Cambiar el campo de batalla

Como ya se ha señalado en otros escritos muchos teóricos han venido haciendo hincapié en que el Capital se encuentra en su fase final y algunos incluso se miran esperanzados en que el Capital, agonizante, se derrumbe.

Sin embargo, como dicen en mi pueblo “siempre tiene más el rico en su pobreza que el pobre en su riqueza”.

Algo así sucede con el Capital Agonizante. Si bien es cierto que el capitalismo se encuentra en su fase terminal, no es menos cierto que aun tiene mucha tela de donde cortar.


La sobre producción de capital conduce a la reducción de la ganancia por unidad de capital invertido (caida de la cuota de ganancia). La plusvalía extraída se reparte entre más.

Al mismo tiempo la robotización reduce el número de trabajadores y por lo tanto la plusvalía producida por unidad de capital invertido. Estas dos causas son contrarrestadas en lo inmediato con la reducción salarial, es decir recortando la participación del trabajador en el fruto de su propio trabajo.

Y como lo sentimos en carne propia: en México cada día que pasa aumenta el número de pobres y los ricos se hacen más ricos. Según la CEPAL   dos serían las causas principales: en primer lugar, la reducción de la capacidad adquisitiva de salario (disminución del salario real) y, en segundo lugar, porque año con año se crean menos puestos de trabajo de los que serían necesarios para emplear a las y los jóvenes que cada año llegan al mercado de trabajo en busca de empleo. (1)

Esto es así porque el Estado mexicano, que es el organismo encargado de mantener la dominación de la clase poseedora sobre los desposeídos, vive en un mundo al revés. Cree que el capital crea al trabajo, cuando en la realidad el trabajo es el que produce capital.

A partir de esta visión invertida de la realidad, se estableció la política económica que ha regido al país desde hace 35 años. Con el pretexto de hacer a México “más competitivo”, es decir más atractivo para la inversión extranjera, ha propiciado la reducción del salario individual hasta la cuarta parte y la masa salarial, o sea el salario del trabajador colectivo, a la mitad de lo que eran en 1979.

A pesar de la desocupación, la población de las ciudades sigue creciendo, tanto por los nacimientos como por los campesinos migrantes que acuden a la ciudad a buscar trabajo, de tal suerte que día con día aumenta el número de los desocupados, el así llamado ejército industrial de reserva, que contribuye involuntariamente a mantener bajos los salarios.(2) Por otra parte, los pobres del campo buscan trabajo en las ciudades o migran a los EUA como resultado de la política agraria del régimen, dedicada en los últimos 35 años a anular todos los estímulos a la producción agrícola. Con la “idea” de que sale más barato comprar el maíz que producirlo, se han destruido en gran medida las bases de la economía campesina, lo que ha llevado a la importación de más de una tercera parte el consumo de productos agrícolas.

Por estas políticas procapitalistas, el campo se ha despoblado: actualmente menos de la cuarta parte de la población nacional es rural.(3)

Ahora bien, los trabajadores mexicanos se enfrentan al capitalismo agonizante en una evidente desventaja, porque se lucha en el terreno del enemigo, tanto en lo físico, la urbe, como en lo ideológico: el consumo mediado por el dinero, conseguido con un salario cada vez menor (cuando hay trabajo) y unas necesidades crecientes impulsadas por la publicidad, que los convierte en consumidores potenciales, siempre insatisfechos.

Si queremos superar al capitalismo depredador agonizante, se hace necesario cambiar el campo de batalla. Hemos sido testigos de la lucha por la autonomía de comunidades rurales, como Cherán, Ostula, el territorio indígena que defienden las bases del EZLN, la REMA, los defensores del territorio de la Sierra Norte poblana y algunas zonas de la Montaña y costa chica guerrerense y los agrupados en KGOSNI entre otros luchadores nacionales y de los Sin Tierra de Brasil, los Villeros de Argentina entre los latinoamericanos.

La ruptura con el capitalismo y la liberación de su dominación es todavía un camino inexplorado, pero recordemos a Emiliano Zapata: La tierra es de quien la trabaja y los capitalistas son los dueños, pero no trabajan. Habrá que invertir el signo de la migración y construir comunas autosustentables, en el campo y en los barrios, de mujeres y hombres empeñados en la conquista de la libertad y en la supresión de la explotación, todos en el camino de la construcción del poder popular.

1 CEPAL “Panorama Social de América Latina 2015”

2 Ya desde principios de los años ochenta del siglo pasado, hay más jóvenes que los puestos de trabajo creados por el capitalismo mexicano.

3 Los trabajadores son ya el primer producto mexicano de exportación. Las remesas de los paisanos migrantes fueron mayores que los ingresos petroleros o los de la “industria” turística.

 

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