En Cuautinchan las personas huyeron al bosque ante el miedo de actos vandálicos

La paranoia que se sembró mediáticamente a nivel nacional con motivo de los supuestos saqueos que provinieron, luego de las protestas contra el aumento a la gasolina, espantó tanto al pueblo de Cuautinchan que en la víspera del día de reyes la alcaldía cerró sus puertas y algunos pobladores corrieron hacía el Cerro Partido para, incluso, pasar ahí la noche.

Pareciera que la tarde del jueves pasado los pobladores del municipio de Cuautinchan estaban esperando a que algo pasara, algo como lo que se había repetido en las noticias de los medios digitales y así fue.

Todo inició no en esta comunidad aledaña a la capital, sino en el municipio contiguo de Tepeaca, en concreto en la central de abasto. Eran las cerca de las 6 de la tarde, momento en el que los comerciantes estaban ya recogiendo su mercancía y sumando sus ventas del día, algunas camionetas apilaban sus productos para preparar su partida y regresar al día siguiente cuando se registró una corretiza dentro del gran mercado.


Comerciantes entrevistados no tienen claro a qué se debió la carrera, pero la inercia de ver gente corriendo obliga a hacer lo mismo, dijeron. Más cuando los gritos de “ahí vienen” se repetían entre clientes, comerciantes, trabajadores, vigilantes y todas las personas que de alguna u otra forma confluyen en esta central.

Mientras pegaban la carrera no tenían claro por qué lo hacían, pero allí estaban. Tomaron lo que pudieron de sus puestos, de sus autos y negocios y otro tanto lo dejaron para correr. La sorpresa del momento los apresó y siguieron la corriente.

Algunos entrevistados aseguran que vieron a hombres entrar a la central y que gritaron “ahí vienen”, luego los mismos que gritaron cuando vieron negocios abiertos y abandonados sustrajeron la mercancía que estaba a la mano mientras los propietarios corrían.

Cuando los que corrían cayeron en cuenta de porque lo hacían, se pusieron a pensar que podían defenderse ellos mismo de cualquier situación que los haya espantado, como ya lo han hecho.

Al llegar casi al fondo del pasillo principal de la central y cuando estaban replegados, los comerciantes se armaron de valor y regresaron, también, todos en conjunto para perseguir a las personas que los habían azuzado.

Para algunos, los incitadores huyeron en motocicletas y se retiraron hacia la capital del estado, por la vía de Cuautinchán. Armados de valor y otros de coraje, por las pertenencias que les sustrajeron, los trabajadores de la central subieron a sus camionetas siguiendo el rastro de los saqueadores que habían lanzado el grito de “ahí vienen”.

Fue así que a Cuautinchan llegó una serie de camionetas procedentes de la central de abasto de Tepeaca persiguiendo a no tenían claro a quién, pero al llegar al municipio vecino se repitió el mismo efecto que tuvieron ellos en su centro de negocios.

Pero en Cuautinchan la paranoia fue mayúscula, pues además del grito de “ahí vienen”, que fue la constante en los dos casos, los pobladores vieron una serie de camionetas de carga apostadas en la entrada principal de su municipio.

Sorprendidos, los oriundos corrieron y tocaron en las casas diciendo que habría saqueos como los que se habían anunciado en los medios digitales de comunicación y que se habían replicado en redes sociales, principalmente en cadenas de mensajes instantáneos de whats app.

Vecinos salieron de sus casas y tocaron en otras para decirles que hicieran lo mismo. El pánico llegó hasta la presidencia municipal gobernada por el Partido del Trabajo, que también cerró las puertas y dio por terminados los servicios.

Vecinos de Cuautinchán contaron que varias familias se dirigieron hacia la cañada natural que se llama Cerro Partido para resguardarse allí. Algunos aseguran que hubo familias que allá pasaron la noche por el temor que les provocó la presencia de camionetas de carga que al igual que ellos iban huyendo de algo que no tienen claro qué fue.




Ver Botones
Ocultar Botones