“Buen escritor, pero mal político”

El sábado pasado, La Jornada de enmedio publicó la entrevista que Elena Poniatowska le hizo a Ghadeer Abu–sneineh, periodista palestina y traductora de poesía del árabe al español, así como de diversos poetas latinoamericanos al árabe. En un momento de la conversación entre ambas, pregunta Poniatowska a Ghadeer: “¿La poesía es para ti un lazo de unión entre los pueblos?”, a lo cual responde la periodista árabe: “La poesía sí, pero no siempre el poeta, porque hay una diferencia entre el poeta y sus textos. Hay textos muy grandes y poetas que no se parecen a su poesía, ésta es mejor que ellos”.

La respuesta, por supuesto, no se refería a Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel peruanoespañol, quien alguna vez quiso ser presidente de su Perú natal y que, al no favorecerle el voto popular, se fue, dolorido y frustrado, a España donde solicitó la nacionalidad que jubilosamente le otorgó el neofranquismo y lo adoptó como uno de sus ideólogos favoritos, presto a declarar contra todo lo que le parece de izquierda.

Vargas Llosa, cuya obra, parafraseando a Ghadeer Abusneineh, es más grande que él mismo, en 1990 dijo que México era la dictadura perfecta: “Porque es la dictadura camuflada, de tal modo que puede parecer que no es una dictadura; pero tiene de hecho, si se le escarba, todas las características de la dictadura; la permanencia, no de un hombre, pero si de un partido, un partido que es inamovible, un partido que concede suficiente espacio para la crítica, en la medida que esa crítica le sirve, porque confirma que es un partido democrático, pero que suprime por todos los medios, incluso los peores, aquella crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia”.


Pues, hora, desde lejos, ese mismo Mario Vargas Llosa decidió desconocer la dictadura perfecta que tanto lo irritó para incorporarse a la campaña contra “la democracia populista” que, dice, amenaza a México, sin definir ni ofrecer razón alguna del contenido de esa amenaza. Poner a otro país como ejemplo de nuestro posible futuro, es absolutamente incoherente, pero es el mismo recurso del método empleado por los promotores del neoliberalismo, que ofrecían llevarnos al primer mundo, “de inmediato y sin escalas”, si se dejaba al mercado funcionar libremente. Nada de eso sucedió, porque la historia no transcurre de esa manera, para decirlo pronto: no se repite exactamente igual.

Además, Vargas Llosa, nos recomienda tener sensatez y no votar “por recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero”. Es posible, que Vargas Llosa crea que el neoliberalismo haya terminado con la dictadura perfecta. No es así, en cambio el neoliberalismo que defiende sí ha fracasado pues tienen a más de la mitad de la población en la pobreza y al país ahogado en sangre, pleno de hartazgo, con miles de desaparecidos y perseguidos y una violencia criminal que nuestro pueblo quiere y va a cambiar, aunque se asuste Vargas Llosa.




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