Crónica de una muerte anunciada

Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Esta frase, atribuida a la agudeza de Rafael Guerra –torero español decimonónico– compendia la tragedia de Lobos BUAP, que por su cuenta y riesgo se metió en la boca del ídem y nunca supo cómo salir. Por el contrario, se fue adentrando a ciegas camino del desastre hasta hacerlo inevitable. Digamos –repito– que las cosas empezaron a torcerse desde que optó por jugársela sin un portero medianamente confiable y le encomendó el mando de la defensa al “Maza” Rodríguez. En este sentido, el autogol del decadente central mazatleco que selló el sábado la suerte del equipo en Monterrey tiene un valor simbólico: a Lobos lo hundió el pesado lastre que se empeñó en cargar desde su primer día en Primera.

 

LAS CARAS DE LA DEBACLE

A los apuntados errores de construcción se sumó la ventaja que se dio al suspender por decisión interna a Julián Quiñones cuando estaba en el pico más alto de su producción goleadora –fechas intermedias del Apertura 2017–; fue a resultas de aquel episodio de página roja que derivó en la decisión de separar del equipo a Pedro Quiñones, el mismo que, ya con el Toluca, les clavó los dos goles de su derrota reciente ante el cuadro choricero. El tema se manejó como un asunto del código ético del club, pero dio al traste con su buen juego inicial justo cuando éste crecía semana a semana. Los puntos sacrificados por esa vía –cinco o seis por lo menos– seguramente habrían servido para salvar la categoría a pesar de las vacas flacas del Clausura 2018.


 

EL FACTOR PUENTE DEL RÍO

Independientemente de haber buscado en mala hora al “Maza” y descuidado otros aspectos de la estructura básica del equipo, su mensaje, su idea del futbol, funcionó bien al principio porque tomó por sorpresa a la perezosa Primera División que padecemos. Pero la defensa siempre fue un desastre y a la larga quedó claro que teoría no mata experiencia: llegó el momento en que el discurso de Rafa Puente –falto de variantes– se agotó, al tiempo que tropezaba con adversarios ya prevenidos; seguramente también sufrió una crisis de credibilidad ante sus pupilos, un fenómeno típico de etapas en que lo que el estratega preconiza deja de dar resultados en el campo. La debacle posterior siguió el derrotero previsto para esta clase de situaciones, que ni fue la primera ni será la última vez que se dan en el futbol.

 

EL TIRO DE GRACIA

Fue la destitución de Puente, inexplicablemente reemplazado por su segundo de a bordo. Las cuatro derrotas consecutivas de Alcántar al frente del equipo simplemente certifican lo erróneo de la medida –tomada por una directiva no menos bisoña y desconcertada–. Y la designación de Julián Quiñones para tirar el penalti del sábado en Monterrey que habría supuesto el empate a uno simplemente confirma la obnubilación del improvisado DT, al encomendarle dicho lanzamiento a un tipo cuyo historial en ese renglón aconsejaba descartarlo de inicio, dado que de cinco penas máximas que ejecutó en la doble temporada, nada más desperdició cuatro. La última, sin duda, la más dolorosa de todas.

 

CONCLUSIÓN

Lo demás, incluidas descaradas ayudas arbitrales al Veracruz en fechas y situaciones clave, viene a ser lo de menos, dado el peso brutal que alcanzan los erróneos manejos deportivos y administrativos que caracterizaron la corta aventura de Lobos BUAP en la Primera División, cuando parecía en condiciones de asegurarse la permanencia.

 

¿RESURRECCIÓN CAMOTERA?

El Puebla tenía olvidado lo que era ganar no digamos al América –que llevaba lustros sin perder en el Cuauhtémoc– sino a cualquier adversario. Y de repente… ¡zaz! 3–1 sobre las Águilas. Lo más interesante fue la rotunda demostración de superioridad del equipo de la Franja en todos los terrenos. El que buscaba asegurar un sitio confortable en la liguilla, el candidato de muchos a campeonar no parecía el paliducho cuadro de Coapa sino el que portaba el viernes franja azul. Y el apabullante 3–0 solo se rompió pasado el minuto 90 por obra de la habilidad de Renato Ibarra, pero también porque los numerosos poblanos que fue dejando en el camino decidieron no cometerle falta y dejarlo prosperar limpiamente hasta las barbas de Moi Muñoz. Al América se le vino la noche pronto, incapaz de superar el golpe que supuso el temprano gol de Chumacero (6’). Y la fruta fue madurando hasta estrellarse en la realidad de una goleada sellada por Omar Fernández (60’) y Pablo González (80’).

