Asoma la esperanza

Nuevos horizontes se avizoran en México, con la victoria electoral del pueblo que tomó la bandera del cambio y le atizó un severo golpe al neoliberalismo, que se tambalea moribundo, pero aún tira coletazos.

Para triunfar, AMLO desplegó una tozuda lucha política, siguiendo una estrategia que requirió construir, con acertado sentido común, un proyecto para incorporar a la población a las actividades políticas; crear un partido promotor de la discusión del proyecto alternativo y, mediante el periódico Regeneración, difundió sus propuestas económicas y alentó la organización popular. Para disputar la presidencia, armó un nuevo bloque histórico, pluriclasista y heterogéneo, que asumió un propósito central: el “cambio verdadero”.

Pero ¿qué hizo votar a más de 30 millones de mexicanos por el cambio? En primer lugar, un régimen político desgastado, la corrupción generalizada, que comprendió también a los viejos partidos; el neoliberalismo agotado, que ya no ofrecía nada para los trabajadores y un Estado subordinado a la oligarquía rapaz, alejado de la sociedad y vuelto contra ella. Todo esto, significó decidir un voto positivo por transformar el país.


El voto por AMLO y Morena significó un sufragio contra la miseria, el desempleo, el salario precario y la falta de derechos laborales; los partidos y políticos corrompidos; las élites económicas y políticas que desprecian a los que viven de su trabajo; muchos votaron contra las “reformas estructurales”, contra la privatización de Pemex y la mal llamada reforma educativa; otros lo hicieron contra la farsa de la guerra contra las drogas y para denunciar los miles de asesinados y desaparecidos; muchísimos más, votaron contra el recurrente terrorismo de Estado y, muchos más, votaron contra los feminicidios. Votaron contra un régimen político que les dio la espalda y que, ahora, han asumido como propio el proyecto alternativo de nación.

Los que votaron contra el México neoliberal, y por concretar la esperanza representada por AMLO, sabían que el fraude electoral era otra manera de negarlos y por eso salieron masivamente a votar y a cuidar las urnas, a impedir y denunciar el fraude. Contra los pesimistas, deterministas y fatalistas de siempre, esos millones de mexicanos que salieron a sufragar derrotaron al régimen político neoliberal y comenzaron a hacer historia. Y lo saben bien: se ganó una batalla, pero no la guerra.

Después de tres intentos: uno de Cuauhtémoc Cárdenas y dos de Andrés Manuel López Obrador, hay algo de revancha en este triunfo y mucho de esperanza. Pero la esperanza debe materializarse, transformarse aprovechando este momento de triunfo, más que esperanzas pasivas, en acción política colectiva con utopías posibles desde abajo, desde el poder popular, que no sólo cambien al régimen político sino al sistema capitalista. Requerimos diseñar las alternativas estratégicas de lucha democráticas para avanzar y seguir haciendo historia.

Debemos aprender mucho de esta gran experiencia democrático–electoral y pacífica.