Crecimiento de la deuda pública como resultado de la política de austeridad fiscal

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público informa que la deuda pública al primer semestre de 2018 suma 10 billones 578 mil millones de pesos, lo que representa el doble de la deuda existente al inicio de la administración de Enrique Peña Nieto. Ello contrasta con el pobre crecimiento de 2.1 por ciento promedio anual manifestado a lo largo del presente sexenio.

Cabe señalar que la deuda en si no es mala, si se utiliza para incrementar la inversión y la capacidad productiva, para así impulsar la dinámica económica, el ingreso nacional y la captación tributaria, para poder cubrir las obligaciones financieras que se derivan de dicha deuda. Pero ese no ha sido en caso en la economía nacional. La inversión pública a fines de 2012 era el 5.3 por ciento del PIB, y en el primer trimestre de 2018 era de 3.1 por ciento del PIB, por lo que la mayor deuda pública no se canalizó a incrementar la inversión, ni la capacidad productiva, y de ahí el bajo crecimiento económico, y el hecho de que continúan la baja captación tributaria y las presiones sobre las finanzas públicas que llevan a mayor endeudamiento del gobierno. Al no incrementar la inversión productiva, no hay crecimiento de la productividad y de la capacidad productiva para reducir el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales para su financiamiento, por lo que el gobierno tiene que emitir deuda para atraer capitales para financiar el déficit externo.

Por más que el gobierno privilegia la política de austeridad fiscal para evitar incrementar la deuda pública, dicha política de restricción de la inversión y del gasto público, termina aumentando el monto de la deuda, tanto del sector público, como del sector privado. La menor inversión y gasto público, como hemos dicho, atenta sobre el crecimiento productivo, sobre el ingreso nacional, lo que mantiene las presiones sobre las finanzas públicas. El deterioro de la capacidad productiva derivado de dicha política, mantiene las presiones sobre el sector externo, todo lo cual aumenta el monto de la deuda. El sector privado al ver restringido el crecimiento del mercado interno, por el menor gasto público, ve disminuido su ingreso y acentuado sus problemas financieros que lo llevan a recurrir a deuda para encararlos. Asimismo, la menor competitividad que genera la menor inversión pública, coloca a la producción nacional en desventaja frente a importaciones, lo que disminuye más los ingresos y ganancias del sector privado, lo que lo lleva a recurrir a mayor deuda. De tal forma, la economía cae en un círculo vicioso, de austeridad fiscal y mayor endeudamiento público y privado.


El nuevo gobierno que asumirá el 1 de diciembre ha reiterado que trabajará con austeridad fiscal y que no recurrirá a deuda. Tal posición evidencia que no se han dado cuenta de lo que ha pasado en la economía nacional y en todas las economías que privilegian la austeridad fiscal para reducir el monto de la deuda y no lo logran, debido a las consideraciones antes señaladas. La austeridad fiscal seguirá manteniendo cada vez menos crecimiento económico, lo que merma el crecimiento del ingreso de la mayoría del sector privado, sobre todo aquel que crece hacia el mercado interno, por lo que aumentará la deuda del sector privado, como del sector público, porque éste seguirá viendo contraída la recaudación tributaria por el bajo crecimiento del ingreso nacional. Dicha política fiscal, seguirá atentando sobre la baja productividad y competitividad y continuarán las presiones sobre el déficit de comercio exterior y la emisión de deuda pública para financiar dicho déficit.

A ello se suman las presiones sobre el tipo de cambio derivadas del mayor déficit de comercio exterior, como de la menor entrada de capitales ante la incertidumbre que origina el bajo crecimiento, como el déficit de cuenta corriente creciente. A ello le seguirá el alza de la tasa de interés, por lo que ambas alzas incrementarán el costo de la deuda pública y con ello el déficit fiscal, con el consecuente mayor endeudamiento.

Es falso que una alta deuda pública disminuya el margen de maniobra para el ejercicio del gasto. Un gobierno soberano que tiene el control de la moneda, no tiene restricción financiera alguna. Los límites del gasto público están dados por la capacidad productiva interna de respuesta a dicho gasto. De ahí que la expansión del gasto público debe canalizarse a impulsar la producción nacional, para que ésta satisfaga la mayor demanda generada y así evitar presiones inflacionarias y sobre el sector externo.

Si la economía trabajara con gasto público deficitario a favor del desarrollo tecnológico y de la capacidad productiva, ello impulsará la dinámica económica, el empleo y el ingreso nacional. Las empresas tendrían recursos para adquirir la emisión de deuda del gobierno, sin necesidad de aumentar la tasa de interés para ello, dado que le conviene al sector privado la mayor expansión del gasto público para aumentar sus ventas e ingresos. El mayor crecimiento económico se traduce en mayor recaudación tributaria por lo que se corregiría el déficit fiscal impulsor del crecimiento. Asimismo, dicha dinámica disminuiría el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales y en consecuencia el monto de la deuda pública externa. Solo el crecimiento económico, con alto efecto multiplicador interno, puede reducir el monto de la deuda pública.