¿PARA QUÉ MÁS CEMENTO?

La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) cuenta con un banco de alrededor de mil proyectos que serán planteados a candidatos a la gubernatura del estado, con quienes se reunirán durante mayo, anunció el presidente en Puebla, José Antonio Hernández González.

Con regularidad en los ámbitos políticos tradicionales, los sectores económicos clásicos y los medios al servicio del poder, este tipo de noticias suelen festejarse como si los empresarios estuvieran proponiendo soluciones extraordinarias y definitivas para los peores males de las sociedades en las que están insertos.

La creencia de que el cemento y la varilla implican progreso es, por desgracia, muy común y muy corriente. Sus promotores ignoran o, peor aún, pasan por alto que el crecimiento de desarrollos inmobiliarios innecesarios –la gran mayoría lo son, en tanto que de ellos se hace negocio- solo contribuyen a la depredación del planeta y, por tanto, conducen a la extinción de nuestra especie, ni más ni menos.


Para colmo de males, los políticos que buscan puestos de elección popular son en su mayoría víctimas de la misma ignorancia o perversidad y al llegar a los aparatos de gobierno no solo no limitan los crecimientos de hormigón sino que hasta los promueven y, en no pocas ocasiones, se vuelven socios de las constructoras, cuando no empresarios del ramo, pues eso les facilita lucrar con el erario.

Los efectos nocivos de la construcción desmesurada están a la vista y solo no los quieren ver quienes viven de los ecocidios y otras calamidades que trae la ampliación de la densidad urbana. La vida de esta generación y las que vienen dependen de saber parar esa inercia ambiciosamente irracional.