¿Cuál democracia en el PRI? Lorenzo Rivera inicia “cargada” en Puebla a favor de Alito

FOTO: esimagen / Jafet Moz

Lo que no hizo en la pasada campaña electoral, ahora si lo está haciendo el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, Lorenzo Rivera Sosa, que es andar muy activo y al pendiente de los consejeros nacionales, los líderes de sectores y organizaciones priista para sacarles firmas de apoyo a favor de Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido como Alito, quien ayer pidió licencia como gobernador de Campeche y se ha convertido en el aspirante “oficial” para ocupar la cabeza del Comité Ejecutivo Nacional del tricolor.

A lo largo de los últimos dos días, tres personajes del priismo local se han dedicado a hacer un marcaje especial de todos aquellos que pueden dar su apoyo a Alito. Ellos son Javier Casique Zárate e Isabel Merlo Talavera, quienes son parte del equipo político de Moreno Cárdenas, y el tercero es Lorenzo Rivera Sosa, el presidente del partido en Puebla, quien tendría que guardar una posición imparcial.

De acuerdo al artículo 171 de los estatutos del PRI, en su fracción XV, quien quiera obtener el registro como candidato a la presidencia nacional del PRI debe tener el registro del 20 por ciento de la estructura territorial del partido o el 20 por ciento de los consejeros nacionales o el 5 por ciento de toda la militancia o tres respaldos de los sectores agrario, popular y obrero, así como de la Organización Nacional de Mujeres Priistas, la Red de Jóvenes x México, el Movimiento Territorial y la Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria.


El problema para el caso de Puebla, es que Alito no está en el ánimo de la bases y los líderes del PRI.

Una encuesta de Arias Consultores ubica que en Puebla el aspirante que acapara simpatías es José Narro Robles, el exsecretario de Salud y exrector de la UNAM, con un índice de aceptación del 43 por ciento, seguido de Ivonne Ortega Pacheco y Ulises Ruiz Ortiz, los exgobernadores de Yucatán y Oaxaca, quienes tienen 23 y 22 por ciento de manifestaciones a favor, respectivamente.

En cambio Alito está en el cuarto lugar y en el fondo de las preferencias electorales de los priistas, al tener un penoso 8 por ciento de aceptación.

Queda claro que tal como pasa en la opinión pública en general, a los priistas tampoco les gusta que alguien deje un cargo importante para ir en busca de otro. En el caso de Moreno Cárdenas pesa que está dejando la gubernatura de Campeche cuando apenas va a la mitad del sexenio.

Por eso hay una “cargada” para buscar los apoyos de Puebla a favor de Alito. Para que entren con “calzador”, ya que no es popular entre las bases del tricolor.

Frente a este escenario lo que llama la atención es la actitud de Lorenzo Rivera Sosa, quien en la reciente campaña electoral, en la cual el PRI –por segundo año consecutivo– quedó en el último lugar de la lucha por la gubernatura, se le vio siempre alejado de los líderes de organizaciones priistas y de los grupos regionales. Nadie buscaba integrar a las bases al trabajo proselitistas del partido.

Ahora Lorenzo Rivera Sosa ha dejado ese marasmo y anda ya haciendo campaña a favor de Alito, lo que viola el principio de imparcialidad que debería de guardar un dirigente y lo que es peor, que navega a contracorriente, ya que en el priismo poblano el gobernador con licencia de Campeche se le ve con escasas simpatías.

La actitud de Rivera Sosa refleja que nunca le interesó salvar del atolladero a su partido, sino que únicamente está velando por incrustarse en la “cargada” oficial de Alito para luego negociar una candidatura a diputado federal a favor de su hijo Lorenzo Rivera Nava.

Es decir, solo prevalecen los negocios de familia en el PRI, por encima de los ideales del partido.