Aniversario luctuoso de Rita Levi–Montalcini

El 30 de diciembre del año 2012 falleció, a los 103 años de edad y en plenitud de facultades mentales la extraordinaria la neuróloga Rita Levi–Montalcini. En medio de tantas noticias en el país que nos llenan de pesimismo, experimento la necesidad de divulgar una serie de aspectos sorprendentes alrededor de su vida, que se caracterizan por una generosa aportación a la humanidad, al descubrir una sustancia denominada “Factor de Crecimiento Nervioso” (NGF por las siglas en inglés) y que representa el elemento vital para que las neuronas se desarrollen en el periodo embrionario.

Otra de las funciones del NGF es coordinar el desarrollo de vías nerviosas hasta los órganos que recibirán señales que estimulen su función, en el periodo fetal. Además de regular otras sustancias en el cuerpo, su papel más importante gira en torno a la contribución que tienen en el proceso de memorización y aprendizaje.

La biografía de esta mujer tiene bastantes elementos heroicos. Nacida en Turín Italia, se sobrepuso a la postura de su padre quien no quería que estudiara. Terminó la carrera de medicina en 1936, después de trabajar en una panadería para costearse sus estudios aunque era alérgica a la levadura; e inició trabajos como ayudante de un célebre anatomista italiano llamado Giuseppe Levi (1872–1965).


Pero en el año 1938, Benito Mussolini (1883–1945) publicó el Manifesto della Razza que prohibía a los judíos desempeñarse profesionalmente. Entonces en su casa improvisó un laboratorio para desarrollar investigaciones sobre el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo. Un viaje a Florencia en 1943 y luego de regreso nuevamente a Turín en 1945, acarreando laboratorio, huevos incubándose, infinidad de apuntes e innumerables sueños, culminó en septiembre de 1946 al recibir una invitación de la Universidad de Washington para trabajar con el profesor Viktor Hamburger (1900–2001) por un semestre, que a la larga duraría 30 años. Fue en este lugar donde llevó a cabo su labor más importante en el descubrimiento del NGF por el que le darían, el premio Nobel de fisiología y medicina en 1986, después de 50 años del hallazgo, ya que se dudaba de su trabajo por la idea de que existía una “mortalidad definitiva de las neuronas, su incapacidad de regenerarse y la contundente carencia de plasticidad para adaptarse ante lesiones del sistema nervioso central”.

Son célebres sus entrevistas, que abundaron por su cumpleaños número 100. El 22 de diciembre de 2005 le preguntaban: –¿Cómo celebrará sus 100 años? –Ah, no sé si viviré, y además no me placen las celebraciones. ¡Lo que me interesa y me da placer es lo que hago cada día! ¿Y qué hace? Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien y prosperen ellas y sus países. Y sigo investigando, sigo pensando… –¿No se jubila? –¡Jamás! ¡La jubilación está destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se abandona… Y eso mata su cerebro, y enferma. –¿Y cómo anda su cerebro? –¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia en ilusiones ni en capacidad. Mañana vuelo a un congreso médico… –Pero algún límite genético habrá… –No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo…, pero no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro! –¿Cómo lo hace? –Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas, las restantes se reorganizan para mantener las mismas funciones, ¡pero para ello conviene estimularlas! –Ayúdeme a hacerlo. –Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar y nunca se degenerará.

Hasta aquí la primera parte de la entrevista. La pregunta inmediata y obvia gira en torno a la forma en la que se puede “ejercitar” al cerebro y aunque se podrían expresar muchas alternativas (lectura, escritura, memorizaciones, análisis, estudio, razonamiento, reflexión) todo se resume en una frase: “Pensar bien para vivir mejor”. Este es el lema de la Universidad Autónoma de Puebla, en la que por políticas absurdas y alejadas de la coherencia (no pensantes), se refleja la crudeza de nuestra pobre y triste realidad nacional, pletórica de alumnos desilusionados, cuya lacónica constante de pensamiento, es la incertidumbre de aspirar a vivir mejor por la certeza de salir a enfrentar el desempleo en el preciso instante que surja, después de la graduación.

Hace cuatro años falleció Rita Levi–Montalcini, pero me quedo saboreando dos de sus respuestas: ante la pregunta de ¿Qué es lo mejor de su vida? Respondió –Ayudar a los demás. Y posteriormente cuando le preguntaron lo que haría si tuviese nuevamente 20 años con ironía exclamó ¡Pero si lo estoy haciendo! Difícilmente podré encontrar a alguien que me muestre una mejor lección de vida. Se puede ser joven o anciano, independientemente de la edad.