El carnaval de Huejotzingo es transgresión, refrendo de identidad y resistencia: Vázquez

El carnaval de Huejotzingo, afirma la antropóloga Cecilia Vázquez Ahumada, es ante todo una transgresión. Lo es, señala quien ha dedicado el último lustro a indagar sobre esta festividad que este año cumplió 150 años de tradición, porque es una fiesta que es hecha por el pueblo para el pueblo, que incluye bebida, comida y excesos, y que culmina con el refrendo que hay entre familias, manzanas y barrios enteros.

La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Al lado del reconocido fotógrafo José Zamora Romero, trabajó en la publicación del libro Si dios me ha de recoger y vuelvo a nacer, carnavalero volveré a ser. Protagonistas del carnaval de Huejotzingo, en el que se recuperan los testimonios de quienes han dado vida a esta tradición popular, que cada año reúne a unos 25 mil danzantes en torno a la danza, el tronido de mosquetones, el pasado, la historia, la comida y la reunión.

Días atrás fue presentado este volumen que reúne las narraciones de sus protagonistas revisadas y logradas por Vázquez Ahumada, a la par de un extenso ensayo fotográfico en blanco y negro de Zamora Romero que se contiene en las 300 páginas de una edición apoyada por el ayuntamiento de Huejotzingo y el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc) de la Secretaría de Cultura federal y su similar estatal.


Si dios me ha de recoger y vuelvo a nacer, carnavalero volveré a ser, dice la investigadora del Centro INAH Puebla, es una frase de don Luis Méndez, de “90 años y medio”, un zacapoaxtla del tercer barrio que en el pasado carnaval salió a bailar en silla de ruedas, para demostrar la alegría que hay en su corazón.

Este, agrega durante la presentación que se repetirá este sábado 3 de marzo a las 18 horas en la Cineteca del Complejo Cultural –4 Poniente 103– de San Pedro Cholula, es un volumen que resultó del intento de fundar talleres de historia oral en Huejotzingo, mismo que está en espera de dar sus primeros frutos.

En suma, son un conjunto de historias otorgadas por viejos danzantes sobre sus andanzas y participaciones en la fiesta local que se acompaña por la semblanza de un artista gráfico porque “no se sabe por qué, hay un pintor o un dibujante por cuadra, como en Iztapalapa –en la Ciudad de México–, en cada calle hay un cronista”.

Cecilia Vázquez, también autora del libro Mujeres construyendo un mundo: las recetas del Convento de Santa Mónica en Puebla, resalta que José Zamora recrea la fiesta del carnaval a través de sus imágenes.

“El carnaval de Huejotzingo todo el tiempo demuestra su historia. En él, se refuerza la identidad de una población que recuerda el antiguo señorío de Huejotzingo y a poetas como Tecayehuatzin”, dijo.

Acotó que es transgresor en la medida que sus banquetes, sus borracheras, sus tronideros de mosquetones y demás excesos sirven para pasarla bien, todo en torno a la familia, el barrio y el pueblo entero que está organizado.

“Está es una fiesta de la transgresión. Aquí la fiesta sirve para hablar del refrendo de toda la historia de la comunidad: sus diablos, sus negros, sus indios huejotzincas, su casamiento y sus batallones de guerreros.

“Es un banquete para el historiador porque el carnaval no termina y está hecho para resistir lo que trae la violencia y el narco, lo que degrada, lo que lastima. Frente a ellas, está la ritualidad de estas fiestas que consolidan la pluriculturalidad de un país”, afirmó Cecilia Vázquez.

El fotógrafo José Zamora acotó que este libro es la continuación de un primer texto editado en 2012 titulado La batalla del 5 de mayo en el carnaval de Huejotzingo, espacio de identidad. “Ha sido un trabajo de más de cuatro años en donde la gente nos ha permitido trabajar, incluyéndonos en sus historias de vida”.

Por tanto, estimó que el libro refleja esa “relación armoniosa” con quienes son los protagonistas de esta fiesta que sucede días antes de la semana santa católica, pero que también tiene que ver con la continuación que este ánimo permea en festividades como la de san Miguel –en septiembre– y Día de muertos –en noviembre.

“En los textos los narradores se encuentran con ellos mismos, con su historia y con la forma en que heredan su tradición a los que vienen”, expuso el también autor del libro Cuetlas, una comida tradicional en la Feria de San Pedro Cholula.

El fotógrafo notó que tanto en el carnaval como en las otras festividades del año lo que persiste es la música que acompaña las procesiones, los altares, los batallones. “En el guión se captan emociones y las imágenes van en el mismo sentido: el comunicar lo que significa para la gente esta festividad, estás emociones captadas”, concluyó.