Callar la voluntad: Orden y Violencia

Hay un silencio encerrado
en la estructura violenta del acto fundador.
Encerrado, emparedado,
porque este silencio no es exterior al lenguaje

Derrida

 

La voluntad necesita de una medida y una armonía, en palabras del maestro Nietzche, el hombre es meta y puente pero en el también vive el abismo. Hay formas de expresión en la voluntad como el acto, el poder, la intensión y la afección; no obstante, en todo acto violento se ve coartada. Más allá del arma, el golpe o el miedo, en primer instancia se coarta la voluntad en cualquiera de sus manifestaciones. Pensar la violencia desde la voluntad significa la privación de toda energía que el hombre pueda tener como relación con el mundo. Es una sinonimia la referencia del celebre Walter Benjamin y el poco criticado filósofo Jaques Derrida, la violencia tiene una mística en el lenguaje y la violencia como acto fundador calla todo lenguaje y lo convierte en ley; sí, ellos tienen razón pero antes de ser lenguaje y de ser estructura política estamos como hombres, como voluntad de lo que nosotros podemos ser.


Se explica de muchas formas la violencia, la más común es como un traslado de una fuerza física de un cuerpo a otro a través de distintos medios. Sin embargo, seamos sensatos si esa violencia se manifiesta es gracias al orden, las normas y las estipulaciones éticas y morales. Lo que es violento desde su concepción es aquel ente regulador de leyes y normas que intenta establecer un orden entre los hombres; que lo hace sin claridad ni sensatez, que clama por la riqueza y la bestia del poder antes que por la voluntad colectiva: el Estado.

Las voces ya no vociferan más cuando perdemos la claridad en medio del sano estar ‘bien’ o ‘mal’. El orden ya no es la idea de cosmos o de aquello que hace que todas las cosas convivan en armonía. El orden, en términos de Estado, es la regulación de las normas, leyes y reglas. Sin embargo, esto aplasta la voluntad a conveniencia de una clase oligarca que cada vez se aleja más del reclamo de la voluntad colectiva o popular. La ley ejerce una violencia que es menos visible pero más inmediata en nuestra cotidianidad. En alemán el vocablo para referirse a la violencia es Gewalt. De acuerdo con el filósofo Jacques Derrida: “Gewalt también significa para los alemanes poder legítimo, autoridad, fuerza pública”.

Si bien el estado tiene la facultad de imponer el orden con único propósito de que sus ciudadanos convivan sanamente, también es importante destacar que para la imposición de ese orden es necesario la aplicación de cierta fuerza; a esto se le llama la fuerza de la ley. En esta existen ciertos principios que hacen que el Estado por defecto ejerza la fuerza en contra del propio pueblo que rige. De acuerdo con algunos autores el principio de la autoridad es dicha fuerza. Entonces ¿A qué nos podemos referir cuando hablamos de autoridad? Nos podemos referir a la aplicación de fuerza pública y legitimada con el propósito de buscar la justicia y el orden.

Llámese autoridad, fuerza pública, legitimidad del poder o violencia; cualquiera de estás mientras esté en un poder de Estado insensato siempre será represión. Ya lo dijeron muchos pensadores mexicanos años atrás, nuestros paisanos bajan la voz ­–callan– se sienten de cierta forma despreciados. No es que el mexicano sea así, es que las estructuras políticas bajo las que funcionamos son reaccionarias, es decir, pertenecen al rencor, la culpa y la obstrucción de la libertad. Las políticas en las que está basado el país –al igual que los sistemas capitalistas y neoliberales– se apoyan en una reacción. De esta forma es que la represión es una de las tantas manifestaciones de esta estructura reaccionaria bajo la que funcionamos. No es que el mexicano vea al piso, es que cada que intenta mirar de frente le arrebatan la dignidad, ya sea por la fuerza, o por la manera invisible: por un ejercicio del poder que ordena todo en una estructura tal que calla toda voluntad.