CASA BLANCA: NO DESCUIDAR EL NEGOCIO

Para el caricaturista Camacho y también para Emilio Álvarez Icaza

Donald Trump se da tiempo para tuiter diariamente, pelearse telefónicamente con  quienes discrepan de sus arbitrariedades, firmar decretos que serán poco consistentes (su lucha contra las drogas en un país de 22. 5 millones de adictos) y defender, por qué no, los negocios familiares.

Hace poco los almacenes: Nordstrom y Neiman Marcus dijeron que sacarían de sus tiendas los diseños y ropa de Ivanka Trump, la hija del presidente y  esposa de Jed Kushner. En un sistema capitalista real, nada hubiera pasado, muy en su derecho el libre mercado. Pero en la era Trump, no.


De inmediato Donald reaccionó y dijo que era una injustica que le hicieran eso a su princesa. No fue todo, incluso el vocero presidencial,  Sean Spicer, censuró en una conferencia a los que rechazaron la ropa de la marca Trump. Y la consejera de la Presidencia, Kellynane Conway, se aventó la puntada de insistir que adquirieran los modelitos de la  pretenciosa muchacha.

Al poco tiempo, otras dos grandes cadenas, T. J. Maxx y Marshalls, también dejaron fuera  de sus inventarios la ropa de la chava. Nuevamente la Casa Blanca emitió un comunicado.

El analista David Fruman, en el periódico The Atlantic, había advertido que Donald invita a sus hijos- incluso al yerno- a mezclar negocios públicos con privados.

Trump ya lo había advertido ante The New York Times el pasado 23 de noviembre: “En teoría podría ser presidente de Estados Unidos y administrar mis negocios cien por ciento”. Aunque un tiempo después, al tomar posesión, dijo que se retiraría de sus actividades empresariales.

Ya vemos que no es así. Continúa con sus dos facetas. Igual  en sus contradicciones evidentes. Y la pregunta obvia: ¿Esa es la democracia estadounidense que ha sido exaltada por miles de analistas en el mundo?

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