El becerro de oro y sus seguidores

Como sabemos la internet es la fuente de información más importante en nuestros días. A través de ella se difunden millones de datos de diversos temas y asuntos, procedentes de gran número de lugares, muchos de las cuales son de dudosa veracidad y hechos con malas intenciones. Destacan los temas de salud y apariencia en los que se ofrecen multitud de aparatos, objetos, sustancias y remedios cuyo uso no tiene el menor apoyo, ni en la cultura tradicional popular ni en los estudios científicos, pero que garantizan efectos beneficiosos para el organismo y curas milagrosas. Usted sabe muy bien de qué le hablo.

Otro tema de moda, de gran consumo, es el que tiene que ver con las creencias e ideas que consiguen ganar una gran cantidad de adeptos a través de la promoción de “religiones” o “sectas” de nueva creación y que son realmente actos de difusión, con pretensiones místicas, de una mezcolanza de pensamientos de doctrinas religiosas de culturas diversas. Así, sin tener una comprensión mínima de esas culuras y del proceso de desarrollo de esas ideas, “el crédulo” adopta las puras formas de dioses y númenes que les resultan atractivos y exóticos y con los cuales trata de identificarse por la pura fuerza de la imagen, de la apariencia. Gozan de especial popularidad las religiones orientales, predominando el hinduismo y el budismo comerciales.

Por supuesto que no podría faltar la difusión del espectáculo deportivo y musical alienante, ni tampoco la difusión de ideas políticas y su intencionada manipulación. Se construyen rápidamente apariencias de hombres y mujeres que pagan gruesas sumas del erario (dinero público) y se destruyen honras e imágenes de los supuestos enemigos del sistema. Esto se recrudece en época de elecciones y muchos “intelectuales orgánicos” se prestan al juego de la descalificación, porque saben bien que esto les reditúa buenas ganancias y la expectativa de ganarse la voluntad de los poderosos. Así, hacen clamorosas “denuncias” de los competidores y discretos elogios –para no delatarse– de sus patrones y patrocinadores.


El asunto es que muchas personas no ejercitan la mente, ni dedican un sólo momento al pensamiento racional y a la reflexión; les es más fácil adoptar sin cuestionamiento alguno todo aquello que procede de la televisión o de la internet y repetirlo mecánicamente hasta creérselo y mostrar a los demás una imagen de conocedor de algo. Con motivo de las elecciones del estado de México he recibido un libelo electrónico en el que un conocido escritor y …algo más, injuria a López Obrador y se asume como defensor del empresariado, “único creador de la riqueza social”, y del sistema político mexicano que, aun no siendo “perfecto”, garantiza la práctica democrática en nuestro país.

Les confieso que soy un gran escéptico respecto de toda la clase política mexicana y de los partidos en los que ésta se agrupa. Considero que constituyen un enorme y maligno tumor que padece nuestro país, que tiene metástasis en casi todos los órganos del Estado y en los órganos empresariales y que su erradicación aún está lejos de ocurrir, porque la capacidad de reproducción de las células malignas y borregos que le acompañan es enorme y lo peor es que está a punto de aniquilar a México.