Bullying: entre el chivo y el toro

A manera de introducción a este blog  y para dar formalidad a los trabajos que se realizarán, es que se escribió el apartado anterior. Para empezar este camino, nos dirigiremos a un problema contemporáneo, el bullying. Es cierto que es un tema muy popular en fechas recientes y sobresaliente en los medios mexicanos. También se ha hablado mucho sobre el tema en los lindes de la psicología, además de implementar distintos programas a lo largo del país como prevención y contención del problema. Sin embargo, esto no es tema de nosotros. Tal como lo hemos propuesto intentaremos abordar dos perspectivas distintas para desmontar el fenómeno del bullying abordado desde el ámbito filosófico, por lo tanto nos adentraremos a ver cómo es que opera el fenómeno desde dentro, cuáles son sus cualidades y cuáles son los factores que hacen que aparezca. Lo que resulta hablar en términos filosóficos del en sí, para sí, y por sí del fenómeno.

La primer perspectiva que abordaremos será desde lo que Sigmund Freud y Paul Girard –aplicado en el ámbito social– llamó Chivo expiatorio. El sujeto que se burla, del que se mofan, el débil, el esclavo, es constantemente alguien que tiene una serie de características pobladas dentro de los marcos convencionales de aquella persona que obedece, que en su relacionarse con los demás se muestra como débil. El burlado es el gordo, el de lentes, frenillos, enfermo, cohibido, introvertido, todo aquel que tenga una característica fuera de lo normal. Por normal entenderemos que son aquellas reglas sociales que tienen una consecuencia repetitiva hasta que se toman como algo que no sobresale de lo demás. Sin embargo hay sujetos que cargan con todo lo que sobresale de lo normal como una culpa que le otorga, al mismo tiempo, un espacio de exclusión. En el sujeto burlado sobresalen características de su movimiento social, de su relacionar con los otros, totalmente diferente a la normalidad. Esto mismo genera una culpa sobre el burlado, un silencio, una nota que no se escribe, un gesto que no se apasiona, una brisa en primavera, el burlado es distinto a lo convencional, lo considerado como normal o natural en términos vulgares. La culpa de lo autentico, de lo que podríamos llamar como el origen ontológico que es aquello que funciona por sí mismo y en sí mismo sin necesidad de algo más, es lo que carga aquel que se muestra como diferente.

Este mismo individuo tiene una serie de cargas que no lo hacen homogéneo ante el dinamismo social. Los demás se sienten atacados por el valor de la culpa y por el valor de lo autentico, así es como esto se convierte en un espacio de exclusión para el burlado. Un espacio que existe para la autenticidad pero que no le es posible el acceso a lo otro. En pocas palabras, se necesita excluir lo diferente para conservar lo normal. Si no se sintiera como necesario excluir lo diferente, no habría necesidad tampoco de lo normal. Sin embargo, bajo los paradigmas sociales, necesitamos sobre-salir para sobre-vivir. Sólo de esta manera se puede asegurar una posibilidad de contención ante lo diferente. ¿Por qué es necesaria esta diferencia? Sencillo, porque aquello que no sea normal o natural tenemos que encontrar regulaciones para que todo funcione igual que siempre y no nos tengamos que preocupar por adaptarnos a nuevas circunstancias. Esta dinámica es de la barbarie y llega a consecuencias fulminantes pero bajo la palabra fría, es una técnica de supervivencia social. Además de ser una consecuencia del constructo social.


Sin embargo, falta el toro. Tal como lo indica el término, en el Bullying existe un toro que asecha al débil, al chivo, al esclavo. De acuerdo a la misma temática en torno en un diálogo entre Freud y Girard, existe el Macho Alfa como aquella figura que protagoniza la forma de las expectativas sociales. Alcanza, también, un espectro de narcisismo y de un gran ego que cumple con los marcos referenciales y de normalidad. No existe negro sin el blanco, así como la luz sin la obscuridad, ni hay bien sin mal. El toro, el Macho Alfa necesita de un preso para poder sobresalir. Explico: La única manera de que me escuchen es hablar en un tono más fuerte, la manera de que me vean es trabajar en mi imagen. Así la forma de que los demás me vean es también por medios violentos como lo es el abuso.

Con esto queremos decir que el Bullying funciona como en la misma dinámica que desde el siglo XIX se le ha denominado como la relación entre Amo y Esclavo. La supervivencia del más fuerte desde Platón supone que se necesita de facultades especiales en un hombre para que pueda sobresalir y gobernar. De la misma manera se necesita de un toro para poder contemplar una figura icónica dentro de la sociedad y preservar las formas y dinámicas. De esta manera no se acude a lo diferente y no se tienen que buscar nuevas adaptaciones. Ésta misma dinámica preserva el mismo paradigma bajo el cual nos gobernamos a grandes niveles y las violencias que crean los ordenes autoritarios y los poderes fácticos.

Pensemos ¿Por qué es necesario para un niño burlarse de otro? Las dinámicas bajo las cuales nos relacionamos son abruptas, autoritarias, fácticas y barbáricas. El niño aún no tiene todos los procesos civilizatorios que un adulto ha contemplado; llamese: religión, legalidad, educación, trabajo, responsabilidades o deberes. Sin embargo las dinámicas entre las que está en su cotidianidad son el resultado de los procesos ya mencionados. A manera del filósofo Slavoj  Žižek: “Ellos no saben que lo hacen pero lo hacen”. Hay una necesidad básica en el infante por sobrevivir y busca las vías para hacerlo. No conoce con claridad, puesto que está en lo que occidente ha marcado como Formación. Además de ser el resultado de los mismos ritmos de vida que se llevan a diario. Resultado de los miles de procesos civilizatorios a los que nos enfrentamos.

Esto sólo es el resultado de un breve esbozo. Continuaremos el siguiente post con un breve análisis desde un punto de la filosofía en el cual desmontaremos el fenómeno y nos preguntaremos qué es y por qué es.