Crisis ambiental

La Ciudad de México, cuyo flamante nombre inconsulto fue impuesto por algún burócrata que se ha de sentir hinchado de emoción por su osadía, aunque nunca se entere de la opinión de los habitantes de esa ciudad sobre el nombre quisieran dar al lugar donde viven, padece una de las peores contingencias ambientales de su historia.

En buena medida la enorme contaminación ambiental de la capital del país, tiene como telón de fondo la desordenada expansión urbana que ha significado la destrucción casi total de las áreas verdes que favorecen la vida citadina. Esas superficies que debieron haber sido protegidas con firmeza, fueron entregadas al capital inmobiliario que ha obtenido enormes ganancias con la especulación del suelo urbano y ahora levantan grandes torres que se asientan en cualquier breve espacio y hacen inviable la diversidad biológica o la existencia de áreas de mitigación ambiental, deforestan los últimos resabios de zonas arboladas y dejan a los ciudadanos sin las indispensables áreas verdes.

En síntesis, la urbanización desordenada y especulativa que hace infernal la vida urbana, hoy hunde en la incertidumbre el futuro de la capital del país y detrás de todo esto se encuentra la especulación con el suelo, el despojo a los propietarios de la tierra y la corrupción generalizada para violar restricciones y determinaciones de uso del suelo, cuyo soslayo ha beneficiado, y sigue beneficiando, a muchos de los asistentes al convite de Diego Fernández que reunió a los espadachines del neoliberalismo.


Hoy la Ciudad de México padece el cambio climático de manera alarmante, consecuencia del aumento desproporcionado en la emisión de gases de efecto invernadero de origen antropogénico y centenares de miles, millones, viven a diario los efectos de estas severas transformaciones, entre otras: el aíre altamente contaminado e irrespirable de la ciudad, la carencia de agua, los severos cambios de temperatura: del frío extremo al calor insoportable, entre otros.

Al parecer la situación de la Ciudad de México es irreversible. No hay, según se ve, una estrategia integral para combatir el fenómeno y las necesarias por radicales –como la desindustrialización o la ubicación de los poderes de la República fuera de la megalópolis– parecen inviables en un régimen como el actual, muy solícito para perseguir la disidencia social, a los expertos independientes, a los maestros, a los periodistas indoblegables ante la coima o las amenazas, pero da manga ancha y se hace cómplice de los capitalistas depredadores.

No hay dudas, lo que ocurre en la Ciudad de México debe ser una experiencia insoslayable si se quiere evitar en Puebla una catástrofe como la que tiene en proceso agónico a la capital del país. Medidas estrictas como el respeto sin concesiones a las áreas de amortiguación ecológica que aún perviven; creación de reservas territoriales que amplíen las zonas verdes, evitar los incendios que “accidentales” que destruyen los escasos bosques aún existentes; elaboración de un plan de desarrollo urbano, que prevea la expansión de la ciudad y contenga medidas para lograr una equilibrio entre las distintas zonas donde se desarrolla la vida urbana –que no vea como marginal las áreas recreativas, las zonas verdes, ¿por qué no? Una ciudad jardín todavía es posible si se atan los afanes de lucro privado– sería urgente, pero más lo es la elaboración de un plan de acción para la frenar el deterioro ambiental basado en un mapa de riesgos y control de emisiones que tenga informada a la ciudadanía y ayude a fortalecer las medidas de control necesarias; por supuesto, hay que insistir en la prioridad que debe tener el transporte colectivo sobre el individual.

En Puebla tenemos una larga historia de destrucción del medio, el proceso de urbanización ha sido implacable, como lo es en cualquier ciudad capitalista. Entre otras, la ciudad ha perdido áreas como el cerro donde se ubican los fuertes de Loreto y Guadalupe; el bosque de Manzanilla y muchas otras que nadie nos devolverá, pero estamos a tiempo de actuar, si so fura posible, para tener una ciudad sustentable.