El cuerpo de la mujer y la pedagogía de la violencia

Escribo desde el dolor y la rabia, pero también desde la solidaridad y la esperanza. Los recientes feminicidios en Puebla, nos hacen encarar la destrucción y la muerte como símbolos y representaciones del monopolio de los territorios y los cuerpos de las mujeres. La subordinación histórica de las mujeres, se encuentra estrechamente relacionada con el modelo dominante de acumulación de capital y cada vez son más y más crueles las expresiones de la violencia que subyace al sistema. El cuerpo de las mujeres es considerado un objeto que le pertenece a los hombres y, por ende, el control de los cuerpos de las mujeres a través de la violencia y principalmente a través de la violencia sexual, es utilizado como botín, como un componente necesario para que opere el capitalismo actual. El patriarcado es un componente revitalizado para la acumulación de capital. La división sexual del trabajo es una clara muestra del contenido económico de la dominación masculina sobre los cuerpos de las mujeres.

Rita Segato, señala que la pedagogía de la violencia escribe en los cuerpos de las mujeres la amenaza, el dominio y el control. Las actuales expresiones de la violencia, tienen sus raíces en la inequidad histórica de las relaciones de poder entre hombres y mujeres impuestas por el capitalismo patriarcal. La violencia simbólica interiorizada legitima formas de discriminación tanto en el denominado ámbito privado como en el público. La visión patriarcal de poder naturaliza formas y prácticas culturales de dominación y violencia contra las mujeres, limitando derechos fundamentales como la movilidad, la expresión y el acceso a aspectos centrales para una vida digna. La negación histórica de los derechos de las mujeres, a partir de las inequidades económicas y socio–culturales, perpetúan la violencia contra las mujeres, permitiendo que los hombres se consideren con total control sobre la capacidad de acción y la sexualidad de las mujeres, que cosificadas en el marco del modelo de acumulación de capital, legitima el uso de la fuerza a partir de las doctrinas de la intimidad y del machismo institucionalizado y ante la total inercia de los gobiernos y autoridades.

Si bien la violencia contra las mujeres no es exclusiva de una cultura o región, esta se profundiza y adquiere particularidades en tanto la intersección de diversas formas de dominación como el origen étnico, la clase, generación y sexualidad, entre otras. El capitalismo patriarcal impone y legitima la violencia simbólica y estructural sobre el cuerpo de las mujeres, se codifica como la pedagogía de la violencia.


Es un reto para nuestra sociedad resarcir el deteriorado tejido social. Recuperemos la esperanza. Construyamos una pedagogía del cuidado de la vida, la dignidad y la justicia social. Es urgente que la sociedad se organice para generar las condiciones de equidad, respeto y cuidado entre nosotros mismos. Hago un reclamo y exijo a las autoridades desplegar los recursos necesarios para erradicar la violencia contra las mujeres. Porque no queremos ni una muerta más. ¡Alto a los feminicidios!