Tan intenso llegó a ser el baile que el “Ojitos” Meza debió llamar al orden a sus pupilos para que continuaran jugando en serio en vez de entregarse al adorno superfluo. Hasta dejar la molesta impresión de que la racha nefasta en que últimamente se metieron tuvo que ver más con la irresponsabilidad que con la impericia de los jugadores. El “Piojo”, por su parte, al no tener nada que aducir en el terreno futbolístico, se tapó asegurando que a sus aguiluchos “todos les juegan a morir”.

 

ANTECEDENTES LEJANOS

Hacía muchísimo que el Puebla no se daba el lujo de hacerle tres goles al América por rumbos de la autopista. Inolvidable aquel 3–0 con que le rompió al América de Reinoso, Borja y demás ases del elenco amarillo un invicto de 23 fechas –sumadas dos ligas consecutivas, no minitorneos–. José Antonio Roca, el entrenador visitante, desahogó la frustración acusando al Puebla de Ángel Zubieta de ser “flor de un día”, pero ni eso lo libró de un baile memorable, subrayado por las anotaciones de Borja, Brambila y Bianchini (30.01.72). Pero tan buen o mejor sabor dejó el doble partido de la liga 1972–73. Resulta que el árbitro peruano Arturo Yamasaki, traído a México por Guillermo Cañedo, mandamás del América, de Televisa y de la FMF, suspendió en el minuto 82 el choque que el Puebla le ganaba 3–2 al trabuco de Coapa con tres golazos de Manuel Lapuente, inspirado como nunca. El pretexto del ladino silbante fue “obstrucción” de parte del entrenador camotero Nacho Trelles. Para redondear la trapisonda del peruano, el tribunal federativo decretó no que se jugaran los ocho minutos restantes, sino la reposición completa del partido. Este se celebró un mes después, entre semana y por la tarde, y el Puebla, sobreponiéndose a un penalti fallado por Alfonso Sabater, les repitió la dosis a los capitalinos, esta vez con dos anotaciones de Berna Brambila y una de Rafael Borja. El berrinche de Roca y los suyos –incluida la telecrónica al servicio del América– fue memorable. Y de ahí, un salto en el tiempo hasta la temporada 1991–92 en que las Águilas –ya denominadas así– se encontraron en el Cuauhtémoc con un 3–1 que debió ser mucho más abultado, a tenor con la magnitud del meneo que el Puebla de entonces les propinó. Zico –un brasileño rubio que fue lo único que hizo aquí–marcó de tiro libre el primer gol, Poblete y Chava Reyes hijo completaron el marcador, goleada suavizada a última hora por Zaguinho. Era el 9 de febrero de 1992, a la Franja la entrenaba Lapuente y, desde entonces y hasta el viernes, nunca le había vuelto a meter tres el Puebla al América.

 

EL ADIÓS DE RAFA MÁRQUEZ

Rafael Márquez se despidió del profesionalismo en el marco del clásico tapatío del viernes en un Estadio Jalisco casi lleno. No importó a los fanáticos atlistas que la noche haya quedado reducida al único gol del encuentro, registrado en fulgurante ataque rojinegro rematado por el joven Ortega antes de que se cumpliera el primer minuto de juego y la jubilosa despedida final a su viejo capitán. Lo demás fue una penosa demostración de impotencia de dos escuadras juveniles –el único titular que alineó el Guadalajara fue su arquero Rodolfo Cota, y del Atlas habitual solamente participaron el homenajeado, Barreiro y Caraglio. La verdad, eran mucho más interesantes aquellos encuentros del difunto torneo nacional de reservas que se jugaban antes de cada partido oficial, que la patética demostración de las reservas del Atlas y las Chivas actuales. Ahora la discusión es si el “Káiser” debe o no figurar en la lista de Osorio para Rusia. Un planteamiento basado en si Rafa reúne o no las condiciones físicas y futbolísticas para participar está de más, porque la respuesta sería rotundamente negativa. Pero si lo llevan, contar, al lado de Antonio Carbajal, con un segundo “Cinco copas” –para lo cual bastaría concederle a Márquez unos cuantos minutos en algún encuentro mundialista– podría convertirse para México en el recuerdo más amable de un mundial que para nosotros no pinta bien en ningún otro sentido.

 

ADIÓS A WENGER

Otra despedida sonada fue la que anunció el jueves Arsene Wenger, el legendario director técnico que le cambió la cara al Arsenal londinense, a cuyo frente habrá permanecido 23 temporadas enteras de la liga Premier cuando termine la que está en curso. Además de imprimir un brillo alegre a su juego tradicionalmente áspero, los gunners le deben al astuto timonel galo la obtención de dos títulos de copa y tres de liga (1997–98, 2000–2001 y 2003–2004), ganada la última de ellas sin una sola derrota, lo que no tenía precedentes ni ha vuelto a suceder en Inglaterra.