Arte del cielo

El 17 de agosto se inauguró en el Museo Universitario Casa de los Muñecos (2 Norte 2, Centro Histórico) una exposición consistente en objetos tridimensionales y tres pinturas, y que sigue la pauta de la mayoría de las exposiciones que últimamente se han exhibido en este espacio y que definiré cortamente como inopia.

Al día siguiente de la inauguración visité el espacio y empecé a tomar nota de las formas representadas y que resumo en lo más notorio: los rostros están inspirados en la estatuaria barroca eclesial, donde domina un marcado arco supraorbital; las telas se representan acartonadas y sin lógica en sus arrugas; las alas carecen de movimiento, y los pies se distinguen con falanges muy largas, además de unas rodillas mal formadas. Conforme avanzaba en la expectación, me fui dando cuenta de que algunas representaciones humanas habían mejorado, y pensé que tal vez se trataba de una evolución en cuanto a conocimientos anatómicos por parte de la expositora, ya que algunos trabajos databan de 2006 y otros de 2009, por lo que dije: bueno, hay un avance…

Pero al leer las crónicas de la inauguración, me entero que en su discurso inaugural, la Sra. (porque de ninguna manera le voy a llamar artista) María del Carmen Abraham Díaz agradece públicamente a los artesanos por haber dado forma a sus ideas, por lo que son varias las manos de cuyos trabajos se están mostrando aquí. Lo atinado aquí es que se les ha reconocido crédito a los artesanos.


Así que todas las notas en las que analizo las carencias de forma y proporción que ya había escrito las deseché. Por supuesto que no voy a hacer crítica de arte sobre un trabajo meramente artesanal. No corresponde.

Sí quiero recalcar que la aplicación de hoja de oro y de hoja de plata es muy buena, que la policromía, también lo es. El trabajo de estofado ha sido técnicamente bien aplicado, limpio. Una técnica muy difícil de dominar, y sí, la Sra. Abraham la domina.

Lo que adolece aquí es de una propuesta estética.

No suelo y no me agrada hacer crítica de trabajos de estudiantes ni de aficionados. Pero cuando se trata de aficionados o amateurs que se jactan de profesionales, entonces distingo una disonancia. Vivimos en un contexto en el que los medios masivos de comunicación nos dicen qué debemos y qué nos conviene consumir. En un medio en el cual las tiendas de grandes superficies nos venden pinturas baratas de flores y bodegones como obras de arte, figuritas de porcelana mal hechas y cursis como si fueran objetos artísticos; atrofiando, con ello, nuestra cultura visual, pero sobretodo nuestra sensibilidad y entendimiento de lo bello, hasta el punto en que la frase “en gustos se rompen géneros” se hace una ley. Se piensa, así, que el arte es algo banal y superficial, que cualquier persona lo puede hacer. Por su puesto que cualquiera lo puede hacer, pero esa persona ha de poner toda la carne en el asador o, dicho de otra manera, todos los huevos en la canasta. No basta con dominar la técnica, ese es un paso, falta trabajo físico, pero también y sobretodo trabajo intelectual, falta cavilar sobre una propuesta determinada acorde con nuestros tiempos y realidades.

Comúnmente se piensa que para que algo sea artístico, tiene que estar bonito. Nada más. Una artesanía es un trabajo manual que generalmente está dotado de significados que revelan una idiosincrasia y esto es lo que le da forma y color. Por otra parte, un objeto decorativo, es bonito, pero hueco, sin sentido, objetos de los cuales se puede prescindir tranquilamente.

También solemos caer en el inconveniente de confundir el hecho artístico con el virtuosismo. Al respecto, Herskovits incluye en el arte el virtuosismo, entendiendo este como el control sobre la técnica, pero al servicio de la concepción de productos estéticos con ineludible asistencia de la creatividad, y éste encierra un proceso intelectual.

