Buenos, malos, feos (más un hombre y una mujer)

Ahora mismo exhibe una buena película, atemorizante, fuerte y que se percibe bien documentada. Hablo de Operación Escobar (The infiltrator), cuarto largometraje de Brad Furman, que lleva en el reparto a Bryan Cranston, John Leguizamo, Diane Kruger y Amy Ryan. Está basada en el libro de memorias escrito por el agente especial Robert Mazur, infiltrado en la llamada “C– Chase Operation” de mediados de los 80, históricamente una de las más exitosas de la lucha contra los cárteles del narco, al derivar en más de 100 acusaciones penales y criminales.

Si bien en sus 130 minutos la película detalla la operación mencionada –que llevó a la cárcel a varios de los líderes de la organización de Pablo Escobar– Operación Escobar termina por trascender el caso particular y se erige como una cinta referencial, más global, de lo que es el mundo del narcotráfico desde dentro. Es Cranston quien interpreta (muy bien) a Robert Mazur, quien diseñó la operación encubierta desde una premisa novedosa: no seguir las rutas de la droga, sino seguir las rutas del dinero. Es a partir del trabajo de Cranston que el director Furman –muy seguro del valor de su material– consigue captar nuestra atención, para llevarnos por esta trama (física) e historia (emocional) que descansa en el quid de lo que depende toda operación encubierta: convencer a esos entre los que te infiltras que no tienen por qué desconfiar de ti. Desde luego, cualquier error, por mínimo que sea, en estos ambientes no traduce en “borrón y cuenta nueva”, sino en la más cruel, lenta y terrible de las muertes…y la de tus seres queridos. Operación Escobar vale pues la pena, por sólida, por absorbente y por no prestarse a concesiones truculentas. Grata no es, desde luego, por obvias razones: no hay forma de que una película sobre los universos del narco lo sea. Por cierto, hay en ella –quiero decirlo– una escena que, en principio, se siente fuera de lugar: esa del pastel de aniversario, que no veo pertinente describir aquí. Pero dije “en principio”; usted decida, después de verla.

Y ahora hagamos un recuerdo: ¿saben qué películas, entre otras, están cumpliendo 50 años, al producirse en 1966? Bueno, por lo pronto estas dos, incuestionablemente icónicas: El bueno, el malo y el feo, de Sergio Leone, y Un hombre y una mujer, de Claude Lelouch. La primera, spaghetti western por excelencia, trata de lo siguiente, según se acota en IMDb: “La estafa vinculada a la consecución de una recompensa une en una tensa alianza a dos hombres, contra un tercero que, como ellos, busca una fortuna en oro enterrada en un cementerio lejano”. Protagonizan Eli Wallach (Tuco), Clint Eastwood (Blondie) y Lee Van Cliff (Sentenza). Y por cierto, en el poster promocional de la película podía leerse esto: “Para estos tres hombres la guerra civil no fue el infierno… ¡fue práctica!”. En cuanto a Un hombre y una mujer, la sinopsis es la siguiente, también según IMDb: “Un hombre y una mujer, ambos viudos (sin que el otro lo sepa), se conocen un domingo en el internado de sus hijos. Será poco a poco que cada uno se revele frente al nuevo amigo, para explorar –con cautela– la posibilidad de que su relación crezca”. Ese hombre y esa mujer son JeanLouis Trintignant (Jean–Louis) y Anouk Aimée (Anne). Se le promocionó con esta suave pero contundente instrucción: “Véala con alguien que ame”. ¿Y saben qué hermana a estas dos películas en el ánimo y cariño de la gente? Sus temas musicales, ambos inolvidable y distintivos.


Completando, aquí les dejo otras ocho películas célebres que también se hacen cincuentenarias: La batalla de Argel (Dir. Gillo Pontecorvo) ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols), Persona (Ingmar Bergman), Fahrenheit 451 (Francois Truffaut), Andrei Rublev (Andrei Tarkovski), La cortina rasgada (Alfred Hitchcock), La jauría humana (Arthur Penn) y Al azar Baltazar (Robert Bresson). ¡Felices 50, chicas!