Arroz y engrudo

Los mexicanos carecemos hoy de una identidad o de una causa común que nos unifique frente a las agresiones externas, particularmente de Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos de América. Eso dejó ver con toda claridad el segundo debate de los candidatos a la presidencia de la República.

Para AMLO la razón estriba en que tenemos un gobierno corrupto. “Con todo respeto” dice coincidir con el propio Trump en la calificación hacia el gobierno de México. Por eso, una vez que él barra con la corrupción, entonces le hablará en voz alta al mismísimo Trump sobre la dignidad del país. Y esa dignidad consistirá, no en volver a editar, actualizado, el tratado de libre comercio, sino algo parecido a la “Alianza para el Progreso”. Sí, aquella que Kennedy lanzó para aislar a Cuba y su revolución.

Parece que sólo ante la militarización de la frontera o de una agresión directa los mexicanos podríamos responder más o menos de manera unitaria. Así sucedió hace poco y todos secundaron al Presidente Peña Nieto.


AMLO parece imparable en su carrera para llegar a la presidencia de México. Por eso, más allá de evaluarlo como candidato, se hace necesario profundizar la crítica de su pensamiento y de sus propuestas como el más probable próximo Presidente.

Y, respecto a su concepción sobre el país y el mundo de hoy y por venir, su pensamiento es un verdadero desastre.

Volver al “desarrollo estabilizador” y sustituir al TLC con algo parecido a la “Alianza por el Progreso” serían propuestas de carcajada franca, si no fuera porque las hace en serio el más probable próximo Presidente. Y con él vamos todos a un engrudo que se puede hacer bolas más que a un arroz bien cocido.

Su concepción de la historia de México es más parecida a la de Carlos María de Bustamante que a la de Benito Juárez. A pesar de que según esto, tenemos más de treinta siglos de historia, la nación mexicana se reduce a esa, su historia, y al Estado y su territorio actual. La población que no radica en el territorio nacional no forma parte de la Nación. Por eso dice que la mejor política exterior es la interior, y que por eso habrá que crear condiciones para que la gente ya no se vaya. O sea, la gente que ya se fue lo hizo como víctima de la pobreza del país y, por eso mismo, tenemos que lograr, o que regrese o que ya no se vaya.

Los consulados se convertirán en algo así como procuradurías de defensa del migrante y las inversiones fuertes se harán en sus comunidades de origen para evitar que se sigan yendo.

En lugar de ver la extensión y fortaleza de la nación mexicana en el conjunto de la población que habita el territorio nacional, pero también la que vive en Estados Unidos, Canadá y otros países, condena a esta última a una especie de complejo de culpa de por qué carambas tuvieron que irse, y no aprecia el derecho del ser humano, en particular del mexicano, a vivir donde le plazca o mejor le convenga.

Nada pues de la Nación como población, además de historia, cultura, territorio y organización política. Nada de ciudadanía global y de mundialización. Simplemente un regreso al pasado frente al aislacionismo, el proteccionismo y la xenofobia de Trump. De ahí la fórmula Desarrollo Estabilizador más Alianza para el Progreso. Jajaja.

A la mejor, ya como Presidente, AMLO al igual que Trump diga que el calentamiento global sólo le quita recursos al país. Entonces tampoco habrá calentamiento global en México.

En el colmo de la ceguera fanática los morenos le festejen que “no caiga en provocaciones” o que le esconda la cartera a Anaya, pero no dicen nada de las pejendadas de AMLO. Una de las características de la izquierda latinoamericana siempre ha sido su actitud antimperialista y este AMLO, que se dice de izquierda, nos viene a proponer otra vez revivir uno de los peores instrumentos del imperialismo.

Por otro lado y dado el conocimiento de los temas, se puede decir que el mejor fue Meade, pero ni quien lo ayude en su falta de prestancia y empaque, disminuidas quizá por el problema de a quién representa. Anaya se conformó con lo mismo, es decir, cómo parecer el más aplicadito. El Bronco aspira sólo a hacerse el payaso y a destacar los valores del individualismo más ramplón. Ni aunque propusiera el garrote vil se le tomaría en serio.

Una lástima que AMLO no aspire a ganar de verdad la mayoría y se conforme con administrar lo que ya tiene, que es bastante. Lástima, porque no agrega nada ni propone algo nuevo y sólo deja ver la mediocridad de su pensamiento. Es innegable que va arriba en las encuestas, pero no por lo acertado o lo necesario de sus propuestas, sino por el manejo de las emociones de buena parte de la población que ya está hasta el gorro de más de lo mismo.

Y qué lástima también que Anaya crea que ganando el segundo lugar y arremetiendo contra AMLO le será suficiente para instalarse en una zona competitiva. No hace nada por ganar más aliados a sus propuestas positivas. Y conste que creo que tiene muchas. Se limita a la descalificación y al rechazo. No creo que le alcance esa apuesta.

Frente al aislacionismo de Trump y el probable renacimiento del proteccionismo ¿los mexicanos tenemos un refugio de resistencia en nuestro nacionalismo? ¿Cuál? Ninguno de los candidatos acertó a dar un indicador del honor y la dignidad nacional frente a Trump.

Meade se limitó a decir que el Presidente de los Estados Unidos ya se retiró del TPP (cuando ni siquiera lo firmó de entrada), y de varios otros pactos regionales y mundiales, y que no lo ha hecho del TLC, ni ha podido sacar adelante la propuesta completa para la construcción del muro. ¿Logros de la diplomacia mexicana o sólo cuestión de tiempo?

Un compromiso histórico contra la pobreza y la desigualdad, la impunidad y la corrupción, y la violencia y la inseguridad, encabezado por un gobierno de coalición o, más probable, por un gobierno abierto a la reconciliación, nos permitiría hoy construir una identidad nacional plural y múltiple, capaz de reconocer todos nuestros pasados y reunirlos en un presente diverso pero unitario, muy necesario para la defensa de la soberanía del territorio y de la población de la nación en el mundo. Es un decir, ¿o no?