Con una videoinstalación proponen experimentar la cultura y la cosmovisión de los rarámuris

Realizadores abundaron que este montaje y paseo sonoro que se exhibirá hasta el 8 de octubre en la Galería 3 del Museo Amparo, es como “una estrella de cinco picos” que tiene como centro la cultura rarámuri asentada en la Sierra Tarahumara de Chihuahua ■ Foto Abraham Paredes

“Hay que dejar un poco de sí, soltarse y mirar”, dice la antropóloga, etnóloga y artista Sylvie Marchand. Más que una advertencia, la suya es una invitación para experimentar Continente Rojo, una videoinstalación sobre la cultura rarámuri que desde este fin de semana se exhibe en el Museo Amparo y que resultó tras una década de investigación, convivencia y desarrollo artístico entre el grupo francés Gigacircus y los habitantes de Norogachi, en el municipio de Guachochi, Chihuahua.

Al hablar sobre esta pieza que incluye “texto y elemento, pensamiento y poética” de los artistas y la cultura que abordan, la también artista circense dijo que, al ser una pieza experimental, Continente Rojo es difícil de explicar más no de sentir, pues esto es algo que tiene que ver con su labor como artistas: el “buscar otras posiciones de sensación para entender con todo el cuerpo a la obra”.

Continente Rojo, explicó durante una conferencia de medios acompañada por Lionel Camburet, Lelio Moehr y Jacques Bigot, también realizadores de la pieza, y el director del recinto Ramiro Martínez, es el trabajo conjunto de Gigacircus, un grupo que trabaja a partir de un “corazón colectivo” de un grupo multidisciplinario de artistas de Francia, Alemania, España y México. “Es un grupo internacional; independientemente de la sustancia de los colectivos artísticos, es como un flujo. No es una compañía fija sino abierta y se basa en el encuentro”, confió.


Abundó que este montaje y paseo sonoro que se exhibirá hasta el 8 de octubre en la Galería 3 del Museo Amparo –2 Sur 708, Centro Histórico–, es como “una estrella de cinco picos” que tiene como centro la cultura rarámuri asentada en la Sierra Tarahumara de Chihuahua.

El primer pico, dijo Marchand, tiene que ver con su búsqueda personal sobre sus raíces artísticas rituales. “Vengo de la antropología, de la etnología y del circo. Nada es fijo, empecé mi carrera ahí y en la etnología porque la gente me gusta. Soy muy curiosa ante del mundo. Adentro de la humanidad me interesan las raíces rituales del arte”, expuso.

Acotó que, si en la visión occidental se separan las cosas, pues en la cultura se habla de producción o arte, en la Sierra Tarahumara todo es parte de una sola cosa y todo se hace en conjunto, como “danzar o morir”.

La también cineasta agregó que a Norogachi llegó por casualidad, en semana santa, cuando las fiestas son abiertas, es decir, se hacen en público, pues en general los rituales como los de curación se hacen alejados de la comunidad.

En ese sentido, Lionel Camburet señaló que su primer encuentro como grupo consistió en tomar fotografías de la comunidad, de la naturaleza y la gente, mismas que fueron colgadas en el centro del pueblo para luego ser regaladas a sus protagonistas. Fue así, narró, como conocieron a Pancho, quien siempre “encontraba los rituales” y les presentaba a las familias para que los recibieran, hasta dar con Erasmo Palma.

Precisamente, relató Marchand, otro pico de la videoinstalación tiene que ver con ese encuentro de la gente de Nogorachi y, particularmente con Erasmo Palma, un reconocido poeta y curandero rarámuri que falleció en octubre de 2016, cuatro años después de conocerlo y entablar una amistad con él y su familia. “Lo encontramos en la última parte de su vida. Tuvimos suerte de encontrarlo porque cada uno siente cuando va a concluir. Nos dio todo y nos volvimos amigos. Murió a los 86 años”, recordó la artista.

Expuso que Erasmo Palma tuvo una relación también cercana con otro francés: el poeta y dramaturgo Antonin Artaud, que en 1936 anduvo por la Sierra Tarahumara durante un mes, y “la gente todavía se acuerda de él”. Comparó que al igual que ella, Artaud tenía una búsqueda, pues “quería curarse, estaba enfermo, y buscaba ese tipo de arte en el que se mezcla todo”.

