Consenso o polarización

Tomó posesión el nuevo Congreso dominado por Morena, al que el Presidente Peña envió su último informe. La democracia de oropel como alternativa a la democracia decadente. “Es un honor estar con Obrador”, gritaba la mayoría de la nueva abyección, frente al discurso sinvergüenza y cínico del PRI: “no somos mercenarios de la política”. Pero igual de aberrante sonó el recuento de los 43 normalistas, dolor vivo en la sociedad, utilizado de la manera más inmoral por parte de quienes también han sido cómplices de los crímenes cometidos por el narco-estado que ha engullido a toda la clase política.

Todo un espectáculo muy por debajo de las exigencias morales de la regeneración nacional. Democracia colérica, la calificó el mismo Muñoz Ledo.

En la nueva mayoría hay de todo, como ya lo sabíamos. Efectivamente están representantes de la izquierda socialista y democrática, pero también de muchas otras tendencias políticas e ideológicas, unidas por las ideas de la cuarta transformación que, a estas alturas, no sabemos todavía su pleno significado, más allá de la República de la Austeridad.


Y es en ese más allá de la República de la Austeridad dónde aarece un tremendo hoyo negro ¿Cuál es el objetivo de la cuarta transformación? En otras palabras, ¿Cuál es el programa que la fundamenta, le da sentido, ritmo y orientación?

Veamos. Contra la corrupción las cosas aparecen claras. Contra la inseguridad y la violencia se complican mucho. Contra la pobreza y la desigualdad se propone el asistencialismo inmediato. Nada claro en el mediano y largo plazo. Se prometió echar para atrás a las reformas estructurales y sólo se ha confirmado que se hará con la educativa. Se dijo que había que desmantelar el modelo neoliberal y generar un modelo alternativo. Hasta ahora, sin embargo, sólo se han anunciado ajustes austeros y asistenciales al modelo existente, reforzado con el acuerdo comercial con los Estados Unidos, con o sin Canadá. Por último, se anuncian nuevos proyectos de inversión sin mayor respaldo que la idea general que su probable utilidad en sí mismos, sin mayor articulación con la estrategia del conjunto.

Lo más lógico sería proponer el nuevo modelo que sustituirá al neoliberal, para de ahí desprender los objetivos y las estrategias, líneas de acción, períodos de transición, ritmos de aplicación, etcétera. Sobre todo en cuanto hace a la lucha contra la desigualdad y la pobreza que exige de acciones de corto plazo, pero fundamentadas en una visión de mediano y largo plazos. Y lo mismo es aplicable a la lucha contra la violencia y la inseguridad, a la construcción de un Estado social y democrático de derecho y por un desarrollo social, humano y sustentable. O ¿acaso se piensa que todo se resolverá acabando con la corrupción o denostando con discursos al viejo régimen?

“Nos dejan un país en ruinas” dijo Mario Delgado. Agregó, “Justicia, justicia, justicia”, es el clamor que recorre todo el país. Pero las propuestas anunciadas por Morena al respecto (perdón sin olvido),  parecen responder más a la conquista del poder por la vía electoral, que ya alcanzaron, y menos a ese clamor, como quedó de manifiesto en los foros con las víctimas.

Nada sobre las propuestas positivas para la cuarta transformación. Sabemos lo que no queremos casi todos en México, pero casi nada sobre lo que quiere Morena para todos en México. Sólo Porfirio insiste en la nueva Constitución para la cuarta república, pero ¿la pensará en serio con un Congreso colérico?

Ya he dicho que para ganar en las elecciones AMLO se alió con quién se pudo y pepenó lo que se pudo. Se ganó la rifa del tigre, literalmente. En alguna entrevista dejó la impresión de que esa era su mayor preocupación, es decir, qué hacer con un triunfo tal holgado y con tantas expectativas. Por eso en otra colaboración advertí que más parecía el aprendiz de brujo que el domesticador del tigre. El nuevo Congreso parece entonces esa multitud de escobas que el aprendiz ha dejado libres y que barrerán sin ton ni son, al grito de la patria es primero.

El equipo hacendario y económico aconseja prudencia y mesura; los negociadores internacionales nadan de a muertito y diversifican  relaciones, por lo menos de palabra. Hasta ahora han tenido las circunstancias de su parte y ha imperado el pragmatismo. Más ya se empezaron a escuchar las voces de los impacientes, de los que quieren o aclarar el rumbo o radicalizarlo  y reclaman el desmantelamiento del modelo neoliberal. También de los tropiezos y tumbos de algunas medidas como la consulta del aeropuerto o de los dichos sobre seguridad.

El aprendiz de brujo tendrá que multiplicarse para mantener el orden entre las escobas. Nada fácil resultará. Su poder sólo en la apariencia mantendrá su fortaleza. El mosaico de fuerzas que es Morena será presa de la aparente docilidad de los poderes fácticos que ya se adaptan al “nuevo régimen” del partido-movimiento prácticamente único.

Entre la búsqueda del consenso para promover los cambios y la provocación de la polarización para profundizar las transformaciones, los llamados a la reconciliación pueden terminar en el fracaso, en medio del baile incontrolable de las escobas.

Hay algunas buenas noticias, sin embargo. O quizá puedan serlo. En ese mosaico que es Morena, hay muchas personas que de manera natural se fueron con el movimiento que auguraba el triunfo de la menos mala de las opciones políticas. Es cierto que llegaron a él porque o son profesionales de la política o simplemente simpatizaron con el más cercano a sus creencias o esperanzas. Y aunque tienen una posición subordinada y aceptaron ser súbditos del caudillo, desempañarán una función importante en el Congreso o en el gobierno.

La buena noticia pudiera ser que con su escoba en la mano hagan una  buena limpieza. Así por ejemplo en la Secretaría del Trabajo, que le ha sido entregada al viejo Frente Auténtico del Trabajo, los nuevos funcionarios pueden darle un feliz viraje a la reforma de la justicia  laboral y a la promoción de la libertad y la democracia sindical. O en la misma Secretaria de Educación se han nombrado a personas que bien pueden hacer aportes fundamentales más allá del anunciado “derrumbe” de la reforma.

En fin, lo que quiero decir es que aún sin las estrategias para construir un nuevo modelo alternativo al neoliberal o de otras promesas grandilocuentes que se hicieron, los espacios ganados por el nuevo gobierno y el nombramiento de los funcionarios con los perfiles adecuados, pueden impulsar los cambios que han madurado en la vida social y darle continuidad a la democratización del país, ya no sólo en las prácticas políticas y electorales, sino en la llamada sociedad civil, es decir, en la vida cotidiana de las organizaciones sociales, los sindicatos, las escuelas y las familias. Siempre y cuando, por supuesto, no se nos descomponga el modelo en su conjunto.