Cuando llega el hartazgo

A pocos días de finalizar 2016, diversos medios informativos publicaron en sus portales un balance del año que estaba por terminar, coincidiendo que una de sus principales características fue la complejidad que supone determinados eventos para el ya agitado contexto internacional, como el triunfo de Donal Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos o el asesinato en Turquía de del embajador ruso Andrei Karlov.

Particularmente en México, a pocos días de comenzar 2017, los medios informativos difundieron la noticia sobre el incremento al precio de la gasolina que dio a conocer la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y el incremento en las tarifas de energía eléctrica anunciado por la Comisión Federal de Electricidad, contradiciendo a plenitud el discurso que el presidente Enrique Peña Nieto utilizaba para defender la reforma energética: los precios de los energéticos irían a la baja.

Infortunadamente dicho discurso se disolvió en la volatilidad de la memoria de Peña Nieto, pues como da cuenta la edición del 28 de diciembre de La Jornada, el presidente afirma que nunca prometió que no subirían los precios de la gasolina, siendo que desde que era candidato en 2012, hablaba de la generación de generación de energía “más barata y el acceso a combustibles más económicos” (La Jornada, 28 de diciembre).


En tanto que muchos mexicanos comenzaban a hacer circular a través de las distintas redes sociales el repudio a estos incrementos que invariablemente afectarán su poder adquisitivo, los diputados se aprobaron un generoso bono de 109 mil 400 pesos aparte de otro que ya habían recibido, sin contar su aguinaldo, según dieron a conocer distintos portales informativos.

A estas alturas, muchos usuarios de las redes sociales dejaron –por fortuna– a un lado aquellas historias de ladies, lords y quinceañeras para organizarse y salir a las calles para manifestarse a través de todos los medios: cerrando carreteras y casetas, haciendo manifestaciones, tomando gasolineras, etcétera. Obviamente los amigos del poder y los tibios aseguran que manifestarse no es la solución, sino el trabajo y el esfuerzo diario.

Sin duda el trabajo y el esfuerzo son fundamentales, pero los frutos de ese trabajo y ese esfuerzo no son y no pueden ser para el disfrute de los corruptos, de los ladrones de cuello blanco, de los saqueadores y mentirosos; las marchas no son otra cosa más que una manifestación del hartazgo del despojo que ha provocado el actual Estado fallido.




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