Dijo que ella y Erasmo leyeron juntos a Antonin Artaud y la obra que había escrito estando con los rarámuris, particularmente lo que había legado respecto a las danzas. “Fue un encuentro epistemológico y artístico porque como Artaud, Erasmo Palma era un filósofo”. Con ello, pudo verse la forma en que los “tarahumaras entienden a Artaud”, pues esta vez fueron ellos quienes se acercaron a él, leyendo su obra, en un nivel “ético” de encuentro.

Para Sylvie Marchand el tercer pico de la estrella es el paseo sonoro que fue dirigido y elegido por los rarámuris, a partir ni solo de la investigación en el terreno más tradicional, como las danzas rituales, sino de lo urbano, con la cultura que se gesta ahí, como el rap que interpreta Jairo Castillo.

Al respecto, Lelio Moehr expuso que, desde el inicio hace 10 años, se trabaja un proyecto artístico de escritura con jóvenes rarámuris, pues existen dos caras de la población: aquellos que se quedan en la tradición y quienes viajan a la urbe, para estudiar o trabajar. Fue en la ciudad donde conoció a Jairo Castillo, un rapero con quien ha trabajado canciones y videos.

“Empezamos a revivir su lengua materna, hicimos una canción rarámuri y otra en español, rarámuri y francés. Es una suerte tener nuevos medios para continuar y perseguir la cultura en otros temas y otras formas”, dijo el músico.

El cuarto pico, enumeró la artista, tiene que ver con un encuentro artístico internacional con mujeres rarámuri alrededor de la lengua materna que se hizo en mayo de 2017 y reunió a mujeres de Alemania, Suecia, Chile, Colombia y México, quienes pasaron nueve días en las poblaciones.

“Los jóvenes no platican en su lengua y abandonan su identidad y su lengua. No fue un encuentro feminista, pero se basó en las mujeres, porque son quienes se encargan de pasar la lengua, pues en el universo, el lenguaje se queda en lo femenino”, afirmó Marchand.

Contó que, de ese acto, se gestó una asociación de mujeres quienes colectan los cuentos y canciones de su comunidad que también forman parte de Continente Rojo.

Señaló que el quinto pico se gestó del mismo proyecto y de la propuesta de la UNAM para hacer una base de datos abierta, una especie de memoria en la que se habla y están incluidos los tarahumaras, quienes tendrán su propio smartphone para poder ver esos documentos sonoros y visuales. “No se trata de tomar a la gente, hacer una obra y continuar, sino de ir más allá de la cultura como una manera de profundizar”.

Por último, explicó que la videoinstalación incluye un paseo sonoro que consiste en la descarga de la aplicación Locosonic que reproduce literatura rarámuri con las voces de Erasmo Palma y Antonin Artaud. “La instalación es un medio como la radio: marcha y atraviesa el cuerpo, y el público no es espectador sino un paseante”, dijo y destacó que en el caso de Artaud rescataron su voz de una emisión de 1947 en la que “encarna al chamán rarámuri, hablando como su idea del teatro, en algo vivo como ondas que nos atraviesan”.

A la par de lo artístico, destaca el trabajo de Jacques Bigot, quien se ocupó de la programación de un sistema interactivo de proyecciones. “Diseño sistemas que le dan cuerpo al proyecto, es un aspecto informativo y de programación clásica que se liga al proyecto artístico, a la par que evoluciona y está en movimiento”, expuso.

Al entrar, la videoinstalación lleva al medio ambiente del pueblo de Norogachi, el universo de la cultura rarámuri a cuatro horas de Chihuahua. La primera película es una observación que los artistas hicieron del pueblo en donde parece que nada ocurre y en donde la gente espera, aunque sí pasan muchas cosas, no al mismo ritmo que la cultura occidental, pues la gente tiene más referencia al cielo y a la tierra en donde se involucran desde su espiritualidad. Después, hay un paso de pantallas transparentes en las que aparecen escrituras de poemas y elementos de agua y fuego. Tras atravesar este medio etéreo, el visitante llegará a los rituales de Semana Santa, las danzas del matachín, los sacrificios del rito Yúmani y las curaciones del Tutuguri y del Híkuri.