, a la imagen urbana, a la perspectiva. Que camines y que adentro los elementos sean modernos, con instalaciones modernas y reforzamientos estructurales. Hay que trabajar con el INAH para que sigamos y vayamos de acuerdo con ver los contextos: no el edificio solo sino dónde está para se vea bien en el contexto”.

Un repoblamiento vecinal, no una redensificación turística

Para el investigador y académico Francisco Vélez Pliego el impacto al paisaje urbano del hotel Cartesiano tiene que ver con las políticas públicas establecidas por lo menos en las últimas tres administraciones estatales que han diseñado “una estrategia de modificación de las condiciones normativas” a partir de las cuales se gestiona la Zona de monumentos.

Estas estrategias, dijo el director del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la UAP, han involucrado la modificación de densidades de construcción y de poblamiento del Centro Histórico, el cual hace 30 años fue incluido en la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.

Ese discurso, continuó durante una entrevista, está ligado a la estrategia de redensificación del primer cuadro de la ciudad, el cual apuesta por una acción inmobiliaria más que de repoblamiento, es decir, de ocupación vecinal.

“Debemos trabajar en la idea no de la vivienda masificada que es la que quieren construir especuladores sino de cómo adecuamos las viviendas que se tienen a un mercado no equivalente al mercado del Infonavit o de las zonas residenciales medias”, expuso el urbanista. Por tanto, consideró que el punto de discusión tendría que ser en torno a la necesidad de que existan financiamientos y recursos que permitan la adecuación de viviendas dignas para la población.

No obstante, consideró que en los últimos 10 años las autoridades –municipales, estatales y federales han tenido una “obsesión: hacer del Centro Histórico un espacio turístico, con la proliferación de hoteles de dimensiones y alcances distintos; algunos respetuosos de las estructuras y otros con intervenciones que han dañado o modificado las estructuras históricas”.

En el caso del hotel Cartesiano, Vélez Pliego consideró que habría que revisar las condiciones en las cuales se dio la fusión de predios que ahora abarca el frente de la manzana que va de la avenida Juan de Palafox a la calle 3 Oriente.  “Tuvo que haber un conjunto de procesos jurídicos y administrativos que hicieron viable la construcción del inmueble, del patio intervenido que forma parte de la estructura original y de la construcción que ha roto con lo tradicional”, dijo en referencia a la fachada.

Afirmó que “el paisaje urbano ha sido alterado” y que es una falacia pensar “que el paisaje se aprecia desde la acera de enfrente de un inmueble”, ya que esa es una idea de “la visual que han vendido ciertos arquitectos que están vinculados, que fueron funcionarios o pasaron por puestos públicos, que se retiraron y se convirtieron en consultores para promover desde afuera las modificaciones normativas y jurídicas para hacer viable sus propios negocios”.

Acotó que el costo de este tipo de acciones sobre una Ciudad Patrimonio como es Puebla es algo grave, porque la noción de redensificación tiene que ver con la idea de concentrar todo en los 6.9 kilómetros que conforman la Zona de Monumentos y eso “es una aberración”, pues la ciudad tiene más de 200 kilómetros, cifra que se rebasa de manera conurbada.

“Pretender concentrar el crecimiento poblacional es una aberración urbana desde el punto de vista de garantizar asuntos como los servicios públicos, y eso es una política que va en detrimento de un crecimiento equilibrado de la ciudad”.

Por último, el académico Francisco Vélez argumentó que en este contexto hay una pregunta central: el saber para quién se construye la ciudad, ya que por este tipo de desarrollos turísticos en los que no hay transparencia en sus fondos y su desarrollo, es claro que no es para los ciudadanos de Puebla, sino se está pensando en otras cosas: aquellas que tienen que ver con los políticos y los endeudamientos, con los negocios y la sustracción de la autoridad pública, con la prohibición que existe sobre los expedientes gubernamentales y la forma en que la ciudadanía paga “estas ocurrencias”.