Convocatoria dual

En la primera semana de AMLO como virtualPresidente electo se dieron dos declaraciones contradictorias sobre el tema educativo. Una muy positiva en el marco del encuentro con los empresarios y otra sumamente negativa después de la entrevista que tuvo con el Rector de la UNAM.

En la reunión de AMLO con el Consejo Coordinador Empresarial se produjo la excelente noticia: el primer acuerdo formal que habrá entre el Presidente y el CCE será sobre el acceso al estudio y al trabajo de los jóvenes.

Por lo menos no pasó como con la gasolina, el aeropuerto o el avión presidencial, que en los primeros días se pusieron en duda en cuanto a su viabilidad. En este caso se reiteró que habrá el apoyo a los jóvenes con una inversión de 110 mil millones de pesos. Pero además no sólo se habló de una beca en dinero, sino de una forma concreta para otorgar ese apoyo y que, efectivamente, sirva para lo que se dice y se pueda comprobar.


La forma es sencilla. El gobierno aporta el dinero y las empresas contratan a los jóvenes como aprendices, para lo cual crearán una estructura de tutores. Con el fin de asegurar lo anterior, se hará una reforma a la Ley Federal del Trabajo que convertirá a las empresas en espacios de enseñanza aprendizaje, además de crear la figura del aprendiz.

La iniciativa apunta a lo que en otros países se conoce como formación dual, es decir, que la educación se lleva a cabo tanto en el aula como en la empresa. En Alemania por ejemplo, el tiempo que se pasa en la escuela puede ser de un 30 o hasta un 40 por ciento y en la empresa del 70 o el 60 por ciento, respectivamente.

En México, como en la mayoría de los países latinoamericanos, no apreciamos a la educación técnica; pensamos que es de segunda clase. Nuestra máxima aspiración sigue siendo la educación universitaria, a pesar de que muy pocos se dedican profesionalmente a lo que estudiaron y tenemos una pirámide ocupacional deformada, en la que los ingenieros se ocupan como técnicos y los doctores en muchas ocasiones deambulan en el desempleo.

Brasil, Colombia y Perú tienen excelente formación técnica. En Brasil, por iniciativa de la industria, crearon el Servicio Nacional de Educación Industrial con magníficos resultados; en Colombia tienen el Servicio Nacional de Aprendizaje, con un reconocimiento de la población de más del 95 %, y en Perú es más diversificado, pero también tienen resultados reconocidos internacionalmente. Demás está citar a Cuba que cuenta con uno de los mejores sistemas de formación técnica. En cambio en México, al Conalep le decimos “nacolep” y sigue siendo una de las últimas opciones que escogen los jóvenes para sus estudios, a pesar de que sus egresados son muy bien valorados por las empresas.

La formación dual, en la escuela y en la empresa tiene además la característica de que las evaluaciones no dejan lugar a dudas. O se es competente para el puesto o no, a la vista de todos. Cierto es que requiere de una inversión considerable pero los resultados son indiscutibles para los jóvenes en formación y para las empresas beneficiadas.

La experiencia en nuestro país no ha sido muy buena que digamos. Prácticamente se abandonó la figura del aprendiz porque los empresarios abusaban de ella. Los contrataban por 3 meses, los mantenían como mil usos y luego los desechaban para no generar derechos. Fue hasta hace poco que la Coparmex, el Conalep y la subsecretaría de educación media superior impulsaron esta formación, aunque los resultados han sido muy lentos, entre otras cosas porque no se ha legislado al respecto. Esperemos que la acción concertada de gobierno, empresarios y familias logre garantizar las mejores prácticas al respecto y poco a poco se cambie la cultura que no valora suficientemente a la educación técnica. Más que nunca hoy México necesita de una política de Estado de formación de recursos humanos para el desarrollo que esté íntimamente vinculada a las necesidades de la producción y distribución de bienes y servicios.

En la misma semana se produjo por parte de AMLO otra noticia no tan buena respecto de la educación. Aprovechando una visita que le hizo el Rector de la UNAM les dijo a sus simpatizantes que el agua se convertirá en vino o, lo que es lo mismo, que no habrá rechazados en las universidades. Después de agradecer la “gentileza” del Rector por haberlo visitado, lo comprometió públicamente y sin decírselo, a convenir con el nuevo gobierno que la UNAM hará su máximo esfuerzo para no rechazar a estudiantes.

Cierto que fue a pregunta de un reportero. AMLO reconoció que no hablaron de eso, pero que nadie se va a quedar sin la oportunidad de estudiar, “ése es un propósito y compromiso que hemos hecho, no habrá rechazados”, añadió el virtual. Recordó también su propuesta de 300 mil becas de 2 400 pesos mensuales a estudiantes de escasos recursos económicos, lo cual es una magnífica noticia, pero depende del contexto. Si es para apoyar a los estudiantes de pocos recursos económicos pero buenos en sus estudios, tiene sentido. Pero si es para ayudar indiscriminadamente a quien lo necesite, ese ni buscará otras opciones y bien podrá convertirse en carne de cañón de los coyotes que terminarán por cobrar su colocación.

Y eso también fue lo malo. Después de muchos años que la UNAM se ha quitado de encima la enorme presión de que la gran mayoría de los estudiantes de la ciudad de México y del país quieren entrar a sus aulas, vino AMLO a decir, después de la gentileza del Rector que no habrá rechazados. Vaya presión que de inmediato echó sobre la UNAM y el resto de universidades. Las que no se abran tendrán a los rechazados, con el aval del Presidente, tocando (es un decir) a sus puertas y con la beca en las manos. Pero qué necesidad de complicar las cosas. Dos visiones en una misma semana.