Volviendo al trabajo de la Sra. María del Carmen, debo reconocer que cuando combina un objeto estofado con otro material, obtiene buenos resultados, por ahí podría encaminar su que hacer, si realmente le interesa ir más allá del aderezo con estofado al estilo y técnica novohispana. Para muestra dos ejemplos: al centro de una de las salas hay una base sobre la que se lucen dos tiburones; uno estofado y otro en madera pulida, este último es de buena hechura y luce muy bien tal cual, no necesita ni dorados, ni plateados, ni policromías. Nautilus es otro ejemplo que consiste en un gran caracol que ha desafiando sus propias leyes de formación y crecimiento (ya que el caparazón es regular, no se van engrosando al crecer hacia fuera como la naturaleza lo muestra en cualquier tipo de caracol), y que se ha colocado en medio de una piedra laja (la mal llamada piedra de cantera, ya que todas las piedras vienen de sus propias canteras, así sea mármol, ónix, arenisca o caliza), el contraste de texturas y de color le hace resaltar, a ambas superficies se les ha unificado al pintarles hojas de helechos. Son propuestas que se necesitan madurar, sobre las cuales hay que trabajar intelectualmente primero y materialmente después, experimentar, probar y equivocarse, tanteos que lleven a conclusiones más personales pero que converjan en formas contundentes, con manifestación de ideas y expresión. En otras palabras, es menester canalizar esa energía de la que hace mención Osho en su texto introductorio.

Así, el único hilo conductor de la muestra es el estofado, pues también con dorado se han resuelto las pinturas que se exponen en este espacio. Es el oro y la plata lo que dota de unidad a la muestra, pues no hay una propuesta temática. De acuerdo a las declaraciones de la Sra. Abraham y al título “Arte del Cielo”, es una exposición espiritual y ciertamente hay motivos religiosos, dominando los del catolicismo, pero también con componentes budistas. Con lo cual tenemos aquí un reflejo de la religiosidad actual marcada por el New Age: la religión de supermercado, ya que se va echando en un carrito lo que conviene de cada estantería, generando sincretismos religiosos, tan propio de nuestros tiempos. Además de ello, como lo mencioné anteriormente, hay representaciones de seres náuticos, y funcionan como complemento o aditamentos decorativos cubos y esferas que también han sido trabajadas al estofado.

En cuanto al espacio, sigo cuestionando que ya no funcione selectivamente para las exposiciones. Es decir, estoy de acuerdo con que todos tenemos derecho a exponer y mostrar nuestras obras, pero debe de haber espacios para todo y para todos. Estoy consciente de que este gobierno nos ha eliminado muchos espacios de exposición artística, sin gestar nuevos lugares. Pero un Museo Universitario (perteneciente a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla) debiera se ser más selectivo y gestionar solamente muestras con calidad artística, pues ya desde la administración anterior se ha caracterizado por exhibiciones de bajo nivel, lo que hace suponer que se trata de complacer a amistades de altos mandos universitarios; mientras que profesores y egresados de la Benemérita no han expuesto más que en pasillos de la institución. Con lo cual cuestiono que el representante del rector, el “encargado de despacho” de la Vicerrectoría de Extensión y Difusión Cultural haya mencionado que es del interés de su superior impulsar los espacios de manifestación de talentos, cuando en realidad se trata de darle coba a aficionados. Agregó que la muestra contribuye a la integración de la universidad con la sociedad, más bien hay una vinculación con un sector exclusivo de la sociedad. Cuestiono la forma de esta supuesta integración. Como universidad, habría de existir cabida para lograr o procurar una integración con los diferentes sectores y componentes de la sociedad, sin excluir ninguno, pero para enriquecerse mutuamente. ¿En qué enriquece esta exposición? ¿De qué manera puede la BUAP enriquecer a algún sector de la población con estos objetos?

La BUAP tiene la obligación de enriquecer culturalmente a Puebla, de elevar los parámetros de la cultura visual, pero también –como institución educativa– de propiciar el cuestionamiento, el análisis, el disentimiento, la crítica y la propuesta. Una institución de educación superior no debe conformarse con lo propuesto por nuestro mediocre sistema de mercado, y menos aún, ser partícipe de este.

Espero que la próxima vez que nuestra máxima casa de estudios haga una muestra artística, ésta sea de verdad para que conozcamos nuevos talentos, que sirva para integrar a la BUAP con la sociedad de una forma enriquecedora en la cultura, en el arte, en el cuestionamiento, en la disyuntiva para un verdadero diálogo. También espero que se gestionen trabajos de integración universitaria con los estudiantes, pues –seamos francos- estos espacios difícilmente son visitados por los alumnos de la BUAP.

Esta exposición permanecerá hasta el 6 de septiembre del año en curso. Agradezco a los trabajadores del museo universitario la amabilidad y las facilidades para la realización de este trabajo.