Ardelio Vargas se apunta para dirigir la Guardia Nacional en la Sierra Norte

Algo muy raro ocurre en el proyecto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de crear la Guardia Nacional, ya que el temible Ardelio Vargas Fosado, quien fue comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), se anda promoviendo para ocupar el cargo de jefe de área de esa nueva corporación en la región que abarca los municipios de Zacatlán, Chignahuapan y por los que atraviesa la carretera Interserrana, que en las últimas semanas sufre un importante repunte en los índices de violencia criminal.

En el portal de noticias Líder Noticias Mx de Xicotepec de Juárez –comunidad en la cual su hija Guadalupe Vargas es la presidente municipal– el pasado 3 de enero Ardelio Vargas ante la pregunta de ¿Cómo inicia el año?, declaró lo siguiente:

“Tenemos que ayudar a mucha gente –en el nuevo año–, la verdad no tienen idea de las necesidades que se tienen en nuestra región; y eso es lo que pretendo ahora, más allá de Xicotepec, voy a estar en buena parte de la región de Zacatlán para abajo haciendo algún tipo de actividad, en el tema de seguridad, por supuesto también en lo social” (sic).


Dicen los enterados que Ardelio Vargas se siente muy seguro de que en cuanto se cree la nueva Guardia Nacional él podría ser nombrado como comisionado de esa corporación, que estará destinada a combatir el crimen organizado.

Incluso se dice que el ex titular del INM estaría buscando un inmueble en Zacatlán para instalar las oficinas regionales de ese organismo de seguridad, que estará integrado por un número importante de militares.

Sin duda alguna esa posibilidad resulta preocupante, por el oscuro historial de este personaje, pero al mismo tiempo suena totalmente incongruente por las relaciones políticas de Ardelio Vargas Fosado, pues fue un policía al servicio de las peores causas de los gobiernos de Enrique Peña Nieto –en el ámbito del estado de México y del Poder Ejecutivo federal– y de Rafael Moreno Valle en Puebla.

Una de las voces críticas que ahora tiene mucho peso en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es la de Alejandro Solalinde, quien es un sacerdote que ha encabezado la Pastoral Migrante de la iglesia Católica y en el año 2013, cuando se nombró a Vargas Fosado como comisionado del INM, calificó esa decisión como “una bofetada” para los derechos humanos.

En marzo de 2018, cuando fue removido del INM, Solalinde calificó el desempeño del funcionario de esta manera: Ardelio Vargas fue un policía al servicio de la abusiva política migratoria de Estados Unidos.

Y no es para menos, cuando Enrique Peña Nieto era gobernador del estado de México se desató una despiadada represión contra los integrantes del Frente de Pueblos Unidos en Defensa de la Tierra, que incluyó detenciones ilegales y vejaciones sexuales contra un nutrido grupo de mujeres de esa organización.

En ese episodio obscuro de la violación de los derechos humanos –que mereció una investigación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación– intervino Ardelio Vargas Fosado como jefe del Estado Mayor de la Policía Federal Preventiva.

Otro antecedente oprobioso de Ardelio Vargas, es que fue el primer secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas, periodo en que inició la política represiva del morenovallismo y se permitió –desde el poder político– el desorbitado crecimiento del robo de hidrocarburos, que hoy en día es la principal actividad criminal que está siendo combatida por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Ante tal panorama surgen dos interrogantes, que por ahora no tienen respuesta:

¿Ardelio Vargas Fosado está logrando burlar los filtros del gobierno lopezobradorista para colarse en la nueva Guardia Nacional?

¿O solamente es una fantasía la de Ardelio Vargas de que puede regresar al gobierno federal a pesar de sus malos antecedentes?