Con un concierto variado y “fresco” debutará la clarinetista Fabiola Porras

Formada en el Conservatorio de Castella, en San José, Costa Rica, país de donde es oriunda, y posteriormente en la Universidad de Lynn, en Estados Unidos, la clarinetista Fabiola Porras Montes reside actualmente en Puebla como profesora de música.

Para el sábado 23 de mayo a las 19 horas, en un hotel Quinta luna ubicado en San Pedro Cholula –3 Sur 702–, ofrecerá un recital de clarinete y piano. En su debut, interpretará temas de Gabriele Pierné (1863–1937) y Robert Schumann (1810–1856) acompañada por el pianista polaco Józef Olechowski.

Asimismo, luego de un intermedio, se presentará al lado del pianista Jorge García, los violinistas Ignacio y Aina Delfín, y el contrabajista Jerónimo Porrúa, con quienes ha formado un conjunto de música de cámara; juntos tocarán composiciones de George Gershwin (1898–1937), Francis Poulenc (1899–1963) y Astor Piazzola (1921–1992).


Los temas del concierto, dice Fabiola Porras durante una entrevista, son variados y “frescos”, sin centrarse en algún periodo, con música de compositores franceses, argentinos, alemanes y estadunidenses.

Porras Montes lleva más de la mitad de su vida estudiando música, aunque su acercamiento a las artes se dio por su interés en la pintura. “En el instituto que estudié era de artes y estudiábamos todas. Yo quería pintar, no tocar, así que me salí con la mía hasta que en secundaria me pidieron aprender un instrumento. Elegí el clarinete”, cuenta durante una entrevista.

Pese a estudiar el instrumento, continúa, su pasión por él nació tiempo después, al escuchar un concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica en el que resaltó el sonido del clarinete y con el que se dio cuenta de la importancia y la potencia que podía tener.

“Empecé a estudiar más y más, y aquí estoy”, dice Porras a sus 29 años y cuenta que luego, al obtener su título con honores en el conservatorio, continuó con sus estudios en la Universidad Nacional de Costa Rica bajo la tutela de Aldo Salvent y posteriormente con Jorge Rodríguez en el Instituto Nacional de Música.

Asimismo, fue parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil y de la Banda Sinfónica del Instituto Nacional de Música, presentándose en los teatros más reconocidos de su país. En 2006, recuerda, le fue otorgada la beca Robert Monroe Scholarship de la Universidad de Loyola en el estado de New Orleans, convirtiéndose así en la primera estudiante de la cátedra de maderas de la universidad en obtener una beca internacional.

Allí, emprendió sus estudios con John Reeks, miembro de la Filarmónica de Louisiana y se involucró en proyectos de música de cámara y como clarinetista principal de Loyola Symphony Orchestra y Loyola’s Chamber Orchestra por cuatro años consecutivos.

En 2007 fue ganadora del Concerto Aria Competition y nombrada, el siguiente año, como estudiante sobresaliente del Loyola Wind Ensemble de la misma institución. En 2010 obtuvo el título de Bachillerato en Estudios Musicales con énfasis en Clarinete de la Universidad de Loyola.

Ese mismo año obtuvo beca completa para sus estudios de maestría en la Universidad de Lynn en el estado de Florida, Estados Unidos, bajo la tutela del maestro Jon Manasse. En 2012 obtuvo el título de Maestría en música con énfasis en la ejecución del Clarinete del Conservatorio de dicha universidad.

 

La música da disciplina

y enseña a luchar

 

A Puebla, luego de formar parte de las orquestas de Xalapa y Querétaro, Fabiola Porras llegó para ser profesora de música, particularmente con niños que no han tenido un acercamiento previo. Con los niños, cuenta la clarinetista, el proceso empieza cuando detecta su interés. Luego siguen ejercicios de respiración básicos para ir subiendo de nivel. Sobre todo, aplica lo que ella pasó siendo niña, cuando la música le cambió la vida.

Con la música y las artes en general, señala, “desarrollé mucha personalidad, me desenvolví, creció mi creatividad. Con ella viajas, conoces gente, culturas, idiomas, música”.

A los niños, expone Fabiola Porras, la música “les ayuda a salir de la rutina, les da disciplina y confianza, les ayuda a esforzarse, a tener paciencia, a luchar, a trabajar en equipo. Les ayuda a amar su profesión en un proceso que tiene que ver con ser mejores”.