BREVES APUNTES DE TRES IMPORTANTES

La calaca nos continúa sacudiendo, venga o no de muchos colores, según la canción. En estos días han fallecido tres hombres importantes, no obstante los juicios que se hagan de ellos. El trío contribuyó a transformar al país en diversos ámbitos de la vida nacional. Y si bien hay contradicciones, más o menos, Marcelino Perelló Valls, Eduardo del Río (Rius) y Jaime Avilés  fueron considerados en el periodismo- que los unió desde trincheras diferentes-, la academia y la creación importantes para el México que se consideraba atrasado, solemne, pétreo y que cambió aunque no como se quisiera. Marcelino, Rius y Jaime militaron, por cierto, en el PCM.

Eduardo del Río se formó en escuelas  católicas, tal vez por ello tiene una veintena de libros acerca de la religión, sumamente críticos.  Con el Manual del perfecto ateo ganó la excomunión, algo que seguramente lo tendrá muy preocupado. Fue autor de más de 160 de volúmenes de lo más variado, aunque inició con uno fundamental para él: Cuba para principiantes (1966), una defensa de la revolución de los barbudos que nadie mejor lo hizo. Desde entonces aumentó su carga política en su caricatura, tendencia  la cual al final ya le parecía no tan importante, incluso cansada.

Comenzó dibujando, señaló hace años, cuando trabajaba en una funeraria. Sus primeros monos eran para informativos donde había más censura que aquiescencia, pero se abrió paso sin dejar de producir. En el régimen de Díaz Ordaz, le hicieron un simulacro de fusilamiento (entonces también fueron apaleados y vejados dos  intelectuales destacados: José Luis Ceceña Gámez y Enrique Semo Calev). Lejos de arredrarlo, Eduardo continuó en su trabajo, poniendo mayor enjundia  en sus trazos.


Fundó y promovió revistas como: Los agachados y Los supermachos, de su autoría; La Garrapata, El Chahuistle y El Chamuco, donde nucleó a caricaturistas de la vieja ola como  Checo Valdés, AB, Naranjo,  etcétera. Y luego a los más recientes: Helguera, Hernández y El Fisgón, Rapé,  et al. Para el gran Helio Flores, que anduvo en muchos de los recorridos, Rius es el gran maestro de la caricatura de muchas generaciones;  siempre con la espada en alto.

Era vegetariano, contrario a los refrescos y antisolemne a más no poder, ya que se reía de sí mismo, hasta en su  libro de antimemorias.

La revista Zócalo (número 210), que dirige  Carlos Padilla Ríos, se adelantó al fallecimiento ya que dedicó más de 30 páginas a: La gesta cultural de Rius, en donde hay testimonios de Juan Villoro, Elena Poniatowska, Abraham Nuncio y varios cartonistas. Bien por el número.

Jaime Avilés tenía un portal que se llama Polemón. En él encontramos algunas cuestiones recientes de este compañero  tan destacado, al que  Carlos Monsiváis lo incluyó en su antología de la crónica: A ustedes les consta (Era). Algo que había ganado Jaime hace mucho tiempo, sobre todo en su gran obra: La rebelión de los maniquíes, donde hay una gran creación de los muñecos que todos vemos con otros ojos detrás de un aparador. Después, hubo hasta algunas filmaciones que les daban vida a esos artículos que sirven como decoración.

Jaime fue un hombre  muy arrojado ante  el peligro. Lo mismo cubrió la revolución en Nicaragua (1979) que la invasión terrible de los Estados Unidos a Granada (1993). Desde luego que estuvo en el levantamiento del EZLN (1994), donde fue desde el inicio  gran participante en los encuentros y el apoyo al entonces sub comandante Marcos, hoy Galeano. Participó en varios libros al respecto, incluso uno con los italianos que vinieron a nuestro país con el afán de ver qué ocurría en una rebelión que tenía asombrada a la humanidad.

Era también actor en El Hábito con Jesusa Rodríguez, hacía sketches y, como Lumbrera Chico, durante años fue reseñador  taurino, algo que heredó de su padre. En 2012 publicó: Andrés Manuel López Obrador, vida privada de un hombre público, obra que andaba vendiendo en Coyoacán, donde me lo encontré por última vez.

Marcelino Perelló   hizo  algo que se esperaba, un traspié en su programa radiofónico Sentido Contrario– ya que antes había cometido excesos graves tanto personales como políticos-, a propósito del caso Daphne y los llamados Porkys de Veracruz. El asunto se hizo viral y lo sacaron  tanto de Radio UNAM como de dar clases en Ciencias. De entones para acá no se pudo recuperar, aunque su último artículo en Excélsior es una muestra de su inteligencia.

Lo traté ampliamente, desde antes de 1968. Sarcástico a más no poder en el PCM, de una inteligencia descomunal, pues sabía convencer a sus enemigos como ocurrió en Economía de la UNAM en ese citado  año. Contador de anécdotas y chistes sin par, tanto que Brozo fue a visitarlo antes de las olimpiadas en Cataluña para que lo aleccionara. Amigo personal del cantante Raimon. Aglutinador de jóvenes y adultos alrededor de su persona, teorías y provocaciones. Fue un libertario en la extensión de la palabra.

Adiós a los tres.

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