Cuidado del cuerpo y sabiduría ancestral

Para Jerónimo con muchísimo amor en su proceso de sanación

El pasado 9 de agosto se conmemoró el “Día Internacional de los Pueblos Indígenas”, la fecha pasó inadvertida en las ciudades y para la población no indígena. En México, el indigenismo se encargó de folclorizar, como mercancía de aparador, las expresiones culturales indígenas. Sin embargo, es relevante pensar lo indígena desde una mirada crítica, decolonial, que permita prescindir de etiquetas y políticas institucionales de preservación, y partir de lo propio. Escuchemos las voces negadas y silenciadas a través de la historia y que son cultura y expresión viva.

Es fundamental abrir la conversación a lo que los pueblos indígenas contemporáneos están viviendo. La lucha por la defensa de sus territorios, rechaza y trasciende la visión moderna que ubica la tierra como una mercancía. Las mujeres y hombres indígenas desde su cultura viva, y no desde las llamadas “ruinas”, construyen proyectos civilizatorios. En ocasiones sobreviviendo dentro del capitalismo y otras en completa confrontación con el sistema imperante. Sea de un modo u otro, los pueblos indígenas son entidades jurídicas sujetas de derecho, son grupos sociales construyendo proyectos para el bien vivir.


En su caminar, las mujeres indígenas, quienes luchan y defienden la madre tierra y la sabiduría ancestral en sus comunidades, levantan sus voces, con acciones para bien vivir. Su mirada para el cuidado del cuerpo a través del uso de medicina tradicional, herbolaria, masajes y sobadas, entre otras expresiones, parte de su relación con los elementos de la naturaleza para el cuidado de la salud.

La sabiduría ancestral indígena para cuidar el cuerpo y la vida, implica desarrollar sistemas de medicina desde una cosmovisión particular en su relación con la vida y la muerte, la salud y la enfermedad y, concretamente, sobre las causas de las afecciones, permitiéndoles diagnosticarlas, reconocerlas y generar las formas y procedimientos para aliviar, sanar, prevenir las enfermedades, promover y preservar el cuidado del cuerpo y la salud en general.

La medicina moderna se basa en el cálculo, la evidencia y la academia. La medicina ancestral indígena parte de la observación minuciosa del cuerpo y su relación con el ambiente, se rige por la emotividad, es intuitiva, y combina el amor, las emociones y las expresiones corporales de las mismas en su estrecha relación con la madre tierra. Es sabiduría surgida y conectada íntimamente con la madre tierra.

En ocasiones, por la mirada occidental, la medicina tradicional indígena ha sido despreciada. Sin embargo, cada vez más, desde una mirada holística, se apela al reconocimiento de la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas en el cuidado de la salud y la vida. En el cuidado y protección del territorio y del cuerpo. Importante es volver la mirada a aquellas experiencias de sanación que nos permitan reconectar con lo comunitario, con nuestro ser, nuestra corporalidad, para reconocer sus necesidades y atenderlas a través de los conocimientos que muchos pueblos y culturas han preservado sobre la madre tierra.