Capitalismo y juegos de mesa

En muchos hogares mexicanos encontramos juegos de mesa. Tal vez usted tenga alguno, acaso un dominó o unos naipes, o damas españolas, chinas o un ajedrez. ¿Alguna vez se ha preguntado cómo es que fueron inventados? Incluso, le parecería sorprendente que algunos de nuestros “muy mexicanos” juegos, como Serpientes y Escaleras o el Parchís vienen de la India. Permítame compartirle la historia de uno de ellos: el Turista.

En la década de 1960, las jugueterías mexicanas comenzaron a colocar en las estanterías un juego de mesa de corte económico: el Turista, que se popularizó rápidamente y, al tiempo de aparecer distintas versiones como el Turista Mundial, Turista Mexicano o Turista Americano, fue ocupando espacio en las mismas estanterías su “versión original”, el Monopolio, que mostró, al comienzo de los años 30 del siglo pasado, lo “divertido” de jugar a enriquecerse y permitió a las masas empobrecidas por la crisis de 1929 llenarse los bolsillos de billetes y títulos de propiedad. Fueron los hermanos Parker (1935) quienes se dieron a la tarea de masificar el Monopolio y hacer creer que era una herramienta para aprender a hacer dinero. A la fecha, más de 276 millones de copias han “enseñado” a las niñas y niños del mundo la forma “correcta de ganar” la competencia por quedarse con todo, empobreciendo a todos.

Tal vez usted ha jugado el Turista o el Monopolio, y también le ha parecido que es un juego perfecto para aprender y enseñar cómo funciona el sistema económico. Si es este el caso, me permito estar de acuerdo con usted, pero quisiera revelarle la verdadera historia. Su nombre original fue The Landlords Game, o el “Juego del Terrateniente”, fue diseñado y patentado en 1904 por Elizabeth Maggie. Si, lo inventó una mujer proveniente de un grupo crítico al capitalismo liberal. Este genial juego tuvo, y tiene, como finalidad principal demostrar los vicios ocultos del sistema económico basado en la privatización de la propiedad y la ganancia dentro del marco de una supuesta libertad económica. Un mérito de este juego, es demostrar que, atado a la tirada de un dado, es decir, sin necesidad de estrategia alguna, el dinero siempre terminará en manos de un jugador, a cambio de la ruina de los demás.


Le solicito apreciable lectora o lector, que cada vez que vea este juego recuerde la intensión crítica de la autora. A la luz del tiempo y de nuestra realidad, jugar Turista nos debiera inspirar a retomar acciones frente a una estructura económica que puede generar a uno de los hombres más ricos del mundo a cambio de más de 60 millones de pobres. Tenga la certeza que no ganará el jugador con más mérito, sino que este juego muestra, en forma didáctica, la ley general de la acumulación capitalista. Pero recuerde, siempre se pueden cambiar las reglas del juego para generar distintos resultados.




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